Paz, seguridad y poder civil en Europa

Autor:Carlos Ballesteros
Cargo del Autor:Profesor de Estudios Europeos y Teoría Social. Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Universidad Nacional Autónoma de México.
Páginas:34-48
RESUMEN

Introducción - Bibliografía

 
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Introducción

Los tiempos señalados por grandes conflictos políticos, militares y religiosos marcan pautas al pensamiento, aun cuando no siempre se encuentran respuestas inmediatas a la confusión y la violencia. Estos primeros años del siglo XXI, oscurecidos por el terror, han puesto a prueba nuestra capacidad de comprensión dada la magnitud de los problemas y la novedad de los riesgos.

Se trata de procesos que condensan contradicciones muy complejas, con profundas raíces históricas y graves implicaciones globales. De entrada se revela tanto el peso de los eventos impredecibles, como la dificultad para esclarecer causas y efectos con el instrumental teórico al alcance. Dada la diversidad de planos de análisis y su interacción, el desarrollo de argumentos explicativos reclama un enfoque multidimensional, así como una cierta disposición hermenéutica.

En el debate internacional del presente destacan los temas de la violencia, la legitimidad y la hegemonía como parte de una coyuntura inédita en la historia de las grandes potencias y las relaciones globales.

Pensar hoy en la violencia nos conduce a integrar elementos de orden específico en la relación que se ha establecido entre la potencia hegemónica, sus aliados y las redes terroristas que los desafían.

La violencia ha sido un tema central de nuestro tiempo y de toda la historia, como parte del significado de lo humano. Cada que aparece en toda su crudeza viene también de modo recurrente un nuevo intento por sujetarla sea de modo simbólico o político. En las sucesivas fases de la modernidad, con el precedente greco-latino, esa primera Ilustración, la sujeción de la violencia se ha orientado a la creación de un ethos civil. Hoy sabemos que donde hay violencia se pierde la civilidad y donde la violencia es extrema la civilidad desaparece.

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La condición europea del presente vuelve a estar definida por esta tensión entre violencia y civilidad. Sin embargo, la memoria histórica y los recursos institucionales de la Europa actual son límites objetivos al extremismo. La historia se ha condensado en leyes y en procesos de convergencia. Se ha conformado, también, un esquema básico de legitimidad democrática que trasciende el plano nacional.

Pero los avances de Europa se dan en medio de una crisis global que ha venido a replantear las cuestiones referentes a la posibilidad de un orden jurídico cosmopolita y a la legitimidad del sistema de relaciones entre el poder hegemónico, sus aliados y la periferia. El desconcierto general por los acontecimientos del 11 de septiembre, y sus dolorosas secuelas, han hecho patente el peligro que implica la ausencia de consensos reales para enfrentar los problemas del mundo, en particular los más urgentes. El declive de los sujetos soberanos del derecho internacional, las evidentes limitaciones de las instituciones y conferencias internacionales, el desprendimiento del Estado más poderoso del marco legal logrado tras la victoria sobre el fascismo y, sobre todo, la dinámica sin control que identifica a la economía globalizada marcan un punto de inflexión

Esta es la circunstancia en la que se desarrollan actualmente los temas de la integración supranacional en Europa, misma que comparten los Estados ante el embate de la violencia terrorista, las presiones del militarismo unipolar y los efectos de la globalización sin controles.

  1. La unidad de Europa es un proceso que tiene antecedentes muy complejos en términos históricos y culturales. Después de la ratificación del Tratado de Maastricht la construcción de Europa ha adquirido una dimensión más política, al tiempo que marca nuevas divisiones. El propio núcleo de la integración dista mucho de ser homogéneo y armónico.

    El proyecto de Unión Europea que apunta hacia un esquema federativo y que implica un vasto proceso de ampliación e inclusión es una auténtica innovación histórica. Su lógica no es imperial y tampoco se origina a partir de un solo centro, como en el caso de Estados Unidos. Las premisas de la Unión Europea son la integración económica y la construcción de acuerdos democráticos. De allí su complejidad extrema y su relativa fragilidad.

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    La violencia con que ha dado inicio el nuevo siglo encuentra a Europa a medio camino de su integración y poco preparada para responder a los desafíos del momento. La Unión Europea sólo se explica en términos de una geometría variable, incluso en asuntos tan vitales como el Euro, los acuerdos de Schengen, la lucha contra el desempleo, las cuestiones referentes a la seguridad y, por supuesto, la política exterior y de defensa. Con la nueva ampliación en ciernes parece además confirmarse la tendencia que ya advertía Jacques Delors, sobre una integración a partir de círculos concéntricos: federación en el espacio central y zona de libre comercio en la periferia.

    Dado el carácter de obra en proceso que define hoy a la Unión Europea, su margen de maniobra es bastante limitado. Las insuficiencias se muestran con claridad cuando las contingencias globales, e incluso regionales, le imponen problemas mayores. Puede pensarse de inmediato en la prolongada crisis balcánica, pero sobre todo en las difíciles pruebas que ha traído consigo la lucha contra el terrorismo y la última etapa del conflicto en el Cercano Oriente.

    La cuestión clave es que la Unión Europea se ve obligada a tomar decisiones cruciales debido a la rápida transformación del contexto global. Los aspectos caóticos de la presente etapa histórica ponen en riesgo los avances alcanzados en la construcción de Europa. De allí la necesidad de proseguir las reformas sustantivas que pueden dar cauce a la gran innovación política postnacional apenas esbozada.

    Las dificultades para la prosecución de ese proyecto son inmensas, pero no pueden ser eludidas. La deconstrucción del sistema estatal europeo y su recomposición en función de objetivos supranacionales es un enorme reto, incluso a nivel teórico. Sin embargo, no parece haber una alternativa consistente ante la complejidad de los cambios sociales y políticos de Europa. En todo caso, la regresión tendría costos tan altos que no pueden considerarse en una perspectiva racional.

    En función de las presiones del entorno global, hay una vasta agenda por cubrir, misma que remite esencialmente a los temas de la paz y la seguridad. Entre los más urgentes pueden destacarse tres puntos: la formación de consensos en materia de política exterior y de defensa; la gobernabilidad de la Unión y los problemas de legitimidad de la integración.

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    La primera cuestión es la más perentoria, pero también la que es objeto de más divisiones. Los intereses de los países núcleo de la Unión son muy diferenciados, en particular los de Inglaterra y Francia. Asimismo, es evidente que la lógica del Estado nacional no podrá ser revertida en el corto plazo. Aun así, se han logrado convergencias importantes en asuntos clave, como Bosnia, Kosovo, Chechenia y el Cercano Oriente. Al parecer, se ha...

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