El nacionalismo Vasco y la deriva terrorista de ETA

Autor:José Manuel Azcona Pastor
Cargo del Autor:Universidad Rey Juan Carlos
Páginas:195-259

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Sabino Arana y Goiri (1865-1903), el fundador

Sabino Policarpo Arana y Goiri nació el 26 de enero de 1865 en Abando, anteiglesia cercana a Bilbao, en la casa que su familia tenía en Albia, al lado de la parroquia de San Vicente Mártir. Fue el octavo hijo de Santiago Arana y Ansoátegui, nacido en Abando, y Pascuala Goiri Acha, natural de Bilbao. Su padre poseía astilleros en Ripa, La Salve, El Dique y Zorroza ya que era uno de los más importantes armadores y constructores de buques de la ría bilbaína.

Los profundos sentimientos integristas de Santiago Arana le condujeron a secundar el levantamiento militar carlista de abril de 1872, viajando personalmente a Londres para comprar armas destinadas a los sublevados. Cuando regresó a Vizcaya vivió oculto cerca de su capital ante el acoso de las autoridades locales. Más tarde, en vísperas de la entrada de las tropas liberales en la Villa, huyó a Bayona, donde trasladó en breve su familia. Tenía entonces Sabino ocho años. En octubre de 1876, terminada la guerra carlista, regresan los Arana a su casa de Albia. Apenas instalados en Bilbao, Sabino y su hermano Luis van a estudiar al internado Nuestra Señora de la Antigua, en Orduña, comandado por los jesuitas. La accidentada infancia de Sabino en el seno de una familia en extremo católica, cuyas ideas más inamovibles han sido derrotadas por las armas liberales, influyó sobremanera

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en su obra posterior, al igual que su paso por este colegio jesuita. Allí, el joven Arana entrará en contacto con el catolicismo y fuerismo más intransigente, que adoptará como dos de los pilares sobre los que, entre otros, estructurará, en el futuro, su doctrina nacionalista.

Poco antes de finalizar su último curso de bachillerato enfermó grave-mente de tisis. Después de una leve y primera recuperación tuvo que guardar cama dos años en su casa de Albia. Será durante este tiempo de reposo cuando Sabino Arana decidirá romper con el tradicional fuerismo de corte español de sus contemporáneos. Por el contrario, empezará a plantearse el hecho diferencial vasco y a considerar a los territorios vascongados como entidades propias con derecho a la independencia que, en su opinión, históricamente habían tenido.

Este cambio de actitud vino por la influencia de su hermano Luis, quien llegó primero al nacionalismo vizcaíno al comprobar -cuando viajó fuera del Señorío- las supuestas diferencias existentes entre los vascos y el resto de los habitantes de la península.

"El año ochenta y dos ¡bendito el día en que conocí a mi Patria, y eterna gratitud a quien me sacó de las tinieblas extranjeristas!, una mañana en que nos paseábamos en nuestro jardín mi hermano Luis y yo, entablamos una discusión política. Mí hermano era ya bizkaino nacionalista; yo defendía mi carlismo "per accidens". Finalmente, después de un largo debate, en el que uno y otro nos atacábamos y nos defendíamos sólo con el objeto de hallar la verdad, tantas pruebas históricas y políticas me presentó él para convencerme de que Bizkaia no era España, y tanto se esforzó en demostrarme que el carlismo, aún como medio para obtener, no ya el aislamiento absoluto y toda ruptura de relaciones con España, sino simplemente la tradición señorial, era no sólo innecesario sino inconveniente y perjudicial, que mi mente, comprendiendo que mi hermano conocía mejor que yo la historia y que no era capaz de engañarme, entré en la fase de duda y concluí prometiéndole estudiar con ánimo sereno la historia de Bizkaia y adherirme fielmente a la verdad" (Discurso de Larrazábal, 3 de junio de 1893).

Así explicaba el propio Sabino Arana su paso del carlismo al "nacionalismo bizkaitarra". A partir de este momento se dedicará al conocimiento en profundidad de la lengua e historia vascas, tarea a la que se dedicará de forma autodidacta. Degustó así buena parte de la producción historiográfica de la Edad Moderna caracterizada por su obsesión por legitimar los fueros como parte propia de Vizcaya. La lectura de Sagarmínaga y Campión que, desde posiciones fueristas, atacaban el centralismo canovista, quienes ade-

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más reconocían la soberanía propia de los territorios vascos hasta 1876, apoyarían las tesis aranistas que ya empezaban a estructurarse. Arana digería la historia vasca desde una nueva perspectiva, desde la óptica de una independencia existente desde tiempos inmemoriales hasta 1839 tras el final de la Primera Guerra Carlista, cuando "se confirman los fueros de las provincias vascongadas y Navarra sin perjuicio de la unidad constitucional de la monarquía". Este punto es verdaderamente importante, pues una parte bien significativa del cuerpo doctrinario del nacionalismo vasco se va a apoyar en el falseamiento sistemático de la historia vasca con respecto a España. Así, Sabino Arana y Goiri se llega a creer, desde la más pura fantasía histórica, que el solar vascongado siempre fue un ámbito territorial independiente de España, hecho este que los historiadores profesionales testimoniamos como rotundamente falso. Sin embargo, esta trama de independencia total, basada en literatura novelada, rebozada de leyenda, que no en empirismo historiográfico, va a pasar entera desde la última década del siglo XIX al siglo XXI.

