La cooperación transfronteriza galicia-norte de portugal: bases y evolución histórica

Autor:Luís Domínguez Castro
Cargo del Autor:Universidad de Viso.
Páginas:77-96
RESUMEN

I. Las bases jurídicas y económicas de la cooperación - II. Los actores del proceso - III. Los puntos fuertes de la cooperación transfronteriza - IV. Los puntos débiles de la cooperación transfronteriza - V. Estructura orgánica de la comunidad de trabajo Galicia-norte de Portugal - VI. Etapas principales en la historia de la comunidad de trabajo galicia-norte de Portugal - Bibliografía

 
ÍNDICE
EXTRACTO GRATUITO

Page 79

La primera organización de cooperación transfronteriza entre España y Portugal, la Comunidad de Trabajo Galicia-Norte de Portugal (CT G-NP) se formaliza, mediante la firma de un Acuerdo Constitutivo, el 31 de octubre de 1991, en la ciudad de Porto1. El momento histórico de su nacimiento tiene unos referentes próximos y otros inmediatos. Entre los primeros cabe destacar dos circunstancias históricas de evolución paralela en España y Portugal: la salida de las dictaduras ibéricas y el proceso de consolidación democrática, por un lado, y la integración europea que supone la incorporación al Consejo de Europa y, en 1986, a las Comunidades Europeas, por el otro. El referente inmediato más significativo, por su carga de simbolismo, será la desaparición de los controles fronterizos, al calor del Mercado Único comunitario y del Convenio de Schengen, que se visualizará con la inauguración del puente internacional Tui-Valenga de Minho, que comunica por autopista las dos orillas, el 19 de julio de 19932.

I Las bases jurídicas y económicas de la cooperación

Los soportes jurídicos que están tras la firma del Acuerdo Constitutivo se basan, en primer lugar, en la Convención-Marco europea sobre la coo-Page 80peración transfronteriza de las autoridades y colectividades territoriales, aprobado por el Consejo de Europa, en 1980, y ratificado por Portugal y España en 1989 y 1990, respectivamente; en segundo lugar, en el Tratado Bilateral, suscrito por España y Portugal, en 1977, para poner fin al Pacto Ibérico firmado por los gobiernos autoritarios en 1941.

Los estímulos económicos que facilitan la creación de la Comunidad de Trabajo están relacionados con la implantación del Mercado Único y con la reforma y potenciación de la política regional comunitaria y los fondos esctructurales, impulsada por la Comisión Europea que presidía J. Delors3. Años antes de firmarse este Acuerdo ya habían comenzado las acciones concertadas, entre el Norte de Portugal y Galicia, en el seno de la Conferencia de las Regiones Periféricas y Marítimas (CRPM), órgano del que los dos territorios eran miembros. La puesta en marcha de los Programas de Desarrollo Regional (PDR), como método de gestión de las políticas regionales comunitarias, también había permitido nuevos ejercicios de armonización que tuvieron su primera concreción en la Memoria Conjunta de petición de financiación de un estudio global del Norte de Portugal-Galicia para intervenciones específicas comunitarias, elaborado a lo largo de 1986. Esta colaboración continuó con las Ia8 Jornadas Técnicas de cooperación transfronteriza, en 1988, Jornadas que tendrían una segunda edición, en 1990, precursora directa de la firma del Acuerdo Constitutivo de la Comunidad de Trabajo. La CT G-NP será la primera constituida, exclusivamente, por NUTs JJ integradas en el Objetivo 1 de criterios de reparto de los fondos estructurales4.

Page 81

II Los actores del proceso

Los actores institucionales que promovieron el nacimiento de la Comunidad de Trabajo fueron la Región Norte, que tiene entidad administrativa desde 1979, con la constitución de la Comissao de Coordinagáo Regional Norte (CCR-N), convertida en Comissao de Coordenagáo e Desenvolvimento Regional-Norte (CCDR-N) desde 2003, y la Comunidad Autónoma de Galicia, con entidad política desde la aprobación de su Estatuto de Autonomía, en 1980, y posterior celebración de las primeras elecciones al Parlamento, en 1981, que eligió al Presidente de la Xunta de Galicia, gobierno propio gallego. Dos fueron los actores políticos del Acuerdo Constitutivo. Manuel Fraga Iribarne, político de dilatada carrera comenzada en las filas reformistas del régimen franquista, continuada como líder de la derecha democrática española y culminada en la Presidencia de su Comunidad Autónoma natal, que apuesta, decididamente, por ahondar las relaciones con Portugal en general y más particularmente con la Región Norte como una de las líneas fuerza de la acción exterior de la Xunta de Galicia, poniendo un prestigio y un nivel de interlocución ante las autoridades portuguesas, especialmente con el entonces Presidente de la República, Mario Soares, que ningún otro Presidente autonómico de la frontera tenía. El ingeniero Luis Braga da Cruz, hombre de prestigioso historial académico, presidente de la Comissao de Coordinagáo Regional Norte (CCR-N) desde 1985 y futuro Ministro de Economía entre 2001 y 2002, con fuertes lazos de afecto personal con M. Fraga, fue el político portugués que impulsó la constitución de la CT G-NP.

