Hacia un neoaislacionismo.

Autor:Fermandois, Joaqu

En 1941, poco antes del ingreso de Estados Unidos a la guerra, Henry R. Luce, el fundador de Time, plasmó en palabras memorables lo que se ha considerado la idea que tenían los norteamericanos sobre sí mismos y de su misión en el mundo en el siglo XX, "the American Century":

"Existe un internacionalismo americano. América ya es la capital del mundo en lo intelectual en lo científico y en lo artístico. Mientras América ingresa dinámicamente a la escena mundial, tenemos que proyectar una visión de América que sea auténticamente americana y que nos pueda inspirar para vivir, trabajar y luchar con vigor y entusiasmo. (...) Ahora llega el tiempo en que seremos la central eléctrica desde la cual se expandirán por todo el mundo los ideales (norteamericanos), y harán su labor misteriosa de elevar la vida de la humanidad desde el nivel de las bestias, hasta lo que el salmista llamó como algo menos elevado que los ángeles" (1).

No habría ni que añadir que por "americano", Luce entendía "norteamericano". Y dentro de sus virtudes que había que convertir en misión, añadía la de "buen samaritano" en todo el mundo. Las palabras de Luce resumieron lo grande, lo ingenuo y lo borroso que tiene la aproximación de Estados Unidos al mundo.

Lejos de promover lo que la visión vulgar impugna como el "imperialismo", Luce quería mover a los norteamericanos a desempeñar un papel en la guerra. Representa el polo "internacionalista" en la tradición norteamericana, que entiende que los intereses de largo plazo de Estados Unidos requieren que se trabaje en concertación con otras potencias, sobre todo las europeas, o que convergen con el "modelo occidental". A ella se enfrenta la otra opción, la "aislacionista", que sostiene que Estados Unidos sólo debe velar por sus intereses, definidos de manera relativamente estrecha. No siempre son dos tipos de políticas nítidamente diferentes; son dos almas que combaten por el mismo cuerpo y que tienden a fundirse.

LOS ESTADOS UNIDOS EN LA HISTORIA

Estados Unidos ha sido la sociedad más inclusiva de la historia moderna al momento de acoger al inmigrante (quizás, las más inclusiva de toda la historia). El país, junto con algunas partes de Europa occidental, es el corazón que proporciona las ideas y sensibilidades culturales que se debaten en el mundo. Olvida a sus amigos, olvida a sus enemigos con bastante rapidez, lo que es bueno y malo a la vez. Su desempeño en el siglo XX, en la Segunda Guerra Mundial y en la Guerra Fría, impidió el triunfo de las fórmulas totalitarias. Su inmenso poder después de 1989 no tiene contrapeso, en cuanto superpotencia. Sin embargo, a pesar de toda la retórica superficial acerca de "los amos del mundo", Estados Unidos no domina al mundo, ni puede aislarse de él, y se tambalea entre las opciones de ejercer un liderazgo, que a veces se parece al impulso hegemónico ("mandar sobre los demás"), y el recogimiento dentro de sí mismo (2).

Estados Unidos es fuerte cuando se forma la síntesis entre voluntad política y consenso interno, y una aceptación internacional. En estos casos, como en la Guerra del Golfo o en Afganistán en 2001, es irresistible, al menos en el primer empuje. Es débil en cambio en una virtud de toda potencia dirigente, en la paciencia del trabajo de concertación, y en la comprensión de los intereses de otros países y culturas.

En Estados Unidos, el lenguaje político está inbuido de un tono moral (y moralista), que puede otorgarle una fuerza insospechada, a veces ciega, a sus acciones de política exterior. Parte de estos impulsos son también los desencantos con sus propias decisiones, que se transmutan en críticas amargas, como después de la Primera Guerra Mundial o, más conocido y recordado hoy en día, Vietnam. Estados Unidos es la única sociedad moderna y democrática en la cual está viva la vinculación estrecha entre política y religión, y no es extraño que tanto los impulsos como las críticas reciban estas tonalidades de salvación o condena espiritual (3).

Más importante, lo que podría llamarse cultura norteamericana es introvertida, en el sentido de que...

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