Las razones para la acción (1955-1970)

Autor:Rafael Ramis Barceló
Páginas:63-111
RESUMEN

2.1. Las esferas del debate intelectual - 2.1.1. La ética analítica emotivista - 2.1.2. El prescriptivismo - 2.1.3. Lafilosofia de la acción - 2.1.4. El marxismo británico - 2.2. Las preguntas de Maclntyre - 2.3. Las respuestas y los debates - 2.3.1. El debate is-ought - 2.3.2. Las razones para actuar - 2.3.3. La acción y la ideología - 2.4. Conclusiones

 
ÍNDICE
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La biografía intelectual que el propio MacIntyre ha reconstruido en las últimas décadas divide su vida en tres etapas, siguiendo un esquema muy clásico, de reminiscencias agustinianas: después de una juventud confusa, sus ideas entraron en crisis y ésta no se resolvió hasta que abrazó el aristotelismo y el catolicismo. Este punto de partida es común a todas -o a casi todas- las obras escritas sobre MacIntyre, y no merece la crítica de los expositores1.

En este capítulo se intentará mostrar, de entrada, las tres tesis siguientes: por un lado, la obra temprana de MacIntyre tiene un interés mucho mayor del que el propio autor está dispuesto hoy a asumir; por otro, las preguntas que MacIntyre se formuló en su juventud son, en esencia, las mismas que ha continuado planteándose durante el resto de su vida; por último, que la obra temprana de Maclntyre tenía ya un aristotelismo latente. Para argumentar estas tesis es necesario examinar los escritos de juventud. Sin embargo, de entre ellos sólo estudiaré aquellos escritos que tienen una importancia directa para la justificación de una "filosofía de la acción humana", ya que es la base para el estudio de las conexiones de la ética con el derecho en la obra de este profesor escocés.

Ya he explicado en el capítulo anterior que Maclntyre no es un "filósofo del derecho", pero sí un "filósofo moral" que intenta justificar las razones sobre las que construir su propuesta conceptual. Si nos detenemos a estudiar estas cuestiones, por tanto, no es para analizar cuáles son los argumentos iusfilosóficos de Maclntyre, sino para conocer su funda-mentación de la moral.

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A priori, podría pensarse que esta fundamentación de la moral no tiene ningún interés para el estudio de la filosofía del derecho, una materia que no toca nunca de forma explícita. Sin embargo, el proyecto ético de MacIntyre, que cristaliza a partir de los años ochenta en un estudio más o menos sistemático de la filosofía del derecho y del derecho natural, tenía ya en los años cincuenta y sesenta una serie de problemas morales (y, por lo tanto, anteriores a la fundamentación del derecho) que debía resolver.

El estudio de la filosofía del derecho y del pensamiento jurídico en la obra de MacIntyre empieza necesariamente en el análisis de los presupuestos "filosóficos" de la ética, ya que el derecho es una consecuencia [un corolario) de su visión filosófica y no el tema central de su obra. Puede decirse que toda "filosofía jurídica" necesita de unos presupuestos previos que intenten explicar cuáles son las bases del comportamiento humano.

En sus primeras obras, MacIntyre intenta contestar esencialmente a una pregunta: ¿cuáles son las razones que tiene el ser humano para actuar?2 Maclntyre intenta explicarlas a través de un estudio de la filosofía de la mente y de la acción, pues necesita encontrar un fundamento que permita superar la escisión entre la epistemología y la ética3.

En la obra del joven MacIntyre (1955-1970) el derecho es una parte muy tangencial de la discusión política y casi nunca se llega a estudiar a fondo el tema. Lo que en verdad preocupa al profesor escocés son los fundamentos de la actuación humana. A diferencia de lo que proclama ahora el propio MacIntyre, las tesis que sostuvo en los años cincuenta y sesenta no son esencialmente contradictorias con su pensamiento actual, ni mucho menos esbozos de juventud de unas cuestiones mal enfocadas. El núcleo de la obra de MacIntyre se encuentra en el estudio histórico y comparado entre la filosofía antigua y la filosofía moderna. Mientras que los pensadores clásicos (y paradigmáticamente Sócrates) mantenían una

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unión entre el conocer y el obrar, los Modernos habían separado la esfera de lo teórico y la de lo práctico.

La pregunta acerca de las razones para actuar debe entenderse en su contexto de descubrimiento: el pensamiento anglosajón posterior a la Segunda Guerra Mundial, con unas corrientes muy definidas, que inciden claramente en la formación intelectual de MacIntyre. Destacaría principalmente cuatro: tres de ellas, estaban vinculadas a la filosofía analítica y una al marxismo.

