Reconversión económica de León y estructura socio-institucional para la innovación y apropiación del conocimiento

Autor:Carlos Téllez Valencia/Leticia Mejía Guadarrama
Páginas:281-301
 
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Introducción

En los años noventa, autores como Méndez, Caravaca y Castells planteaban desde España tendencias económicas que en México resultaban todavía complicadas de entender (Méndez y Caravaca, 1996; Castells, 1997). Hablaban de nuevos o renovados sectores económicos en expansión que en adelante serían la base de una revolución económica: sectores como el financiero, la industria auto-motriz, la petroquímica o el Internet (entonces denominada “la súper carretera de la información”), entre otros.

Hoy en día, no obstante que puede ser discutible la dimensión de “revolución” económica, en México es claro a qué se referían aquellos autores. Del Internet no queda duda del amplio espectro que abarca como tecnología y servicio: acceso a movimientos bancarios, pagos a la tesorería municipal por servicios públicos, acceso a foros públicos (videoconferencias, redes sociales virtuales, entre otros), bases de datos de gran volumen (información censal, cuentas nacionales, revistas y libros electrónicos, bibliotecas virtuales, entre otras), entre una vasta gama de posibilidades. Respecto a sectores como el automotriz o el petroquímico, los dos grandes sucesos de reestructuración económica en México se localizan en el estado de Guanajuato y en Altamira (Tamaulipas). El primero, acogiendo a la industria automotriz; el segundo a la petroquímica. Ambos con especial dinamismo desde mediados de los años noventa y con visibles impactos territoriales.

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El hecho de que autores como Méndez, Caravaca y Castells hayan advertido desde los años noventa de procesos productivos que finalmente se incorporaron a países como México, son muestras del carácter global y del efecto territorial que alcanzan algunos de los principales rubros económicos. Adicionalmente a estos hechos, en México cobraron vigor los estudios basados en la innovación y el conocimiento, justo en un momento histórico en el que las ciudades comienzan a dejar de ser industriales, para orientarse más hacia los servicios al productor, ubicados éstos hacia las zonas rurales, de lo cual, Guanajuato también es un buen ejemplo.

Por su parte, el estado de Guanajuato (junto con el Bajío) ha mantenido el título del “granero de México”, mientras que León el de ciudad industrial del calzado; sólo que en últimos años es notoria la reconversión económica en toda la región, orientada hacia la producción automotriz, electrónicos, electrodomésticos y de prendas de vestir, entre los más relevantes.

El actor institucional resulta esencial en un ambiente de innovación y apropiación del conocimiento, y puede estar constituido por el gobierno local y sus instituciones, los centros de transferencia de conocimientos y tecnologías (universidades, tecnológicos y consultorías), así como por grupos sociales organizados.

En este marco, el presente trabajo explora la construcción de la estructura socio-institucional del gobierno local que acompaña y estimula la reconversión económica y el ambiente de innovación de León, Guanajuato, apoyado de ciertos ejes rectores tales como el fomento de proyectos de tecno-parques industriales, apoyo a los servicios de educación superior y nuevas profesiones universitarias, procesos de mejoras de la administración pública, o el fomento del turismo para negocios, entre otros.

Para esto, este trabajo se apoya del concepto “ambiente de innovación” como método no necesariamente cuantitativo y más amplio que la innovación tecnológica,1ya que si bien las variables se pueden medir numéricamente, también es enriquecedor saber cualitativamente ¿Quiénes están siendo los principales precursores de la reconversión económica de León?, ¿cuándo inició?, ¿qué políticas públicas se han instrumentado y cuáles han sido los resultados? De esta manera también es posible detectar los problemas y debilidades que deben atenderse en adelante.

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Ambiente de innovación y apropiación del conocimiento

La innovación es entendida como una mejora que se introduce en el sistema productivo o en los ámbitos sociales o institucionales; en la idea de un mayor desarrollo cuantitativo y cualitativo de las fuerzas productivas, y un reforzamiento de la relación producción-conocimiento (Méndez, 2000: 28); y que sustenta la creación de un ambiente innovador.

