Armonía de Civilizaciones

Autor:José Antonio Jauregui
Cargo del Autor:Catedrático Jean Monnet de la Universidad Camilo José Cela. Presidente AUDESCO-España.
Páginas:165-185
 
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¿Sería Europa la misma si tuviésemos que suprimir de su escena cultural sus exquisitas iglesias románicas, sus espectaculares iglesias góticas, sus Réquiems líricos y trágicos -el de Mozart, el de Verdi, el de Dvorak, el de Fauré-, sus Cristos pintados o esculpidos -el de Rembrandt o el de Dalí-, sus Madonnas -la pietá de Michel Angelo, las Vírgenes de Rafael o de Murillo-, sus santos que pueblan el parnaso cristiano europeo -el entierro del Conde de Orgaz del Greco y los santos de tantos retablos medievales, renacentistas, barrocos o modernos-, sería Europa la misma Europa, si hubiésemos de suprimir la Divina Comedia de Dante, los poemas de Teresa Cepeda o de Juan de Yepes, toda la poesía y toda la prosa poética tejidas en torno a un judío llamado Cristo? Toda esta riquísima cosecha cultural y multisecular que forma parte de ese "patrimonio cultural común" del que se habla en el Tratado de Amsterdam no son sino variaciones culturales de un gran tema europeo: Cristo.

Cuando un euroescéptico proclama a los cuatro vientos que él no pertenece a otra cultura que no sea la que corresponde a su idioma y a continuación habla de final de siglo y de milenio, muestra su petulante sandez y su atrevida ignorancia. Al hablar de final de siglo y de milenio, cree este euroescéptico analfabeto que no hay más calendario en el mundo que el "suyo" y "el suyo" no es ni inglés, ni catalán, ni vasco. El "suyo" es el calendario europeo. Si en la familia humana contemplamos un inmenso y variado jardín de plantas idiomáticas, también debemos descubrir el bello y variado jardín de plantas cronológicas.

Si no tenemos los europeos "el europeo", es decir un idioma común -aunque como vamos viendo en esta excursión por los Alpes culturales europeos, las palabras claves de los idiomas europeos son temas comunes con variaciones-, tenemos los europeos otros idiomas comunes como es el calendario. El calendario es un idioma común de todos los europeos, un idioma que usamos todos los días. Todas nuestras actividades están ubicadas y ordenadas en un calendario determinado: tal milenio, tal siglo, tal año, tal mes, tal día. Roma nos unificó a los iberos, a los bretones, a los Page 168británicos, a los celtas, a los godos, a los galos y a los demás pueblos de Europa otorgándonos un calendario común. El calendario tiene una fecha clave de la que arranca. Los romanos colocaron en el altar central de este calendario a Roma misma. Roma, como no le sorprendería a Emile Durkheim, era la verdadera diosa de este templo del dios Cronos o Tempus. Todos los pueblos del Imperio Romano se regían por un calendario único e idéntico: a.u.c.:ab_urbe condita, desde la fundación de la ciudad. Fijémonos bien que ni siquiera se dice "desde la fundación de la ciudad de Roma". Ese la, ese artículo determinado, es determinante: la ciudad por excelencia es Roma (En España en ciertos ámbitos se habla de "la" madre para referirse a la propia madre o en Inglaterra dicen "la" Reina cuando se refieren a la Reina de Inglaterra). Pero a medida en que va cuajando el eurocristianismo no solo como una religión nueva para todo el Imperio Romano, sino como una cultura europea nueva, el a.u.c. desaparece y deja paso al A.D. Anno Domini, el año del Señor. Y "el" Señor es Cristo. Es el año 753 a.u.c. Se convierte en el año 527 ab incarnatione Domini, desde la encarnación del Señor, expresión acuñada por Dionisio el Exiguo. Se le denomina el exiguo, porque según descubrió Kepler, Dionisio, al hacer el cómputo de años que se le había encomendado, se equivocó de cinco años (En realidad si esta equivocación es verdadera, estaríamos hoy en el año 2004 y no en el año 2000).

No cuajó la expresión ab incarnatione Domini ni la sigla a.i.d. que hubiese reemplazado a la sigla a.u.c, ab urbe condita. Pero, sí se mantuvo hasta hoy en toda la escena europea, el calendario cristiano que, al adoptarse en toda Europa es en verdad eurocristiano. Teópolis y geópolis se funden en este como en tantos otros dominios.

Solamente desde esa época hasta hoy se intentó suprimir este calendario en Francia como consecuencia de la Revolución Francesa. Con la intención de crear una sociedad civil y laica (siendo la sociedad laica una opción teopolítica como otra cualquiera con prestes, encíclicas, excomuniones, brotes fanáticos y sacristanes), se inició un nuevo calendario. La fecha clave de partida sería el 22 de Septiembre de 1792 y Francia reemplazaría a Roma y a Cristo en el altar central de este templo. Los meses también cambiarían de denominación y se llamarían Vendemiaire, Brumaire, Frimaire etc. No cuajó este intento y el calendario eurocristiano como un colosal edificio multisecular sigue en pié. Es la gran catedral europea, templo común de todos los europeos, pero no de los chinos, ni de los musulmanes, Page 169ni de los judíos ni de otros pueblos que se rigen por otras pautas cronológicas colocando en las hornacinas de este altar a otros héroes, ídolos o fetiches. Los chinos -más de mil millones- no están en el año 2000, y no van a cambiar próximamente ni de siglo ni de milenio. Este año es el año del tigre. Cada año está presidido por un animal en el calendario chino.

