Prefacio

Autor:Rafael Ramis Barceló
Páginas:13-22
 
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Alasdair MacIntyre es un autor conocido y reconocido en el ámbito de la Filosofía, en particular entre los cultivadores de la Filosofía moral y política. Su dominio del derecho, a diferencia de otras disciplinas, es más bien tangencial, aunque no puede decirse lo mismo de los fundamentos históricos, filosóficos, sociológicos y politológicos del derecho.

De hecho, esta es, tal vez, la mayor riqueza de la obra del profesor escocés, pero también su mayor dificultad, pues exige del jurista variados conocimientos interdisciplinares y no pocas nociones de metodología de las ciencias sociales. MacIntyre puede resultar inasible para muchos lectores que, por lo general, bien acaban por plegarse a sus juicios, o bien los tachan de cambiantes y desordenados.

Cabe decir, como rasgo general, que Alasdair Maclntyre es un filósofo muy singular, si se le compara con otros miembros de su generación: en su biografía conviven -y a veces, coexisten- los rasgos más sobresalientes de las tradiciones analítica, marxista y continental que, salvando las distancias, definen los intereses filosóficos del siglo XX. En Maclntyre se puede ver, en toda su riqueza y también en su crudeza, los avatares de la filosofía del siglo XX, así como también la falta de diálogo entre tres tradiciones que, con contadas excepciones, se han ido encerrando en un ámbito cada vez más dogmático e hiperespecializado.

Creo que el profesor escocés tiene casi siempre las mismas preocupaciones, pero su vasto repertorio de métodos y disciplinas hace que se encuentren en un proceso continuo de cambio: es un mottoperpetuo, una continua indagación en las mismas cuestiones, desde ángulos distintos y haciendo frente a las respuestas de sus amigos, compañeros y detractores.

Su evolución filosófica puede resumirse mostrando que desde joven ha sido un autor protoaristotélico, aunque primero lo fue de manera

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más inconsciente, y después de forma más deliberada. Su transición hacia el tomismo no es sino un modo particular de avanzar en su visión pro-toaristotélica y de enriquecer unas ideas que ya estaban in nuce en los años sesenta y setenta, tal y como podrá verse en los capítulos siguientes.

El libro intenta mostrar que MacIntyre no puede tratar temas jurídicos hasta que consigue resolver el problema de las razones para actuar. Parte de un respeto escrupuloso hacia la metodología analítica y hacia la filosofía de Kant, que separa conocimiento y decisión, ser y deber ser, razón teórica y razón práctica. Toda la obra de juventud está destinada a mostrar que dicha escisión puede superarse desde los presupuestos de la tradición filosófica prekantiana (de Sócrates a Hume) o bien desde la pos-tkantiana (Hegel y Marx).

Descartada la última por su reduccionismo explicativo, sólo queda la primera. MacIntyre se dedica a mostrar como (casi) todos los autores desde Sócrates hasta Hume piensan sobre el hombre de carne y hueso, sujeto a deliberaciones, pasiones o afectos, que constituyen un antecedente explicativo de su acción. Para el escocés, todos estos filósofos defienden que la razón humana delibera, razona o siente y que es capaz de explicar sus actuaciones a través de estos antecedentes.

Desde Kant, todos estos antecedentes existen, pero no deben tomarse en cuenta a la hora de explicar la actuación. El sujeto debe ser totalmente libre de cualquier antecedente que pueda influir en su decisión y ésta debe tomarse en base a criterios meramente formales, tales como el imperativo categórico o las máximas de la experiencia que, en su caso, lo desarrollan.

Maclntyre se opone a esta filosofía de cuño subjetivista, porque considera que a partir de Kant y de Reid (hacia 1780) el discurso filosófico empieza a perder como referente al ser humano de carne y hueso y toma como punto de discusión al sujeto trascendental, de manera que la antropología y la psicología no versan sobre un ser humano real y existente, sino sobre un sujeto inexistente.

De ahí que es necesario entender el problema de las razones para la acción como una cuestión que debe tratarse desde un punto de vista analítico e histórico a la vez. En los capítulos 1 y 2 de este libro se analiza la cuestión de las razones para la acción como la pregunta principal que MacIntyre intenta contestar a lo largo de su juventud. El análisis de la obra de Hume, de Marx y de los filósofos analíticos del siglo XX permite

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encontrar una serie de antecedentes que cristalizan en su formulación de la ética y del derecho natural.

En concreto, las obras de Anscombe, Von Wright y Hart permiten a Maclntyre una aproximación a una tertia via entre Wittgenstein y Aristóteles que acaba siendo el centro de su filosofía de la acción y la clave para encontrar finalmente unas razones para actuar en la búsqueda de los "bienes internos a las prácticas", tal y como puede verse en los capítulos 3 y...

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