Entre los elementos que componen un medio innovador se encuentran interrelacionados: a) el conjunto de actores (empresas, instituciones públicas, sindicatos y asociaciones, centros educativos y de investigación entre otros) con capacidad de decisión; b) la serie de recursos materiales (establecimientos industriales y de servicios, infraestructuras técnicas, patrimonio urbano) e inmateriales (saber hacer, herencia cultural, cohesión social) que son propios del área en cuestión; c) una lógica de interacción, por la que se establecen relaciones de cooperación formales e informales entre actores y existe cierta capacidad/hábito de llegar a acuerdos; y d) una lógica de aprendizaje o capacidad de los actores para modificar su comportamiento a lo largo del tiempo con objeto de adaptarlo de forma flexible a los cambios del entorno (calificación y reciclaje de empresarios y trabajadores en la idea del saber hacer), así como una trayectoria tecnológica común, que favorece la difusión rápida de conocimientos, junto a unas normas de actuación aceptadas colectivamente (Méndez, 2000: 36-37; Caravaca y colaboradores, 2002: 41; Albertos y colaboradores, 2004: 26).

Las razones por las cuales algunos territorios evolucionan a medios innovadores, tienen sus bases en un contexto estructural definido por la globalización y la revolución tecnológica, pero además en un entramado territorial (económico, social, laboral, histórico y cultural) que propicia el surgimiento y difusión de las innovaciones: acumulación de conocimientos técnicos derivados de una cierta tradición artesanal, recursos humanos con alto nivel de formación, existencia de instituciones académicas y tecnológicas, o servicios avanzados, capital de riesgo, experiencia de trabajo en común, el sentido de pertenencia al lugar, así como la defensa de valores culturales y patrimoniales, todo lo cual puede reforzar las señales de identidad locales, generar un cierto clima de confianza mutua y favorecer proyectos en común. Condiciones que son generadas y fomentadas por agentes locales privados y públicos a través de las diversas relaciones que establecen (Méndez, 2000: 38), relaciones que se traducen en capital social, capital intelectual y/o redes socio-institucionales.

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El capital social se puede definir como el conjunto de valores e identidad compartida que contribuye a la constitución y funcionamiento de redes sociales y empresariales de cooperación basadas en la confianza mutua por la que puede circular información relevante. Mientras que el capital intelectual y conocimiento precisa que éste es reproducible, acumulativo, es tanto un recurso para la innovación como un producto de ella. Hay dos tipos de conocimiento: 1) el codificado y cosmopolita, en el que se basan tecnologías muy maduras o productos altamente estandarizados; 2) el enraizado localmente, incorporado en organizaciones y agentes locales, y que sólo es reproducible y comprensible utilizando convenciones y relaciones locales; es el conocimiento tácito equivalente al saber cómo y al saber quién, su adquisición no se realiza en el mercado sino de la participación en redes locales que propician la circulación de información y el conocimiento compartido (Albertos y colaboradores, 2004: 32-40).

El conocimiento tácito también puede obtenerse por los proveedores y el entramado institucional que conforman universidades, centros de formación, centros de investigación, institutos tecnológicos o empresas de servicios avanzados. El conocimiento se diferencia de la mera información, ya que evoca la capacidad para procesar, interpretar y dar sentido a la información, situándola en un contexto más amplio y dotándola de utilidad práctica.

Por su parte, las redes socio-institucionales están compuestas por aquellas instituciones públicas, centros de transferencia tecnológica y de formación y representantes de la sociedad civil que intervienen activamente en la dinamización de las economías locales (Albertos, y colaboradores, 2004: 44). Además, otro tipo de instituciones se refieren a aquellos aparatos “instituidos” por los miembros de la comunidad o del sistema de empresas luego de un tiempo de sostener las relaciones correspondientes, de tal manera que el capital social, el capital intelectual y de conocimiento, la solidaridad, o la confianza, entre otras, llegan a constituirse como instituciones dentro de dichas redes socio-institucionales.

Ahora bien, el hecho de que las economías locales estén inmersas en el contexto de la globalización les significa una influencia cada vez más patente de grupos industriales o de distribución externos al territorio, a veces transnacionales. Esta influencia es vista por algunos como positiva al generar efectos de inducción a escala local cuando las empresas del área se convierten en proveedoras, pues además de poder provocar un incremento en la demanda y el empleo, las grandes firmas a veces también incentivan las innovaciones entre sus proveedores. Pero como contrapartida, tampoco debería olvidarse que los sistemas locales pueden llegar a desarticularse por las presiones ejercidas desde el exterior, sobre todo cuando las grandes empresas integran a un elevado número

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de empresas más pequeñas en sus propias redes, aislándolas del entorno próximo y frenando cualquier perspectiva de cooperación en el ámbito local, o some-tiéndolas a una excesiva dependencia de decisiones ajenas a su control (Méndez, 2000...

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