De las obligaciones que nacen de delinquir

Autor:Francisco Samper
Páginas:309-327

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  1. Pasemos ahora a considerar las obligaciones que nacen por delinquir, como son las de quien cometiera hurto, arrebatara bienes, ocasionara daño, cometiera injurias. Todas estas obligaciones son de un solo género, en tanto que entre las que se contraen, distinguimos cuatro géneros, según ya hemos visto.

  2. Servio Sulpicio y Masurio Sabino dijeron que había cuatro tipos de hurto: flagrante y no flagrante, encontrado y transferido. Labeón, dijo dos: flagrante y no flagrante, ya que el encontrado y transferido son más una clase de acción en relación con el hurto que tipos de hurto, lo que parece más cierto, como veremos luego.

  3. Algunos dijeron que hay hurto flagrante cuando se descubría al ladrón mientras lo realizaba. Otros dijeron que también cuando era sorprendido en el lugar donde se efectuaba, como si se cometiera hurto de olivas en un olivar, o uvas en una viña, en el momento en que estuviera el ladrón en ese olivar o en esa viña; o si se cometiera hurto en una casa mientras estaba el ladrón en ella. Otros dijeron que había hurto flagrante cuando el ladrón lleva el objeto hurtado y no lo ha dejado aun donde se proponía. Otros, que era cuando fuera descubierto el ladrón con la cosa en la mano, opinión que no prevaleció. Y la de quienes decían que era aquel en que se descubría al ladrón llevando el objeto donde se proponía, no parecía acertada, ya que puede haber duda acerca de si lo debía realizar en un solo día o en más; y porque con frecuencia los ladrones deciden llevarse a distintas ciudades o provincias las cosas robadas en otras ciudades. De las dos primeras opiniones expuestas, una u otra se acepta; si bien, la mayoría sostiene la segunda.

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  4. Y de lo que se ha dicho, se entiende qué es un hurto no flagrante; el que no es flagrante, es no flagrante.

  5. Se llama hurto encontrado cuando en presencia de testigos se busca y encuentra el objeto robado en casa de alguien; contra ése, aunque no fuera el ladrón, se instituyó una acción particular que se llama “concepti”.

  6. Se llama hurto transferido cuando alguien te transfiere una cosa robada, y ésta es encontrada en tu poder; lógicamente, si se te dio con intención de que se descubriera en poder tuyo y no en poder de quien te la dio. A ti, en cuyo poder se halló la cosa, te es otorgada contra aquel que te la dio, aunque no sea el ladrón, una acción particular llamada “oblati”.

  7. Hay, además, una acción de hurto ocultado contra aquel que oculta el objeto robado oponiéndose al registro.

  8. La ley de las XII Tablas castigaba con la pena capital el hurto flagrante. En efecto, si era hombre libre, se le azotaba y entregaba a quien le había robado, pero discutían los antiguos si quedaba como esclavo o si se consideraba adjudicado. Si se trataba de un esclavo, se le castigaba con azotes igualmente. Pero después se condenó la dureza de este castigo, y en el edicto del pretor fue instituida una acción por el cuádruplo, tanto para el esclavo como para el hombre libre.

  9. La ley de las XII Tablas castiga con el doble el hurto no flagrante, castigo que también conserva el pretor.

  10. Y el hurto encontrado y el transferido; con el triple: también en este caso coincide el pretor con la ley.

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  11. La acción de hurto ocultado que condenaba con el cuádruplo fue introducida por el edicto del pretor. No dispuso la ley ningún castigo para este caso: únicamente prevé que el que quiera buscar, busque desnudo, vestido con un licio, sosteniendo un plato; si encontraba algo, dice la ley que el hurto es flagrante.

  12. Se preguntó qué era un licio. Y parece ser que era una especie de ropa cosida, con la cual se cubrían medio cuerpo. Esto es totalmente ridículo, ya que el que impide buscar a quien va vestido, también lo impedirá a quien va desnudo, tanto más si una vez buscada y encontrada la cosa de esta forma, es sometido a mayor castigo. También es absurdo mandar sostener un plato, sea para que con las manos ocupadas no pueda coger nada, sea para poner en él lo que encontrara, pues era factible que se encontrara algo de tal naturaleza y tamaño que ni podía cogerse ni colocarse en...

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