Dos ejes estratégicos de la política comercial europea: la política global mediterránea y el acuerdo de Cotonou

Autor:Eduardo Cuenca García
Cargo del Autor:Catedrático de Economía Aplicada. Universidad de Granada.
Páginas:49-76
RESUMEN

Introducción - 1. La política comercial común (PCC) y su evolución - 2. La política mediterránea comunitaria - 2.1. Política global mediterránea - 2.2. La política mediterránea renovada (PMR) - 2.3. La asociación euromediterránea - 2.4. El programa meda - Acuerdos con los países de África, Caribe y Pacífico (ACP) - 3.1. Los primeros pasos en la cooperación con los países ACP - 3.2. Las relaciones ... (ver resumen completo)

 
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Introducción

Uno de los objetivos de la integración europea en los años sesenta fue establecerse como un bloque comercial en el contexto internacional. La unión aduanera que se creó, abolió los aranceles nacionales, eliminó la gestión individual de la política arancelaria e implantó un arancel común frente a terceros.

A partir de ese momento se desarrolló una política comercial común articulada sobre dos ejes: la autónoma (referida a aranceles, regímenes de importación y exportación, etc.) y la convencional (que se concretó en acuerdos multilaterales, bilaterales, preferenciales, no preferenciales, etc.).

Entre todos los acuerdos firmados con terceros países o instituciones internacionales, este capítulo se centra en dos de los frentes más relevantes: el de la política Mediterránea y el de Cotonou, este último fruto de una dilatada experiencia de cooperación con países en desarrollo. Aunque ambos están encuadrados en los compromisos que actualmente tiene la Unión Europea con el mundo en desarrollo, el primero adquiere un relieve especial por ser la zona más próxima a sus fronteras y en la que existen tensiones que se pretenden suavizar a través de una colaboración cada vez más intensa y profunda entre ambas partes, evitando que algunos de los problemas actuales sigan agravándose. El Acuerdo de Cotonou, por su parte, es el compromiso más extenso de la Unión en número de países y personas afectadas y sobre el que habrá que valorar si se trata de una verdadera Convención para el siglo XXI o, por el contrario, sigue planteando objetivos que no se han definido adecuadamente y que reducen la eficacia de las medidas adoptadas. En definitiva, dos frentes prioritarios de la política exterior común.

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1. La política comercial común (PCC) y su evolución

La puesta en práctica de la Política Comercial Común se aprobó con un período transitorio de doce años. En su primera fase se uniformaron los acuerdos bilaterales de cada país miembro con terceros, se unificaron los regímenes de importación y exportación y se inició el acercamiento progresivo al Arancel Común cuyo establecimiento se adelantó al calendario previsto en el Tratado de Roma. Así, el 1 de enero de 1968 desaparecieron simultáneamente los últimos tramos de aranceles intracomunitarios y entró en vigor uno común. Desde ese momento, la modificación del Arancel sería competencia del Consejo y se adoptaría según los resultados de las rondas de negociaciones multilaterales en el GATT y, con posterioridad, la OMC, lo que ha dado lugar a un descenso sensible del nivel medio de protección.

Asimismo, desde su nacimiento, los europeos han firmado acuerdos comerciales preferenciales con numerosos países, sobre todo con los que les unían lazos históricos, políticos y económicos especiales.

Entre los más destacados están los concluidos con los países de la EFTA, con relaciones preferenciales asentadas sobre un esquema de Acuerdos Bilaterales de Libre Comercio que aspiraban a la supresión total de los derechos de aduana y de las restricciones cuantitativas para los productos industriales, al establecimiento de normas comunes sobre ayudas estatales y competencia en la industria, concesiones limitadas mutuas en agricultura y pesca y la creación de comités bilaterales para la vigilancia y gestión de los compromisos pactados. Estos Acuerdos se fueron adaptando tras las sucesivas ampliaciones de la Comunidad Europea, en muchas de las cuales participaron antiguos socios de la EFTA que decidieron adherirse como miembros de pleno derecho.

En la Declaración de Luxemburgo, abril de 1984, se decidió progresar hacia una cooperación más estrecha entre ambos bloques, incluyendo la creación de un Espacio Económico Europeo (EEE) dinámico que no estuviera basado sólo en las relaciones comerciales. El Acuerdo sobre el EEE se firmó el 3 de mayo de 1992.

Posteriormente, con la caída del muro de Berlín, se abría la posibilidad de que otros vecinos europeos pudieran incorporarse también al proyecto de integración europea. El 1 de mayo de 2004, un grupo muy variado de paí-Page 53ses, antiguas repúblicas soviéticas (Lituania, Letonia y Estonia), países mediterráneos (Chipre y Malta), países de Europa central y oriental (República Checa, Eslovaquia, Polonia, Hungría) y una antigua república de la ex Yugoslavia (Eslovenia) se integraron en la Unión Europea.

