Empleo y conceptos del trabajo en la nueva economía mundial

Date01 March 2000
Published date01 March 2000
DOIhttp://doi.org/10.1111/j.1564-913X.2000.tb00147.x
AuthorG. M. KELLY
Empleo y conceptos del trabajo en la nueva economía mundial 5
Copyright © O rganización Internacional del Trabajo 2000
Revista Internacional del Trabajo, v ol. 119 (200 0), núm. 1
Empleo y conceptos del trabajo
en la nueva economía mundial
G. M. KELLY *
Nos acercamos al final de un siglo turbulento, cuyo comienzo nos resulta
extraordinariamente remoto. En condiciones de guerra total y horror ge-
neralizado se hizo pedazos el firmamento político del siglo XIX y surgieron
nuevos paradigmas. Simultáneamente, las circunstancias de la vida cotidiana
sufrieron u na honda transformación. Al menos en el mund o desarrollado, la
innovación técnica aplicada al hogar liberó a las mujeres de l a esclavitud do-
méstica que les im ponían los usos culturales y propició su in tegración en el
mundo de los hombres. También éste se revolucionó, empezando por la comu-
nidad transatlántica. La mecanizació n se tradujo en una desertización humana
del campo. Ya antes, la revolución indu strial había impulsado esa transición
creando la jaula de hierro del empleo regimentado, mientras el taylorismo
estructuraba la vida y embotaba la sensibilidad de los trabajadores industriales.
Con el tiempo, el capitalismo se haría menos opresivo y observadores optimis-
tas hablarían del siglo del hombre de a pie. Pero entonces la tecnología avanza-
da suplantó al pr oletariado industrial en un mundo posindustri al; la industria
comenzó a prescindir del trabajo humano mientr as empezaban a aparecer cau-
ces de empleo desconocidos. Y los usos que al principio arraigaron en Europa
pasaron a ser los usos del mundo. Los efectos de la tecnología se di fundieron
por todo el planeta con insospechadas consecuencias reduccionistas. El siglo XX
fue un siglo de sorpresas.
Este examen se asoma al futuro desde la experi encia del siglo XX . Los
sobresaltos del pasado desaconsejan confiar en la extrapolación, pero es impor-
tante intentarla. Para delimitar nuestro propósito, partiremos de dos preguntas:
a) Suponiendo que el dinamismo tecnológico y estructural se mantenga,
cuando menos, al ritmo instaurado durante el pasado siglo, ¿qué futuro le espe-
ra al mundo del trabajo convencional?
* Abogado y procurador ante los Tribunales Supremos de Australia y Nueva Zelandia.
Han ayudado a preparar este artículo la Biblioteca Nacional de Australia (Canberra), la Facultad
de Derecho y el Burgmann College de la Universidad Nacional de Australia, y Raymond S.
Milne (ex funcionario de la OIT).
Revista Internacional del Trabajo6
b) Dado que, según todos los indicios, el papel del trabajo humano como
factor de producción va a quedar drásticamente reducido, ¿cuáles serán l as
consecuencias para nuestros conceptos del trabajo y para todo el bagaje acumu-
lado de ideas al respecto?
Nuestra indagación se sitúa forzosamente en el terreno de las conjeturas,
pero no pretende ser polémica. No arranca de supuestos ideológicos en pro ni
en contra de que el trabajo encierre un valor fundamental, ya sea personal,
social o religioso.
La disquisición comienza por el devenir histórico de nuestros conceptos
del trabajo. De ahí se pasa a valorar las perspectivas del empleo mundial: ¿sigue
estando justificada la confianza ortodoxa en la viabilidad del pleno empleo
(como quiera que se defina éste) o, por el contrario, los datos abonan la proba-
bilidad de un hundimiento de la ocupación? Por último, se estudian las repercu-
siones erosivas que causaría en los conceptos actuales del trabajo una incapaci-
dad prolongada del mercado laboral para absorber a una proporción elevada de
las personas decididas a incorporarse al trabajo.
Hay un problema previo de definición. Dentro de su significado genérico,
el vocablo «trabajo« encierra múltiples connotaciones. Algunas están muy lejos
del tipo de trabajo que llamamos «emp leo«, que es el que aquí nos interesa.
Este término más restringido tampoco deja de plantear dificultades. Lo normal
es asimilar el concepto empleo a un trabajo esencialmente contractual cuyo
propósito principal es cobrar una retribución. Pero, ¿cómo compaginarlo, po r
ejemplo, con el trabajo por cuenta propia que sea total o sustancialmente indi-
ferente a los crit erios del mercado? Salvo que el texto exprese otra cosa, para
esquivar las incógnitas bastará entender que donde diga «trabajo« hablamos del
trabajo asalariado, es decir, del empleo, y que no entramos a valorar los ribetes
polémicos de la delimitación del concepto.
Conceptos del trabajo
Hasta llegar a los tiempos modernos, el concepto del trabajo ha hecho un
largo recorrido desde la función, presumiblemente original, de asegurar la sub-
sistencia. Pero partir de este supuesto es de por sí arriesgado, dado que el juego
– el ánim o esencial del homo ludens – teñía los quehaceres de las sociedades
primitivas, y su asimilación al r itual religioso fue muy general. Rara vez en la
experiencia humana se ha entendido el trabajo como algo circunscrito a objeti-
vos puramente prácticos.
Cuando se señala la civilización griega como ejemplo de huida del utilita-
rismo, es gracias a un malabarismo semántico. El trabajo necesario para la
satisfacción de las necesidades materiales se consideraba envilecedor y se enco-
mendaba en su mayor parte a los esclavos. Ocupaciones de orden superior como
la filosofía y la política no se consideraban trabajo (Méda, 1995, y Piore, 1995).
Lo que nos interesa es que el concepto de trabajo tenía un radio limitado, era
peyorativo y no se le atribuía un valor ideológico central (Lyon-Caen, 1996).

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