Máxima prioridad para la economía real

Autor:Juan Somavia
Cargo:Director General de la OIT
Páginas:4-5
 
CONTENIDO
4 | Diciembre 2011, Nº 73 | Editorial
Sin embargo, las cifras de desempleo sólo cuentan
una parte de la historia. Ocultan el hecho de que
millones de trabajadores desarrollan su actividad
laboral a tiempo parcial porque carecen de una
alternativa mejor, posponen su entrada en el
mercado de trabajo, o han abandonado del todo la
búsqueda de un empleo.
El desempleo y la desigualdad de los ingresos
constituyen el denominador común de las
protestas que se multiplican en diferentes partes
del mundo. Más aún, millones de personas tienen
trabajo pero carecen de los elementos básicos de
la dignidad: derechos, protección social y voz. La
situación podría empeorar. Con la desaceleración
de la economía mundial desde mediados de
2011, estamos al borde de una recesión global
del empleo que podría durar toda una década.
Además, si hacemos caso omiso a la aspiración
común de disponer de una oportunidad justa para
acceder a un trabajo decente, las consecuencias
sociales y políticas podrían ser catastróficas.
Conectar con los ciudadanos
Cuando los líderes del G-20 se reunieron en Cannes
en noviembre de 2011, su mayor reto consistía en
conectar con sus ciudadanos y responder al creciente
descontento mundial. En este sentido, acojo
favorablemente la prioridad otorgada por los líderes
al crecimiento, al empleo y a la protección social.
El G20 constituyó un Grupo de Trabajo en materia
de Empleo que se concentrará inicialmente
en el empleo juvenil, cuyo nivel multiplica
actualmente, por dos o tres, el del desempleo de
los trabajadores adultos. Basándose del reciente
informe de Michelle Bachelet1, ex Presidenta
de Chile, los líderes del G20 reconocieron la
importancia de invertir en regímenes básicos de
protección social diseñados en el ámbito nacional.
El G20 solicitó asimismo a diversos organismos
internacionales, incluida la OIT, el Fondo Monetario
Internacional, la Organización para la Cooperación
y el Desarrollo Económico y el Banco Mundial,
que informaran a los ministros de economía sobre
las perspectivas mundiales del empleo y cómo
el programa de políticas del G20 encaminadas
a conseguir un crecimiento sólido, sostenible y
equilibrado contribuiría a la creación de empleo.
Por otra parte, los líderes efectuaron un
llamamiento a los organismos internacionales
sobre la necesidad de lograr una mayor
coherencia entre las políticas de empleo,
sociales, económicas, monetarias y financieras.
Solicitaron una evaluación de la repercusión
social de las políticas económicas.
Resulta alentador que los líderes del G20 vinculen
su programa macroeconómico a políticas de
trabajo decente. Tal planteamiento, si se aplica con
determinación, de manera que genere un cambio
positivo que repercuta en las vidas de las personas,
proporcionará una base solida para recuperar la
confianza en que los gobiernos son capaces de
gestionar la economía mundial para servir el interés
común, y en que están dispuestos a ello.
Cuatro medidas concretas
En un entorno propicio para la coherencia entre
las distintas políticas, asegurar la recuperación y
el crecimiento con trabajo decente se beneficiaría
Editorial
Máxima prioridad para la
1 http://www.ilo.org/global/publications/ilo-bookstore/
order-online/books/WCMS_165750/lang--en/index.htm.
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enormemente de las cuatro medidas concretas
siguientes, que han demostrado su eficacia.
En primer lugar, la inversión en infraestructuras
para el empleo debe pasar del actual 5-6% del
PIB, al 8-10% en los próximos cinco años. China
e Indonesia han demostrado que este tipo de
inversiones desempeñan un papel crucial en
el sostenimiento del empleo en situaciones de
desaceleración.
En segundo lugar, garantizar que las pequeñas y
medianas empresas, fuente principal de creación
de empleo, dispongan de acceso a la financiación
bancaria y a los sistemas de ayuda a la gestión, y
que los créditos otorgados a las PYMEs crezcan,
al menos, al mismo ritmo que el crédito en
general. Brasil y Rusia han aplicado esta medida.
En tercer lugar, priorizar el empleo de los jóvenes,
mediante programas de prácticas eficaces, servicios
de orientación y formación para la iniciativa
empresarial, con el fin de facilitar la transición de
la escuela al trabajo. Los países que siguen esta
ruta, como Australia, Alemania y Singapur, registran
menores tasas de desempleo juvenil.
Por último, establecer regímenes básicos y
universales de protección social en países con
escasa cobertura. El coste de esta medida podría
oscilar entre el 1 y el 2% del PIB, dependiendo
del país. Los regímenes de protección social
financiados con fondos públicos en Argentina,
Brasil, India, México y Sudáfrica ayudan a
millones de personas a salir de la pobreza.
Si los países se concentran en estas áreas y, a
su vez, elaboran planes creíbles y socialmente
responsables para financiar la deuda soberana
y consolidar los saldos fiscales, la recuperación
ganará en solidez. Estas medidas, que integran
políticas macroeconómicas, de empleo y de
inclusión en el mercado laboral, si se adoptan de
forma generalizada, elevarán al 1,3% la tasa de
crecimiento del empleo en el mundo, recuperando
así para 2015 la tasa de empleo de la población en
edad de trabajar que se registraba antes de la crisis.
El respeto de los derechos fundamentales en el
trabajo y la consideración de las reivindicaciones de
la población mediante el diálogo social generarán
un consenso en torno a las políticas que responden
a la exigencia de ingresos, justicia y dignidad.
El mundo afronta un grave desafío en el terreno de
la equidad. La percepción de que, mientras algunos
bancos son demasiado grandes para quebrar,
algunas personas son demasiado insignificantes
para que se les tenga en cuenta, y de que los
intereses financieros tienen preferencia respecto
a la cohesión social, socava la confianza de la
población en la posibilidad de disponer de la
oportunidad justa de acceder a un trabajo decente.
Es hora de otorgar la máxima prioridad a la
economía real al abordar los asuntos de la
economía mundial, de orientar al sector financiero
hacia inversiones productivas a más largo plazo
en empresas sostenibles; de ratificar y aplicar las
ocho normas fundamentales del trabajo de la OIT;
y de perseguir los objetivos de empleo, protección
social y derechos esenciales en el trabajo con la
misma diligencia que los de control de la inflación
y equilibrio de las finanzas públicas. De este modo
se obtendrán unas bases firmes para una nueva
era de crecimiento y justicia social.
Juan Somavia, Director General de la OIT
ra la economía real
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