Conclusiones

Autor:Rafael Ramis Barceló
Páginas:427-447
 
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1. Razones para actuar y liberalismo

En los años cincuenta y en los sesenta, MacIntyre está muy interesado en el divorcio entre razón teórica y razón práctica. Dicha brecha resulta muy problemática para articular "razones para actuar". Su posición ya entonces está muy cerca de Aristóteles y del segundo Wittgenstein y sus autores de cabecera son seguidores de uno u otro, o bien de ambos (entre ellos, cabe mentar a Anscombe, Von Wright y Hart).

En esta época, MacIntyre anda buscando también una respuesta a su modelo explicativo en las obras de Marx y de Hegel. Marx elabora una interpretación de las razones como un compromiso político, una vinculación con la praxis. Hegel está interesado en explicar la acción como el desarrollo histórico del espíritu y muestra que hay ciertas diferencias entre antiguos y modernos. MacIntyre se percata en aquel momento de que, ciertamente, los griegos tenían razones para actuar y los modernos carecían de ellas. MacIntyre entiende que la Ilustración y la pujanza de las ciencias naturales habían reducido la explicación de la acción a un modelo conductista, basado exclusivamente en las causas, que no era válido para las ciencias sociales.

Como es sabido, Wittgenstein distingue entre causas y razones y MacIntyre, siguiéndole a él y a su discípula Anscombe, considera que para explicar la acción es necesario un proceso de deliberación. La concepción fenomenológica ayuda a superar el dualismo de los científicos y de los positivistas que separan la acción de la historia y creen que la ciencia sólo se limita a la observación y a la descripción. MacIntyre, al contrario, siguiendo al segundo Wittgenstein, cree que la acción está ejecutada (y descrita) por un sujeto, al igual que las prácticas socialmente constituidas no pueden ser separadas del contexto en las que se producen.

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Para Maclntyre, desde su obra A Short History ofEthics (1966) el problema de las razones para la acción exige una aproximación histórica y lingüística. MacIntyre busca estudiar el lenguaje de la ética a través de los diferentes períodos y su análisis demuestra que hay una brecha entre antiguos y modernos que ni el conductismo ni el compromiso marxista pueden explicar. A partir de A Short History ofEthics, Maclntyre sabe que existe una diferencia histórica en el lenguaje de la ética, pero carece de una teoría adecuada para explicarla.

La pérdida de la narrativa en la historia puede verse, según MacIntyre, en la pobreza del lenguaje de la política, de la moral y de la justicia en la Modernidad. El contraste entre Antiguos y Modernos muestra la falta de contexto del léxico moderno y que deber y acción están separados de la Historia. El análisis del lenguaje ético y político revela que el liberalismo disocia de las razones para la acción de su contexto. A partir de las obras de Hobbes y Kant, la atomización moral y política del individuo provoca una pérdida del sentido de comunidad.

La pérdida del contexto lingüístico en una comunidad lleva a MacIntyre a defender una interpretación histórico-hermenéutica a partir del concepto de tradición, de manera que las razones para actuar pasen a entenderse en clave hermenéutica. El escocés cree que para entender las acciones de las personas es necesario empezar con el análisis del sistema de creencias en las que se refleja el lenguaje compartido. Las razones para la acción toman sentido sólo bajo un conjunto de referencias morales que no son "razones éticas" de aplicación universal, sino de uso particular o grupal.

Para MacIntyre, las razones para la acción empiezan primero como deseos e intenciones del agente (las cuales pueden ser explicadas sólo en el contexto de las creencias compartidas) y luego, a partir de la aplicación del silogismo práctico de Aristóteles (que comparte también con Von Wright), se llega a la conclusión de que el hombre debe actuar. Con ello, MacIntyre intenta vincular las ideas de Wittgenstein (reglas sociales) con la fenomenología y la razón práctica de Aristóteles.

MacIntyre cree que el liberalismo está equivocado al considerar que el hombre es esencialmente autónomo y que su acción está separada de su conocimiento. La ciencia, en el entramado conceptual del liberalismo, considera que las razones y las intenciones del agente no tienen ninguna relación con el resultado que se obtiene y que la ciencia social

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debería limitarse, al igual que la natural, a describirlas acciones y a buscar las causas a partir de los efectos.

En contra de esta visión, en los años setenta MacIntyre cree haber determinado un método nuevo, siguiendo al segundo Wittgenstein. Considera que las razones para actuar no son mecánicas sino que el sujeto actúa racionalmente si es capaz de narrar (explicar) sus propias deliberaciones. La explicación toma sentido sólo en el contexto en el que un grupo de hablantes puede entenderse.