Si nos adentramos en el laberinto del calendario europeo nos toparemos con otros hechos sorprendentes. Una vez más podemos ver cómo el calendario europeo es una síntesis o sinergia de temas grecorromanos y cristianos de origen judío. Los romanos nos legaron su calendario dividido en diez meses: 1 Martius; 2 Aprilis; 3 Maius; 4 Junius; 5 Quintilis; 6 Sextilis; 7 September. 8 October; 9 November; 10 December. Aunque nuestro calendario europeo gira en torno al nacimiento de Cristo, podemos encontrar huellas grecolatinas. Calendario procede de kalendas, palabra griega. Y no es por azar, sino por lógica geopolítica. Roma adoptó de Grecia la clasificación estructural de siglos, años, meses, semanas y días. Los nombres de los meses siguen siendo romanos, aunque ahora los meses de septiembre (el séptimo), octubre (el octavo), noviembre (el noveno) y diciembre (el décimo) no se correspondan con el número que representan. Un mes está dedicado a Julio y otro a Augusto (Agosto). En las diversas hornacinas del templo de Cronos, están los meses. Un mes fue dedicado por los romanos al Emperador Julio César, el que escribió De Bello Gálico (sobre la guerra de las Galias) y otro mes fue dedicado a Augustus, el Emperador que durante cuarenta años fue el Pontifex Maximus. Seguimos hoy en varios paises de Europa honrando la memoria de dos Emperadores romanos: Julio, Juillet (en francés), July (en inglés), Agosto, Aoüt, August, etc.

También los días de la semana en varios países europeos siguen dedicados a divinidades grecolatinas. Lunes (dies lunae, día de la Luna), Martes (dies Marti, día de Marte), Miércoles (dies Mercuri, día de Mercurio), Jueves (Jovis dies, día de Júpiter), Viernes (dies Veneris, día de Venus). Los dioses romanos siguen todavía hoy estando presentes en hornacinas del templo cronológico, del templo espacial (Marte, Júpiter...) y de otros templos culturales.

El sábado, uno de los días del calendario europeo, es judío. Es uno de los tantos regalos del pueblo judío al que, muchos europeos ignorantes y arrogantes, han despreciado y perseguido, cuando deberían decirle: gracias por tanto regalo inmerecido. El Sabbath o Sábado celebra la creación del Page 170mundo y es un recuerdo continuo - un gota a gota que cala en el cerebro -de que el mundo no es un caos desgobernado por el ciego azar, sino una melodía armónica y bien temperada compuesta y dirigida por "el" Creador. Dios creó el mundo en seis días y al séptimo descansó. El sábado es, pues, una de las tantas herencias culturales que proceden de nuestros ancestros judíos (ancestros en el dominio de la cultura). No coincide, sin embargo con el séptimo día el Sábado europeo. El séptimo día, el día del descanso europeo, es el Domingo, o Dies Dominica o Dies Domini: el día del Señor (Jesucristo). Todo el calendario gira en torno a Cristo, así como un día cada semana: un día dedicado al descanso y al culto cristiano.

¿Por qué los cristianos europeos que adoptan a Cristo como el gran centro de su cosmovisión teopolítica no excluyen radicalmente al cerdo, excomulgando del sistema culinario como persona non grata? En la religión de Cristo- la judía, la que él practica en su vida -el cerdo es un tabú en el sistema culinario. El sistema teopolítico no solamente rige el pensamiento y el comportamiento religioso. Se entromete además "en los pucheros", recordando la frase teresiana "Dios anda entre los pucheros". Poder comer o no un bocata de salchichón o de chorizo no responde a pautas económicas o higiénicas solamente, sino a dogmas de carácter teopolítico. La polis es en parte una teopolis. El Calendario, como hemos visto, es fundamentalmente cristiano - eurocristiano -, pero aparecen los emperadores Julio César y Augusto en los meses de verano. La cultura europea se nos revela por todas partes como una síntesis, simbiosis y sinergia de temas grecolatinos y eurocristianos de origen judío.

Si Roma y Atenas hubiesen desaparecido del todo de la escena cultural como un azucarillo diluido en la cultura judía importada de Israel ni Roma sería la capital de la teopolis cristiana ni el sucesor de Cristo se llamaría Pontifex, Pontífice o Sumo Pontífice -Pontifex Maximus-, ni el latín sería el idioma de la liturgia eurocristiana ni el cerdo sería el rey del sistema culinario. Pero Atenas digirió a Roma y Roma digirió a los "bárbaros" y a los "cristianos". Mientras escribo estas líneas, aparece o reaparece en el camino de mi vida José Juan Azparren, un viejo amigo de infancia. Al contarle que estoy escribiendo este libro y comentarle cómo Atenas digirió a Roma, me da una cita que me viene "como anillo al dedo": "Graecia capta, ferum victorem coepit, et artes intulit...

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