El preludio de la transición económica Española: la economía del periodo 1939-1959

Autor:Juan Velarde Fuertes
Cargo del Autor:Consejero del Tribunal de Cuentas
Páginas:11-20

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La posguerra

La Guerra Civil mostró con nitidez que España buscaba un nuevo modelo de desarrollo. El anterior nos había permitido no separarnos de Europa, pero con unos costes sociales grandes y sin que se pudiese adivinar cómo acentuar la convergencia. En la España republicana ese modelo osciló entre el del colectivismo autogestionado de los anarquistas y los primeros pasos hacia una economía de dirección central dentro de un sistema de democracia popular, que como nos han probado Antonio Elorza y Marta Bizcarrondo en Queridos camaradas, era bien visto por los comunistas y los socialistas largocaballeristas. No tiene sentido estudiar las variantes y consecuencias de todo eso, porque fue el modelo de desarrollo derrotado. En la España nacional se podía observar cómo el viejo modelo alemán se había completado, gracias a Manoilescu, con tres agregados. La industrialización necesaria era requisito esencial: con agricultura no hay desarrollo. Ello obliga a un proteccionismo industrializador. En segundo lugar el inter-vencionismo y las estatificaciones deben unirse a la implantación de un sistema corporativo. Finalmente, una fuerte política social debe desarrollarse desde un Estado autoritario que elimine la Democracia liberal y la sustituye por el régimen de partido único. Manoilescu y Carl Schmidt colaboran en esto. Dejemos a un lado lo sucedido con la complicación derivada del pro-

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blema de la financiación de la contienda que, entre otras cosas, supuso la pérdida de más de 700 toneladas de oro guardadas en los sótanos del Banco de España. Es muy difícil cuantificar de manera aceptable todo el trauma que significó en lo económico nuestra contienda. Al unirse este coste tan importante con el inicio inmediato de la II Guerra Mundial, en la que también se participaría de alguna manera -lucha guerrillera en España, División Azul y otras unidades en el Frente del Este, movilizaciones especiales para precaver invasiones en Canarias, así como en ciertos puntos de la Península, en Marruecos e, incluso, en los entonces Territorios Españoles del Golfo de Guinea-, se explica que este modelo alemán modificado, adicionado con estas penosas condiciones ofreciese unas consecuencias lamentables en términos de PIB hasta 1954 y, en términos comparativos con la Unión Europea, hasta 1960. España había alcanzado, en dólares homogéneos Geary-Khamis, de acuerdo con Angus Maddison, un PIB por habitante en 1929 de 2.947 dólares. Hasta 1954, donde se tienen 2.954 dólares de PIB por habitante, no hemos vuelto a la situación de la Dictadura de Primo de Rivera. Por lo que se refiere a la convergencia con la Unión Europea de los 12 -porcentaje, como hemos dicho, más claro que con los 15- el 70% de 1933 cae al 55% en 1936, desciende al mínimo del 46% en 1938, pero en 1960 continúa siendo del 48%. Estamos, sistemáticamente, durante este periodo, en convergencia con la UE, alrededor del 50% y jamás alcanzando el 55-56%, salvo en 1947 y 1948, un momento muy poco estudiado en España. El impulso dado a Europa por el Plan Marshall, del que se excluyó a España, como atinó a observar Olariaga, supuso que ese tímido amago de mayor avance relativo, se desvaneciese.

Pero no se trata sólo de la caída de la producción y trastornos importantes en la cuantía de nuestro capital nacional, sino que nuestra demografía experimentó una alteración notable. Lo pone de manifiesto la estimación de Martín Rubio -recogida en el cuadro 1- que muestra las raíces del mordisco que se observan en nuestras pirámides de población a causa de nuestra Guerra Civil.

Nacimientos no producidos 598.268
Sobremortalidad por enfermedad 330.783
Españoles muertos en campaña 114.000
Civiles muertos en acciones de guerra 20.000

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Represión en la retaguardia republicana 60.000
Represión en la retaguardia nacional 70.000
Españoles exiliados 200.000
Total pérdidas 1.393.051

Este panorama demográfico, que sobrepasa el número del millón de españoles, constituye el otro grave pasivo de nuestra última contienda civil. De ahí la exigencia de un fuerte esfuerzo de reconstrucción que se inicia en 1939.

Se desarrolla éste en una etapa política y económicamente muy compleja. En medio de ella va a tener lugar un cambio histórico en nuestra política internacional que va a trascender, naturalmente, hacia lo económico. En 1953 se firmarían los Acuerdos con los Estados Unidos, que significaban que España rompía una larga etapa de neutralidad, explícitamente manifestada por Prim ante la guerra francoprusiana de 1870, y que Cánovas del Castillo mantuvo como característica de la Restauración. Esta política neutral se continuó, rodeada España de beligerantes, en la Primera Guerra Mundial, y en la Sociedad de las Naciones esa parecía ser la línea básica de nuestra postura sobre alianzas posibles. Dio la impresión de que la Guerra Civil podía romper esta tradición, pero las manifestaciones de Franco en plena batalla del Ebro, como consecuencia del grave problema checo, indicaron -con gran decepción, lógicamente, por parte de Alemania- que ésta iba a ser su línea futura de conducta. En la Segunda Guerra Mundial existió una inflexión en esta política, durante el Ministerio de Asuntos Exteriores de Ramón Serrano Suñer. Ha sido injustamente señalado éste como belicista. Aparte de multitud de documentos y de los propios escritos de Serrano, están las manifestaciones del Comisario General de Abastecimiento y Transportes, Rufino Blanco, que recibía del ministro, antes de sus viajes a Alemania, instrucciones para entenebrecer las tintas sobre la mala situación alimenticia española, con objeto de explicar a los alemanes que esto...

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