En estos momentos la Unión Europea está fijando sus límites geográficos de cara al futuro con las posibles adhesiones de Rumania, Bulgaria, los países balcánicos y Turquía. De esta manera se establecería el llamado "anillo de buena vecindad" con los países limítrofes del este europeo y del sur del Mediterráneo, con los que se prevé una relación privilegiada que incluso pueda concretarse en un área de libre comercio.

El grupo estaría formado por Rusia, Bielorrusia, Ucrania, Moldavia (fronteras de la Unión), Armenia, Azerbaiyán y Georgia. Del lado de la cuenca meridional mediterránea están los que participan en el diálogo euromediterráneo, es decir, Marruecos, Túnez, Argelia, Egipto, Siria, Israel, Autoridad Palestina y, en un futuro cercano, también Libia, una vez que ha manifestado su deseo de integrarse en el llamado Proceso de Barcelona diseñado para potenciar la relación política, comercial y cultural entre las dos orillas del Mediterráneo.

Todos los países de la cuenca sur mediterránea ya han suscrito acuerdos de asociación con la Unión Europea salvo Siria (aunque ya está finalizado) por problemas derivados de la exigencia de algunos países europeos de introducir cláusulas más estrictas sobre terrorismo.

La gran mayoría de países del este europeo gozan ya de algún tipo de asociación, Rusia tiene un acuerdo preferencial y algunos como Ucrania, Marruecos o Israel han expresado, incluso, su deseo de integrarse en la Unión Europea.

La Comisión pretende también avanzar mucho más en las relaciones comerciales con estas naciones, hasta el extremo de una eventual participación en el mercado interior europeo. En política, la cooperación se traducirá en una colaboración estrecha en cuestiones como: terrorismo, armas de destrucción masiva y políticas de control migratorio.

2. La política mediterránea comunitaria

Uno de los frentes más sensibles en estos momentos para la Unión Europea son los países del sur y oriente del Mediterráneo, que constituyen unPage 54 área, natural de influencia caracterizada históricamente por un entramado muy complejo de relaciones que reflejaban situaciones y circunstancias muy diferentes. Con algunos de ellos han existido acuerdos de asociación con el objetivo de adherirse (Malta, Chipre y Turquía); con Israel para la realización progresiva de una zona de libre cambio; y acuerdos de cooperación, con el Magreb (Marruecos, Túnez y Argelia) y con el Machrek (Egipto, Jordania, Líbano y Siria).

La Política Mediterránea tiene sus orígenes en Tratado de Roma y se desplegó con un marcado acento comercial que favoreciera el estrechamiento de los lazos económicos entre ambas orillas (excepto con Libia y Albania por motivos políticos). En los acuerdos firmados en los sesenta se concedieron tratamientos diferentes en cada caso, sin pretender la homogeneidad.

Con el paso del tiempo se contempló la necesidad de dar otro enfoque más igualitario con una Política Mediterránea Comunitaria que fijara los objetivos y los mecanismos generales, que adaptara los acuerdos vigentes y redujera las diferencias en sus contenidos. La Cumbre de Jefes de Estado de París en octubre de 1972 dio un gran impulso a la llamada Política Global Mediterránea (PGM), que estaría vigente hasta 1990. No obstante, este planteamiento no llegó a ser totalmente global ya que las negociaciones siguieron siendo bilaterales y no entre bloques.

2.1. Política global mediterránea

Su finalidad era favorecer el desarrollo de esos países como refuerzo del propio desarrollo comunitario y la estabilidad política, económica y social de la región, en un marco común pero respetando la especificidad de cada caso. Aunque las preferencias comerciales seguían siendo el eje principal, las novedades más destacadas fueron la ayuda financiera y técnica, la contemplación de los aspectos sociales y la instauración de un marco institucional de diálogo permanente entre embajadores.

De este modo se establecieron dos tipos de acuerdos:

- Acuerdos de Asociación: con Turquía, Malta y Chipre.

- Acuerdos de Cooperación Global: con los países del Magreb (Marruecos, Argelia y Túnez), los del Machrek (Egipto, Líbano, Siria y Jorda-Page 55nia), Yugoslavia e Israel que, a diferencia de los anteriores, carecían de reciprocidad.

La Política Global Mediterráneo se basó en dos pilares fundamentales:

  1. La Cooperación Comercial. Para conseguir la libre entrada de los productos industriales de estos países al mercado comunitario, aunque con algunas limitaciones para producciones sensibles. Para los agrícolas, se concedieron rebajas arancelarias sujetas a calendarios temporales, cuotas o precios de referencia.

  2. La Cooperación Financiera y Técnica. Hasta la Cumbre de Barcelona de 1995, la cooperación financiera se había instrumentado con Protocolos Financieros en los que se fijaban el volumen de recursos disponibles distribuidos entre asignaciones del Presupuesto Comunitario (ayudas y subvenciones no reembolsables) y préstamos en condiciones favorables del Banco Europeo de Inversiones (BEI). Hasta esa fecha se firmaron cuatro Protocolos: I Protocolos Financieros...

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