XXXII. El watergate y su tiempo

Autor:José Manuel Aguilar de Ben
Páginas:129-131
 
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XXXII

EL WATERGATE Y SU TIEMPO

El escándalo del Watergate en Washington, de cuyo inicio se han cumplido ahora 30 años, tiene para el periodismo un cierto halo. Un par de periodistas, Bob Woodward y Carl Bernstein, este último periodista deportivo, consiguieron destapar un escándalo de espionaje político, que terminaría con la presidencia de Richard Nixon. EE.UU. después de todo es una democracia articulada, y ni Nixon entonces, ni hoy W. Bush pueden hacer impunemente todo lo que quieran, como es mas frecuente que pase en algunos de nuestros estados europeos.

En realidad aquel episodio, –la irrupción de unos individuos en la sede del partido demócrata–, pareció menor, en medio del enrarecido clima de Washington y del resto del país, con la reelección de Nixon contra McGovern en 1972. La guerra de Vietnam, la contestación juvenil de mi generación, la crisis del petróleo, por el chantaje de las petromonarquías del golfo, la crisis del dólar y de su convertibilidad, que llevó al fin del sistema de tipos de cambios fijos de las monedas que había existido regulado por el Fondo Monetario Internacional desde Bretton Woods, el apoyo de Kissinger a la conspiración contra Allende en Chile, la apertura de negociaciones con la China de Mao, sin dejar de apoyar a Taiwan. Aquel clima, ayudó a perseverar a aquellos dos periodistas novatos en Washington, con el apoyo de su redactor jefe, Ben Bradlee del Washington Post y de la editora Graham, y apuntar un gran tanto para la libertad de prensa, se llegue a donde se llegue. También demostró la vulnerabilidad y la fortaleza de la democracia liberal.

Aún hoy se especula acerca de quién fue garganta profunda, que denunciara la trama desde la Casa Blanca. Dean, ha publicado los posibles nombres sin despejar las dudas. Una reciente investigación de jóvenes periodistas de Chicago ha señalado a Buchanan. Otros, creen que fue una ficción periodística, para tirar del hilo. Woodward y Bernstein mantienen su negativa revelar la fuente. Pero vista la posterior


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aventura política de Buchanan, encaja que hubiese podido ser este personaje. En cualquier caso, como tantas otras veces para quien promueve oscuras maniobras parece que el peor enemigo estaba en casa. Quizás a W. Bush le puede estar pasando lo mismo.

Como residente que era yo entonces del edificio contiguo al Watergate detrás del Kennedy Centre, y economista de Naciones Unidas en el FMI, a dos cuadras de la Casa Blanca...

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