Nivel de calificación: las certificaciones

Autor:Samuel Alberto Mantilla Blanco
Páginas:347-378

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El objeto de la educación es formar seres aptos para gobernarse a sí mismos, no para ser gobernados por los demás.

Herbert Spencer

Resumen

El argumento central de este capítulo está en la distinción entre autonomía universitaria y autonomía profesional. Insiste, también, en otras diferenciaciones: (1) entre las buenas prácticas generalmente aceptada, los estándares internacionales y las certificaciones para contadores profesionales; (2) entre educación de pre-grado (universitaria), por un lado y ‘desarrollo profesional inicial’ y ‘desarrollo profesional continuado,’ por el otro, y (3) entre educación y entrenamiento de contadores.

Objetivos:

Después de leer este capítulo, usted debe ser capaz de:

  1. Tener claro qué es autonomía universitaria y qué es auto-nomía de la profesión.

  2. Diferenciar entre buenas prácticas generalmente aceptadas, estándares internacionales y certificaciones para contadores profesionales.

  3. Analizar por qué es importante la educación de pre-grado como base para el desarrollo profesional inicial y el desarrollo profesional continuado.

  4. Distinguir entre educación y entrenamiento de contadores.

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    Qualyfication [calificación, eliminatoria], una palabra tan usada y querida cuando se trata del sueño de ir al mundial de fútbol, pero tan rechazada cuando se trata de aplicar los estándares internacionales de educación para contadores.

    Tal y como ocurre con todos los temas relacionados con los estándares internacionales, surgen posiciones diferentes derivadas del enfoque anglosajón o del enfoque latino.

    En el enfoque anglosajón no hay tantos pregrados como entre nosotros. Existen solo los de ciencias, leyes, artes y negocios. Por eso les queda tan fácil diferenciar entre los conocimientos básicos y los conocimientos aplicados (profesionales). Una persona que tenga el pregrado accede a su especialización (major o concentración) y luego a su certificación. De esta manera, es fácil entender por qué los estándares internacionales de educación para contadores profesionales diferencian, por una parte, entre educación de pre-grado y entrenamiento profesional, y por otra entre ‘desarrollo profesional inicial’ y ‘desarrollo profesional continuado.’ Esto hace que la preparación para desempeñar roles profesionales sea un asunto competitivo que tiene que ser evidenciado y demostrado.

    En el enfoque latino hay pregrados generalistas para prácticamente todo y se pretende lograr en unos pocos años lo que a nivel internacional requiere esfuerzos y tiempos diferentes. Como en este modelo cabe todo en un solo lugar, es difícil diferenciar entre educación de pre-grado y entrenamiento profesional, porque la Universidad lo hace todo y no tienen participación las profesiones. Tampoco es posible diferenciar entre desarrollo profesional inicial y desarrollo profesional continuado porque el título universitario (y la licencia profesional) se da una sola vez y para toda la vida. Dado que todo ello tiene respaldo en la ley y en los reglamentos, no hay competitividad y la única evidencia necesaria es mostrar el título universitario (o la licencia profesional).

    Lo relacionado con los respaldos legales y normativos hace que las diferencias se ahonden:

    · En los países que aplican el enfoque anglosajón se encuentran diferentes niveles y espacios: (1) educación (en la Universidad); (2) especialización (en la Universidad o en los institutos profesionales); y (3) certificación (en los institutos profesionales). Se genera un entorno de competencia donde quien no califica queda por fuera. Incluso las universidades son clasificadas de acuerdo con si sus egresados aprueban o no los exámenes para las certificaciones profesionales. No todas las universidades tienen la misma orientación, algunas no preparan para las certificaciones porque su centro de atención es otro. Pero la certificación la da la profesión (en el marco de la ley y los reglamentos), es un filtro que dice quién está o no habilitado para ejercer profesionalmente. Porque a la hora de los compromisos profesionales quien los garantiza es la profesión, no la universidad. Así las cosas, está clara la diferenciación entre ‘autonomía universitaria’ y ‘autonomía de las profesiones.’ Por eso son comunes las alianzas entre universidades, asocia-

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    ciones profesionales y sectores de industria. Un mundo dinámico, competitivo,

    donde la calidad es la que determina las acciones y las inversiones.

    · En los países que aplican el enfoque latino la universidad es la única que educa, especializa y certifica. Es ‘todera’ e impone su autonomía, incluso más allá de sus propias fronteras. Invade los campos profesionales porque les dice a las profesiones cómo son las profesiones. Esto último en contaduría es crítico: economistas les dicen a los contadores cómo hacer auditoría, abogados les dicen a los contadores cómo hacer los registros contables, ingenieros les dicen a los contadores cómo hacer el control interno, sociólogos diciéndoles a los contadores cuál es la teoría contable, etc., etc. Por eso los contadores carecen de cuerpos teóricos propios. Las asociaciones de contadores son débiles y múltiples, con enfrentamientos entre ellas porque no tienen un objetivo común. Por eso los profesionales solo actúan después de la norma, son reactivos, esperan que les den instrucciones, trabajan aislados y la calidad poco importa porque la norma hace que sea obligatorio usar sus servicios profesionales.

    Como se ha dicho en otras partes en este libro, las anteriores diferencias no son problemáticas en entornos cerrados. Pero en un mundo globalizado, interconectado, altamente competitivo y cambiante, las cosas se complican.

    La pregunta que surge es: ¿Cómo hacer que las profesiones latinas sean competitivas en un entorno global? La respuesta es sencilla: que acojan los modelos competitivos de los entornos anglosajones.

    Ese es, de acuerdo con mi entender, el gran desafío que tiene la profesión contable latinoamericana en general y colombiana en particular. Seguirse aferrando a su modelo latino tradicional solo le implicará seguir en las mismas, tal y como ha ocurrido durante muchos años, beneficiando a unas pocas élites y arrastrada por el desbordamiento normativo.

    Ciertamente el asunto no es fácil e implica transformaciones de fondo. Conlleva correr riesgos enormes. El tiempo es el peor de los enemigos. La diferenciación entre autonomía universitaria y autonomía de las profesiones tiene la clave.

    BUENAS PRÁCTICAS GENERALMENTE ACEPTADAS

    Tal y como se ha mencionado en otras secciones de este libro, la contaduría profesional ha estado haciendo esfuerzos importantes para que su campo propio de conocimiento sea reconocido en los distintos entornos donde actúa y por los diferentes stakeholders con quienes se relaciona.

    Tales esfuerzos le han llevado a elaborar estructuras conceptuales [Frameworks], someterse a procesos de calidad [Quality], darle prelación a los valores por encima de la técnica [Ethics] y armonizar sus prácticas profesionales [Standarization].

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    Ello se ha dado en lo que se refiere a información financiera, auditoría y aseguramiento, y control interno, donde los progresos están bastante adelantados.

    Sin embargo, debe tenerse claro que los avances en lo que se refiere a los estándares de educación para contadores profesionales están lejos de ser los deseables y todavía falta mucho camino por recorrer. El lector debe ser especialmente consciente de ello y ser cuidadoso en su lectura y análisis.

    De acuerdo con mi entender, lo que se denomina estándares internacionales de educación para contadores profesionales tiene las siguientes características:

  5. No son estándares propiamente tales (en el sentido que se entienden los IFRS, US-GAAP, ISA, US-GAAS). Tal y como se puede leer en sus textos, en realidad son declaraciones de la ‘buena práctica generalmente aceptada’ de la educación para contadores profesionales. Adicionalmente, más que requerimientos, se trata de recomendaciones y declaraciones dirigidas a las asociaciones miembro de IFAC, pudiendo éstas acatarlas o modificarlas.

  6. Más que a la educación, se refieren al entrenamiento [training] de quienes aspiran a desempeñar un rol como contadores profesionales. Por esa razón, suponen que quien aspira tiene un pre-grado universitario y en consecuencia diferencian entre ‘desarrollo profesional inicial’ y ‘desarrollo profesional continuado.’ Este es un aspecto extremadamente importante que debe rescatarse porque estos estándares no invaden la esfera de la autonomía universitaria (‘no son estándares para elaborar currículos universitarios’) pero sí rescatan lo que se refiere a la autonomía profesional. Más que a ‘educación’ se refieren a ‘competencias específicas’ (un modelo de educación hoy aceptado, pero no el único); insisten en diferenciar ‘desarrollo profesional inicial’ y ‘desarrollo profesional continuado’, lo cual es bueno porque suponen un pre-grado universitario previo, no se refieren a la ‘educación de pregrado’ sino a las competencias específicas para desempeñar roles como contador profesional.

  7. Están lejos de ser estándares ‘internacionales’ dado que, a diferencia de los IFRS/ NIIF o ISA/NIA, por ejemplo, que armonizan la práctica existente, van en dirección contraria porque en lugar de armonizarla lo que hacen es diversificarla dado que dejan a las asociaciones miembro de IFAC hacerlo y cómo hacerlo. Por consiguiente, más que internacionales, son locales, pues dependen de las distintas asociaciones miembro de IFAC y, dadas las diferencias entre éstas, ciertamente prima lo local. Ello le da una ventaja importante a las asociaciones que de alguna manera han tenido pretenciones más globales como AICPA, ICAEW, ACCA, entre otras. Está pendiente la tarea de analizar las diferencias, generar procesos de armonización y establecer estándares que realmente correspondan a la práctica global. Se ve que al momento ‘han ganado’ los intereses de las distintas asociaciones miembro de IFAC y...

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