III Los puntos fuertes de la cooperación transfronteriza

El principal punto de encuentro es, sin ninguna duda, la lengua, o, tal vez mejor, las dos lenguas herederas del gallego-portugués medieval pero con recorridos dispares como consecuencia de la diferente historia vivida por los territorios de más allá y más acá del Miño. El idioma portugués, como idioma de Estado que es, ha tenido la consiguiente depuración léxica y, sobre todo, una fijación ortográfica. Se extendió por el mundo lusófono, consagrando su ámbito con el acuerdo normativo luso-brasileño de 1986. Se ha convertido en lengua oficial, que no de trabajo, de la UE.

Page 82

El idioma gallego, tuvo muchos más obstáculos en su evolución, se convierte en ágrafo desde el siglo XV. Cuando, en el siglo XIX, el Rexurdimento literario reivindique el gallego como lengua de cultura, la falta de norma ortográfica resultó ser un lastre de dimensiones considerables para su normalización. El franquismo supuso para la lengua gallega el retroceso a los siglos oscuros de la agrafía, agravado el problema más, si cabe, con el paralelo proceso de urbanización que ha dejado atrás el predominio de la Galicia rural monolingüe. La recuperación de las libertades democráticas y la consecución de la cooficialidad del gallego y el castellano, en el Estatuto de Autonomía de 1981, parecía ser una oportunidad magnífica para dotar al idioma gallego de una normativa canónica pero, lejos de ello, se desató una agria polémica sobre la norma ortográfica que debía seguirse5. Afortunadamente, el 12 de julio de 2003, la Real Academia Gallega acaba de aprobar una normativa de concordia que intenta lograr un acuerdo de mínimos, aceptando alguna de las aproximaciones al portugués. Si la comprensión oral de las dos lenguas es prácticamente completa, esta aproximación en la grafía va a facilitar, más si cabe, la cooperación transfronteriza.

El segundo punto de encuentro se halla en el paisaje, o mejor aún, en los ecosistemas comunes. El relieve y el paisaje ayudan a hacer más difusa la frontera entre Galicia y el Norte de Portugal. En efecto, el principal accidente geográfico de la raya, el río Miño, nunca ha impedido los intercambios de gentes y mercancías. En la raya seca las sierras son poco abruptas e incluso los valles de dirección meridiana, como el del Támega, facilitan el tránsito. Pero el ejemplo más logrado de la comunión de espacios es el auténtico parque internacional que forman el Parque Nacional de Peneda-Geres y el Parque Natural Baixa Limia-Serra do Xurés6. Un relieve de rocas Page 83graníticas con evidentes vestigios de acción glaciar. Unos fuertes contrastes orográficos entre las altitudes de los valles, que bajan hasta los 140 metros, y de las sierras, siempre por encima de los 1.000 metros. Una vegetación dominada por el bosque caducifolio de robledas, con perennes acevos y alcornoques. Una fauna señoreada por lobos, corzos, nutrias, zorros, jabalíes y variadas especies de aves, reptiles y anfibios. Una presencia humana que se remonta a las culturas megalíticas según testimonian los restos arqueológicos hallados en varios yacimientos de los parques y que continua hoy con importantes manifestaciones de arquitecturas populares (Campillo Ruiz&Méndez Martínez, 1999: 127-128,130-132).

El tercer punto de encuentro estaría conformado por unos hábitos culturales compartidos. Una forma de vivir la religiosidad similar, incluso con prácticas y devociones comunes, como la romería de la Virgen de la Peneda, a primeros de septiembre, a la que acudían gentes de los dos lados de la raya, o la presencia de la Virgen de Fátima en muchísimas parroquias gallegas tras la peregrinación de esta nueva advocación mañana por toda Galicia en 1955. Una forma de organizar el territorio, un territorio, en ambos casos hasta los últimos decenios, de espacios con fuerte predominio de las actividades agrarias, con una agricultura basada en las pequeñas explotaciones familiares orientadas hacia una economía de subsistencia y autoconsumo, con lo que el policultivo de cereales panificables, patatas, legumbres y hortalizas resultaba obligado. Sólo las áreas vitícolas de una y de otra parte se salían algo de esta norma, cun una mayor presencia de intercambios comerciales más allá de las villas rectoras. La parroquia, o freguesia, era el núcleo relacional básico donde se forjaban las identidades colectivas y se afirmaban los sentimientos de pertenencia. La villa, con su feria semanal, quincenal o mensual, actuaba como centro del universo campesino. Muchos hombres y casi todas las mujeres no necesitaban superar esos horizontes a lo largo de toda su existencia. Los comportamientos culturales de las gentes, en estos contextos tan próximos por la geografía, el paisaje y la economía también ofrecen muchos puntos en común, como no podía ser de otra manera. Así, las elevadas densidades de población y la extrema parcelación de las pequeñas explotaciones agrarias, llevó a prácticas de control de la población semejantes, parecidas, por otra parte, a...

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA