Políticas culturales y de comunicación en Iberoamérica: algunos apuntes teóricos y propuestas concretas.

AutorJuan C. Calvi
Páginas111-124

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Políticas culturales y de comunicación en Iberoamérica: algunos apuntes teóricos y propuestas concretas

Juan C. Calvi

Este trabajo parte de las discusiones que tuvieron lugar en el I Encuentro de Políticas de Comunicación en Iberoamérica, y de una investigación sobre la industria de la música en España realizada para la Fundación Alternativas en 2006.

Introducción

Desde los últimos veinte años, la globalización económica, la internacionalización de los mercados y la digitalización están creando nuevas condiciones para la producción y distribución cultural, las cuales han abierto la puerta a las fusiones corporativas y a la conformación de conglomerados multimedia que operan a escala global. Hoy, como sabemos, más del 80% de los productos culturales que se consumen a nivel mundial (libros, discos, películas, periódicos, programas de radio y televisión, videojuegos, etc.) son distribuidos por unos pocos conglomerados multimedia, entre los cuales se cuentan AOLTime Warner, VivendiUniversal, SonyBMG, Warner, Disney, Viacom, News Corporation y otros.

Estos conglomerados presentan hoy un alto nivel de integración vertical entre la producción y distribución de sus productos culturales, conformando mercados oligopólicos con una fuerte tendencia hacia la homogeneización de la oferta y la marginación de la innovación y la diversidad cultural. En estas condiciones oligopólicas en las que se restringe el acceso a la producción y distribución de productos culturales alternativos, innovadores o minoritarios, lo que se limita es fundamentalmente el grado de democracia, puesto que al haber unas pocas empresas globales con control sobre lo que se crea, quién lo distribuye, dónde se difunde y cómo se otorgan las licencias para la explotación de esos productos, se restringe la idea de un mercado competitivo de ideas, imágenes, textos, sonidos, etc. Y en este sentido, la pregunta acerca de la propiedad de los medios de producción y distribución cultural es muy importante, y la pregunta acerca de quiénes y cómo se regularán los mercados culturales, esto es, las políticas culturales, constituye hoy uno de los grandes campos de batalla por la economía y la política mundiales (Smiers, 2004).

En los países occidentales principalmente, aunque de forma extendida en casi todos los países del mundo, las políticas culturales a nivel global tienden a favorecer la posición dominante de estos conglomerados multimedia, de origen angloamericano y

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europeo, a partir de la sumisión del campo cultural al control de organismos técnicos internacionales como el Acuerdo General sobre Tarifas y Comercio Internacional (GATT) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), y a reforzar la extensión del copyright en los nuevos entornos digitales.

¿Porqué los mercados culturales mundiales presentan estas estructuras oligopólicas y las instancias públicas hasta ahora regulan a favor de la posición dominante de los conglomerados multimedia? La respuesta deberá ser inevitablemente histórica, dado que cada periodo histórico desarrolla su propio modo de producción dominante, que en nuestra época es el modo de producción industrial, con sus economías de escala y sus tendencias hacia la concentración de las empresas, los capitales y la internacionalización de los mercados, y sobre todo con sus formas de regulación política correspondientes a dicho sistema (Arrighi, 1994).

Por ello, el propio sistema impone límites estructurales a la formulación de políticas culturales que tiendan a transformar estas tendencias, y en este sentido, debemos ser conscientes de que, dentro del actual modo de producción industrial y del sistema económico capitalista, las políticas culturales progresistas tendentes a promover la diversidad de agentes económicos en los mercados culturales chocarán indefectiblemente contra los límites que impone el propio sistema.

Aún así, siendo conscientes de estos límites estructurales que impone el propio sistema económico, en la larga marcha hacia la democratización de la cultura (tanto en su producción y distribución como en su apropiación y consumo), sin dudas constituye un paso adelante la formulación de políticas reformistas y correctoras del funcionamiento de los mercados, tendentes a aumentar la participación de las pequeñas empresas culturales y a la reformulación del sistema de propiedad y explotación comercial sobre el cual se basa el actual sistema cultural, esto es, el sistema del copyright.