Desarrollaré una breve exposición de las mismas: a) el desarrollo de una ética analítica posterior a Moore, que había intentado mostrar el sinsentido de las proposiciones éticas, b) el rebrote, matizando a la anterior, de la ética deontológica, que intentaba postular, en el seno de la filosofía analítica, una moral del deber sin que éste se derivase de la razón pura, c) la filosofía de la acción y de la intencionalidad, elaborada a partir de la obra de Wittgenstein y de Ryle, y desarrollada principalmente por E. An-scombe y, por último, d) el marxismo británico, de carácter historicista, que buscaba una ética vinculada con la política, en la que el compromiso y la revolución fuesen herramientas para la emancipación del pueblo.

2.1. Las esferas del debate intelectual

Conviene detenerse en estas corrientes, para conocer algo mejor sus aportaciones y las preguntas que generaban en los medios intelectuales. Me centraré, a lo largo de la siguiente exposición, en los presupuestos del debate acerca de las razones para la acción, en su perspectiva tanto desde la corriente analítica como desde la marxista.

2.1.1. La ética analítica emotivista

Sintetizando, para la ética4 analítica de corte mooreano, la falacia naturalista demostraba el error en el que había incurrido la ética antigua, medieval y moderna. La derivación del deber-ser del ser era un error que se había producido desde Grecia y que, por lo tanto, generaba desde entonces un discurso ético incorrecto desde el punto de vista lógico que lle-

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gaba hasta Hume5. Los seguidores de Moore, aún más que el propio Moo-re, despacharon con gran rapidez los problemas de la ética, tachándola de discurso equivocado conceptualmente. Desde luego para esta corriente la historia de la ética era la narración de un gran disparate, ya que todos los autores habían caído en semejantes errores6.

La ética, según los pensadores de esta corriente, debía estar impregnada del emotivismo de carácter humeano. No puede existir un "discurso filosófico" sobre la ética ya que su objeto (lo bueno) no puede ser definido. Tampoco puede existir un discurso sobre lo que debe hacerse, ya que no hay ninguna guía para actuar. Sólo hay emociones, y los sentidos son el único medio para orientarnos en nuestra actuación ética. Esta idea, extendida radicalmente, puede verse en la obra de Ayer7 y —más matizadamente- en la de Stevenson8.

Para Moore "lo 'bueno' es una noción simple, que puede conocerse empíricamente. "El Bien", como concepto, no puede definirse ya que es un concepto metafísico, pero en cambio podemos conocer lo bueno, si lo equiparamos (empíricamente) a lo útil, lo correcto, lo placentero... Moore, por lo tanto, defiende el utilitarismo como la articulación de una manera en la que uno puede razonar éticamente en base a proposiciones no metafísicas9.

Es en este punto donde la ética se relaciona con las razones para actuar. Cuando surge el cuestionamiento práctico acerca de lo que debo hacer, el sujeto -según Moore- debe basar siempre su decisión (su razón para actuar) en la posibilidad de que la acción conlleve algo bueno o útil: "lo correcto es lo que produce un mayor beneficio". De aquí se sigue que "lo bueno", "lo correcto" y "lo útil" se equiparen, y que la determinación final sea un tipo de intuición.

Para Ayer, explicando sus ideas muy brevemente, sólo hay dos clases de proposiciones: las analíticas (que expresan las verdades necesarias

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de la lógica y las matemáticas) y las sintéticas (que expresan "cuestiones de hecho"). Las segundas deben ser comprobables de forma empírica; si no lo son, pueden considerarse pseudoproposiciones sin sentido, ya que carecen de significado literal.

Las proposiciones éticas no pueden ser comprobadas empíricamente, de manera que son pseudoproposiciones sin sentido y no pueden servir como fundamento lógico de la acción práctica. Según Ayer hay que postular que las proposiciones éticas son meramente emotivas en sí mismas, y que no añaden (ni tampoco quitan) nada a la realidad del mundo. La ética, por lo tanto, queda reducida a la expresión de las emociones del sujeto, y es subsumible en la sociología y la psicología. Desde luego, frente a Kant y a toda la filosofía anterior, no puede hablarse de la ética como una disciplina normativa.

Sin duda, el autor que más influyó en Maclntyre fue Stevenson, autor de una presentación sistemática de la ética "emotivista", que corrige en buena parte a sus predecesores Moore y Ayer. No en vano, MacIntyre dedicó su tesina al análisis de la obra de Stevenson en comparación con las de Moore y Ayer10.

Charles Stevenson, en su obra más significativa11, parte de la distinción entre hechos y valores. En ella intenta desvelar la diferencia en el campo de la ética refiriéndose a la distinción entre las creencias y las actitudes. Las primeras serían propias de la esfera de los hechos, mientras que las segundas pertenecerían a los estados psicológicos de aprobación o desaprobación12. Este autor intenta descubrir las relaciones entre las creencias (o fundamentos epistemológicos) y las actitudes (la acción) y muestra que el razonamiento ético es siempre mínimo y que las razones para actuar son prácticamente inexistentes.

Stevenson continúa por la senda de Moore y de Ayer en el análisis de bueno y los problemas para definirlo. Dos de los tres puntos que exige de una teoría ética verdaderamente completa y satisfactoria son, por un lado, una explicación...

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