Por el contrario, las ciencias sociales -en las últimas décadas-más que buscar una narrativa, intentan conformarse con la asepsia del liberalismo. Para MacIntyre, la teoría liberal aprueba e incluso contribuye a que las ciencias sociales (y la historia en particular) no hallen una jerarquía causal. La ideología liberal-burocrática, según el escocés, se alia con la ciencia para deshumanizar la explicación histórica y social. El liberalismo, aliado con el reduccionismo de la ciencia moderna, permite en su ahistoricismo que toda obligación se tome como un simple imperativo.

MacIntyre propone una visión de las razones para la acción de acuerdo con la ética griega, vinculando las acciones con las intenciones y los propósitos, de manera que se enlace también la historia y su contexto. El autor sostiene que la razón es lo que permite una explicación causal de la historia: así, la teleología de carácter aristotélico es capaz de dar sentido y explicación a la historia, incluyendo también los cambios y las revoluciones en el seno de una misma tradición.

Sólo a través de de una racionalidad falsable y narrativa pueden explicarse las razones para la acción como parte de una comunidad que da relevancia al intento, al deseo o a la deliberación. A falta de una narrativa racional, de acuerdo con Maclntyre, sólo existen imperativos, acciones egoístas y una proliferación de normas jurídicas sin soporte moral. Hay que incardinar el deber en una tradición narrativa y así el sujeto puede explicar (a sí mismo y a los demás) por qué actúa. Las historias tienen que ser evaluadas por otros y, para ello, tienen que ser explicadas y compartidas en términos racionales (tal y como exigen Popper y Kuhn).

Si se añaden a A Short History ofEthics algunas consideraciones sobre el lenguaje del liberalismo, la percepción fenomenológica de la tradición y de la narrativa, así como la justificación epistemológica de la metodología de la ciencia, MacIntyre tiene todos los elementos para dar una respuesta a las razones para la acción. Juntando las ideas anteriores, Mac-

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Intyre concluye su explicación histórica de la actual falta de razones para la acción sosteniendo que en nuestra época vivimos una sociedad moral-mente fragmentada y que sus miembros tienen muy poco en común con los demás. Por el contrario, la sociedad está basada en un frágil acuerdo de voluntades (que es político y no moral). Por ello, existe una auténtica proliferación de normas legales y de pleitos, pues la doctrina liberal ha favorecido una atomización tan absoluta del sujeto que, sin una continua remisión al derecho, no puede articular su convivencia.

En la época moderna, de acuerdo con el ascenso del liberalismo, se pasa de una comprensión moral del derecho (que permite la presencia de unos derechos naturales de la persona) a una comprensión política del derecho (usada para proteger instituciones, las libertades políticas y la propiedad). Para Maclntyre, al final del XVIII se da una transición desde una antropología basada en la persona de carne y hueso a una antropología trascendental, basada en el sujeto trascendental. Ambos modelos (político y antropológico) implican la pérdida de la moral y de la antropología natural en el marco político, y dichos cambios tienen su manifestación en el positivismo jurídico.

La subordinación del derecho a la política permite el ascenso del positivismo, que aspira a una justicia sólo en un sentido formal. El liberalismo, en definitiva, no entiende la justicia como una virtud ética, sino como un estándar político. Las obras de Rawls y Dworkin muestran la naturaleza política de la justicia, pero sólo en una visión puramente formal. El derecho depende de unos criterios técnicos, basados en intereses políticos, y no tiene ninguna relación con la ética ni con la antropología.

Para MacIntyre, el liberalismo se centra en una visión formal del derecho, que sólo garantiza libertades formales, ideales, abstractas. No es capaz de resolverlos desacuerdos morales porque no entra en el contenido material de los mismos. He aquí la causa de la proliferación los desacuerdos morales irresolubles. Para MacIntyre, la solución de los mismos debe pasar por el estudio de la antropología y de las inclinaciones morales. Así, siguiendo a Aristóteles y a Tomás de Aquino, es necesario restaurar las virtudes naturales propias para resolver dilemas y desacuerdos morales.

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2. Los caminos hacia el derecho natural

Maclntyre, a finales de los setenta y comienzos de los ochenta, cree haber resuelto el problema de las razones para actuar a través de una comprensión histórica. Para él, Aristóteles es el único filósofo capaz de sobreponerse al nihilismo actual, e incluso a la crítica que hizo Nietzsche a la ética occidental. La obra de Aristóteles sirve...

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