La canción protesta

Autor:José Luis Rodríguez Jiménez
Cargo del Autor:Universidad Rey Juan Carlos
Páginas:135-157

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El contexto histórico

El cambio de política económica auspiciada desde finales de los cincuenta, consistente en sustituir el modelo autárquico por una liberalización parcial de la actividad económica, desemboca en la rápida reducción de la población agraria, el desarrollo industrial, y la reconversión de la economía española, volcada hacia el sector servicios a partir de la década de los sesenta. La modernización y el bienestar material que éste trajo consigo, aunque repartido de forma muy desigual, otorgó al franquismo cierto apoyo social, difícil de cuantificar, y engendró el conformismo entre amplias capas de población.

Las nuevas clases medias no se identifican, en absoluto, con el pensamiento de la derecha radical y el fascismo, a diferencia de los grupos civiles que apoyaron de forma entusiasta la sublevación de julio de 1936. Pero estas nuevas clases medias apenas muestran interés en cuestionar el sistema político y en buena medida se identifican con la jefatura de Franco, convirtiéndose en la pieza clave de la legitimación de su régimen. Es decir, un amplio sector de la sociedad de entonces colabora con la dictadura, mucho más allá de lo que ahora se quiere reconocer, o realiza su vida privada y pública con un espíritu conformista respecto a la actualidad política. El régimen ha utilizado y utilizará mecanismos represivos para perdurar, pero este recurso no explica por sí solo su continuidad.

Ciertamente el marco político no parece haber sido un motivo de especial preocupación para el conjunto de la sociedad, inmersa en una etapa de

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crecimiento económico y de aspiraciones materiales que, a diferencia de etapas anteriores, en parte pueden ser cubiertas. Tal y como se apunta en distintas investigaciones, la inmensa mayoría de los ciudadanos se mantiene al margen o se niega a colaborar con las actividades de la oposición hasta finales de los sesenta, bien por falta de identidad con los ideales de una izquierda muy ideologizada, o por la mezcla de miedo y resignación de las clases populares obligadas a vivir en unas condiciones de vida extremadamente duras durante la posguerra y después atraídas por la posibilidad de una mejora material que no habían imaginado.

Sin embargo, al mismo tiempo, el desarrollo económico da lugar a una serie de transformaciones en las formas de vida que propician cambios en la mentalidad y las pautas de conducta de los españoles, y esto a su vez ocasiona a un aumento de la contestación al régimen. Además, la apertura cultural de los sesenta, expresada en los medios de comunicación escritos, el teatro, el cine, la televisión y el mundo de la canción, sitúa a los españoles ante una oferta muy distinta a la de la posguerra. Es el resultado de actos de creación permitidos por el gobierno, no alentados desde el mismo, y de actos no permitidos y que se tratan de censurar.

Es también una exigencia de los sectores de la población más afectados por el proceso de modernización, y en consecuencia con mayor capacidad de consumo, e influidos por la toma de contacto con nuevas manifestaciones culturales a través de las series norteamericanas que emite Televisión Española, el cine, las revistas de moda, el turismo extranjero o los viajes fuera de nuestras fronteras. No olvidemos que está apareciendo una juventud que no ha vivido la guerra civil, ni los peores años de la posguerra o que no tiene recuerdos de ese período. Es una juventud que siente menos miedo que las generaciones anteriores, que tienen metidos en sus cabezas esos períodos. Una juventud que accede a la Universidad. Y una parte de ella se empapa de nuevas lecturas, bajo la influencia de movimientos universitarios de contestación al régimen, de profesores jóvenes y de los nuevos vientos culturales.

La apertura cultural también es el resultado de manifestaciones culturales autóctonas, que son fruto del trabajo dentro de España y de influencias de nuestro entorno europeo, y que tienen que ver también con la realidad política española, con la existencia de un régimen autoritario/ dictatorial. Este es el caso de la denominada canción protesta. Así pues, la modernización cultural fomenta cambios de mentalidad y de las pautas de conducta, la deslegitimación del nacional catolicismo, ideología con la que choca la cultura de las clases medias urbanas, y la paulatina extensión de la

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cultura democrática, elemento de especial importancia en los acontecimientos posteriores. De este choque surge un rechazo creciente al régimen, al tiempo que la labor desempeñada por la oposición, paulatinamente reorganizada, incentiva la demanda de una liberalización cultural y política desde sectores cada vez más amplios de la sociedad, lo que supone el crecimiento del número de personas deseosas y dispuestas a participar en actos de protesta contra la dictadura.