Al final de su segundo año de convalecencia pierde Sabino a su padre, murió el 24 de junio de 1883, diez meses antes que Juan, su hermano mayor. En septiembre de este mismo año, al término del reposo decretado por los médicos, nuestro joven de dieciocho años se traslada a Barcelona a estudiar la licenciatura de derecho, llevándose consigo a toda la familia. Por voluntad materna empezó esta titulación aunque a él nada le gustaba como reconocería después en varias ocasiones. No fue excesiva la influencia de las enseñanzas recibidas en la Universidad de Barcelona a la hora de configurar sus argumentaciones nacionalistas. Aprovechó su estancia en la ciudad condal para, continuando con su afán autodidacta, profundizar en el estudio de la lengua, la historia y las leyes vascas. En 1885 empieza a escribir la Gramática elemental del euskera bizkaino, cuyas primeras doscientas páginas publicaría en la ciudad condal en 1888. Como introducción a esta gramática preparó en diciembre de 1885 Etimologías euskéricas, que vieron la luz en la Revista de Vizcaya en 1886, meses antes de que comenzara a escribir Pliegos euskerófilos. También en 1886 salió al mercado El proyecto de Academia Bascongada del señor Artiñano. Sería en Barcelona, de nuevo, donde escribió y editó los prime-ros Pliegos histórico-políticos. En esta serie de artículos, Arana anima a los vascos a estudiar su historia pues del conocimiento de su pasado podrían los "euskerianos" deducir su esplendor y la causa de su "actual postración". Además, en estos escritos, afirmaba ya que el abandono del euskera era causa y consecuencia de la pérdida de la raza.

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En febrero de 1888 fallecía su madre. Cinco meses más tarde, Sabino volvió a Bilbao. Muchos estudiosos se han preocupado por conocer cuáles han sido las influencias que pudo tener el nacionalismo catalán en la ideología sabiniana. Sin embargo, nada induce a pensar que Arana se inspirara en la doctrina catalanista, máxime cuando siempre consideró a Cataluña como parte integral de España que se conformaba tan sólo con tener su propia autonomía. Por el contrario, "Euskaria" era nación históricamente independiente y nada tenía que ver con España. Además, la actividad política del futuro fundador del PNV en Barcelona fue nula. A su regreso a Bilbao presentó su candidatura a la cátedra de euskera que la Diputación vizcaína sacó a concurso público para suplir la necesidad de esta materia en el Instituto Vizcaíno. Declaró expresamente renunciar a todo salario si conseguía la plaza. Arana no obtuvo ningún voto del tribunal (este idioma tuvo que aprenderlo pues su lengua natal fue el español), siendo nombrado para tal cometido Resurrección María de Azkue que obtuvo once apoyos, siete más que el segundo aspirante, Miguel de Unamuno.

En mayo de 1889 publica los segundos Pliegos histórico-políticos y al año siguiente escribe cuatro artículos para la revista La Abeja, bajo el epígrafe "Cuatro glorias patrias", en los cuales intentará demostrar cómo Vizcaya siempre fue un Estado libre y soberano. Reeditados en 1892, bajo el título Bizkaia por su independencia, configuran el libro que consideramos origen, propiamente dicho, del nacionalismo vasco. En él se relatan sendas batallas libradas por los vizcaínos contra los reinos de León y Castilla. La primera Arrigorriaga, que sitúa el día de San Andrés del año 888; la segunda Gordejuela en 1355; la tercera Ochandiano también en 1355 y la cuarta Munguía en 1470. Todas ellas suponen -en opinión de Arana- la prueba más clara de la lucha y victoria de Vizcaya por defender la independencia de España. Además, acaba concluyendo que jamás hubo pacto entre este territorio y Castilla ni existió unión de ningún tipo entre ellas, tal y como habían afirmado los fueristas. Por lo tanto, era preciso luchar por conseguir la independencia perdida.

Es importante constatar cómo Arana habla, en los arranques de la configuración de su ideario, de Vizcaya frente a España, omitiendo (hasta después) al resto de las provincias vascas. Es por ello por lo que el primer nacionalismo recibió el nombre de "bizkaitarrismo", o nacionalismo bizkaitarra.

Tras la publicación del libro, reunió a unos cuantos escogidos entre los posibles simpatizantes de su causa, a los cuales dirigió un discurso el 3 de junio de 1893 en el...

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