Las alternativas que apuntamos aquí están orientadas a promover políticas de protección de los mercados culturales nacionales y regionales dentro del contexto de la globalización creciente de los mercados culturales internacionales y de la actuación de los grandes conglomerados multimedia, y a promover la regeneración del tejido productivo cultural de cada comunidad y país en base a una mayor participación del sector público. En este sentido sostenemos que es prioritario regular los mercados nacionales y regionales como espacios de dominio público, de modo de promover la competencia real entre múltiples pequeños y medianos agentes económicos y evitar la concentración de los sectores culturales.

Los beneficios de estas políticas alternativas, en términos de producción, difusión y acceso a una nueva diversidad cultural son evidentes, dado que en una verdadera democracia participativa es prioritario regular el mercado cultural como un espacio de dominio público donde una multiplicidad de agentes pueda operar, y dentro del cual no tengan espacio la formación de oligopolios.

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Finalmente, sostenemos la idea de que no hay ninguna razón social ni económica para que los sectores de la producción cultural continúen operando tal como hasta ahora, lo cual no es un problema excepto para los grandes conglomerados culturales que dominan esos sectores. Si los ciudadanos en general acceden a la producción cultural por otras vías y medios, la organización de la producción y distribución cultural tal como la conocemos hoy, puesto que es una formación histórica y por lo tanto temporal, tenderá a desaparecer.

Las políticas culturales en tiempos de globalización

En el actual contexto de globalización económica, tendencia a la concentración de las empresas e internacionalización de los mercados, las políticas culturales progresistas deberán privilegiar, en primer término, a los autores, creadores y a los distintos públicos, dentro de un tenue equilibrio entre la protección de los creadores -para que produzcan más y puedan vivir de su trabajo-, las nuevas lógicas emergentes de distribución y reproducción de sus trabajos, y la invulnerabilidad del derecho fundamental de acceso público por parte de la ciudadanía a esa producción cultural, que debe pertenecer y permanecer en el espacio colectivo del dominio público.

Por otra parte, entendemos que ni las nuevas tecnologías y redes digitales, ni el desarrollo de nuevas formas de distribución y acceso lograrán transformar por sí solas la base económica y las formas de organización del campo cultural sin una clara política pública orientada a garantizar tanto el lugar central que deben ocupar los artistas y creadores, como la existencia de una multiplicidad de agentes productores y distribuidores, y fundamentalmente, el acceso a la diversidad cultural por parte de la mayoría de los ciudadanos de cada país, región y comunidad.

Estas políticas, además, deben ir más allá de la mera crítica al sistema de copyright y proponer sistemas alternativos que tiendan a preservar el carácter de bien público de la creación cultural y a ampliar su diversidad, a aumentar los canales de distribución, intercambio y acceso a esa diversidad aprovechando las nuevas tecnologías y redes digitales, y a beneficiar principalmente a los artistas y creadores y a los distintos públicos, limitando a su vez el peso de los grandes conglomerados culturales multinacionales.

Actualmente vemos surgir nuevos modos de participación en la vida cultural a través de las nuevas tecnologías y redes digitales, muchos de los cuales son permanentemente criminalizados y reprimidos sin antes analizar sus efectos socialmente positivos, en términos de difusión, acceso y diversidad cultural, tales como la conformación de redes sociales de creación, intercambio y acceso a productos y creaciones culturales en Internet, por ejemplo.

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No obstante, hasta ahora las políticas orientadas a regular estas prácticas en Internet han sido principalmente de carácter persecutorio y represivo, por ejemplo, contra los usuarios de sistemas de intercambio de archivos (file sharing system o P2P) y las asociaciones que defienden sus derechos, contra los proveedores de servicios de conexión a Internet, contra las instituciones educativas e incluso contra los propios autores y creadores; y hemos visto que estas políticas han tendido a favorecer sólo a los grandes grupos multimedia propietarios de los copyrights de los productos de los artistas comercialmente ‘exitosos’.

Por otra parte, es indudable que la ‘piratería’ de productos culturales, ya presente en el entorno analógico y multiplicada en el entorno...

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