El estudio de la canción protesta nos ayuda a comprender la evolución de la sociedad española y del propio régimen de Franco. La nueva canción es en sus inicios una manifestación cultural permitida por el régimen, que le da amparo en festivales, la radio y la televisión. Sin embargo, conforme la conflictividad social aumente, la oposición se reorganice, se multiplique el contenido político de la llamada canción protesta y crezca también el número de personas dispuestas a participar en actos de rechazo al sistema autoritario, el régimen endurece su respuesta, aumenta la represión y la censura, que afecta a los cantantes y a las letras de sus canciones. Vamos de una canción regional, a una canción social, y a una canción política, de protesta frente a un régimen concreto.

Los orígenes

La canción de contenido reivindicativo y político tiene su origen en los himnos revolucionarios del movimiento liberal, aparecido a finales del siglo XVIII y desarrollado durante el XIX; asimismo en las canciones sindicalistas y de partido de finales del siglo XIX (con el sindicalista Joe Hill como precursor, condenado a muerte en 1915 y ejecutado),y en las canciones de la izquierda revolucionaria durante la Guerra Civil Española, y en las canciones de la Resistencia italiana al fascismo y de la Resistencia francesa a la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial.

Un antecedente más directo de la canción protesta lo encontramos en Estados Unidos en la década de los treinta del siglo XX con el maestro Woody Guthrie, quien influyó a Peter Seeger, cantante que llevó este modelo de canción a un público más amplio y comercial. Este tipo de canción fue recogida por artistas con mejor voz y preparación musical. A finales de los 50 Joan Baez triunfa en el Festival de Folk de Newport y lleva estas letras a un público mucho más amplio gracias a sus actuaciones en locales de New York. Allí llega en 1961 un joven de Minnessotta llamado Robert Zimmer-

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man al que pronto se conoce como Bob Dylan. Su primer disco, "The Freewheelin" comienza con un tema a guitarra y armónica titulado Blowing in the Wind, himno para generaciones de jóvenes y no tan jóvenes a partir de entonces.

Son canciones con un contenido más social, y más filosófico, que político, dado que se trata de artistas que viven en un país de régimen democrático. No obstante, el hecho de que Estados Unidos sea la primera potencia del mundo e intervenga militarmente en varios escenarios hace que en este país el movimiento contra la guerra sea importante, y que la guerra de Vietnam esté presente en numerosos conciertos. Letras de contenido filosófico y comprometido utilizan, también en los sesenta, los franceses Edith Piaff, Georges Brassens y Jacques Brel. Este tipo de canción, más politizada, es también asumida por los autores que se levantaban contra los regímenes dictatoriales existentes en América del Sur y Central: Violeta Parra, Atahualpa Yupanqui, Víctor Jara; Parra realiza además una labor de investigación, recopilación y difusión de músicas tradicionales y populares que han sido marginadas por los gobiernos. Por su proximidad geográfica y cultural, en un caso, y por el empleo de un idioma compartido, los autores franceses y sudamericanos influyen sobre los autores españoles que a finales de los 50/comienzos de los 60 empiezan a cantar y escribir letras. Ven en estos referentes algo completamente distinto de todo lo existente entonces en España.

En España, en 1959, Lluis Serrahima escribe un artículo para la revista Germinàbit, "Els calen cançons d´ara", en donde dice: "Es precisamente en los momentos difíciles cuando han nacido muchas canciones que el pueblo transformó en oraciones colectivas (...) Se trata, pues, de que aparezcan canciones de este momento nuestro".

La nueva canción/canción protesta

La pregunta de Serrahima, "¿Qué hacen los músicos que ahora son jóvenes?" tiene varias respuestas. Una de ellas vendrá de la mano de la nova canço. El principal rasgo de la nueva canción va a ser su carácter de oposición respecto a las formas musicales dominantes en la época, como son la canción española o nacional-flamenquismo1y, con algunas excepciones (Baez,

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Dylan...) la música, formas y contenidos de la música anglosajona (pop, jazz, rock, folk) que ha ido invadiendo el panorama musical. A ambos tipos de canción se les acusa de enajenadoras, de ser difundidas con muchos medios por el sistema establecido para entretener a las masas y que éstas se olviden de sus problemas y sus raíces culturales en la España del desarrollismo y la emigración.

La nueva canción comienza como movimiento de rechazo a esas músicas y como forma también de protesta frente a la centralización del modelo territorial del Estado franquista, el trato discriminatorio que el régimen de Franco ha dado a las culturas regionales y la uniformidad cultural impuesta desde instancias oficiales, con escasas...

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