Argentina: la historia despues de la historia.

AutorEscobar, Santiago

La crisis argentina es la primera de un país latinoamericano en la sociedad globalizada. No tiene causas ni soluciones puramente internas o que dependan exclusivamente de los recursos nacionales de poder. Inmersos como estamos en un ciclo civilizatorio caracterizado por el descentramiento social de la política, el relativismo cultural, la mundialización de la economía y el cambio en los paradigmas de la seguridad, sus efectos resultan fundamentales pata entender los posibles escenarios que enfrentará la región en un futuro cercano.

Esa mezcla de crisis macroeconómica, desintegración social, tensión máxima del pacto federal y pérdida total de legitimidad de la clase política y de los mecanismos de representación, en un contexto de violencia social difusa, está deschaciendo institucionalmente al país. La participación en la situación de organismos internacionales fuera de toda responsabilidad estatal, y el desarrollo de una crisis de seguridad humana sin que medie una clara solidaridad externa, son signos inquietantes de un nuevo orden internacional prescindente en lo político y social, y que transforma a países enteros en zonas de indiferencia.

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QUÉ NOS PLANTEA LA CRISIS ARGENTINA

Cuando a fines de diciembre de 2001 los argentinos se fueron a las calles a vocear su ira contra el gobierno y Fernando de la Rúa renunció a la Presidencia de la República, se cerraba un capítulo más de incompetencia política y corrupción. Pero se abría también un período de incertidumbre sobre el destino político y social del país, y un conjunto de interrogantes que a todos interesan, acerca del nuevo orden internacional que se está instalando y sus repercusiones para la seguridad y la democracia.

Tres son los ámbitos interrelacionados en los que puede y debe reflexionarse la crisis argentina. Uno, de carácter político y social, que tiene que ver con el funcionamiento de los gobiernos y la democracia. En Argentina hay un tremendo proceso social abierto que toca los elementos más básicos del pacto social.

Un segundo ámbito tiene que ver con la arquitectura institucional que se está instalando en el medio internacional y los principios que la mueven. Hay, en la situación argentina, elementos tipo de la globalización que deben ser mirados con atención, pues su tendencia es a consolidarse. Desde la intervención directa de organismos internacionales y gobiernos extranjeros, hasta la omisión de responsabilidad y cooperación de la comunidad internacional.

El tercer ámbito es de los nuevos paradigmas de la seguridad, lo que se entenderá por amenazas a la seguridad de los países en la sociedad globalizada y las eventuales respuestas. Si se trata sólo de controlar el uso de la fuerza con una desrregulación completa del resto o si, por el contrario, existen condiciones para una comprensión más amplia del tema.

La reflexión es necesaria porque inevitablemente estamos insertos en un mundo de alta interdependencia, en el cual la autonomía total no existe y en el que la solución de los problemas de un país deberá tener, crecientemente, un componente cooperativo con la comunidad internacional, especialmente con los vecinos. Cooperación que impida, entre otras cosas, que una democracia se derrumbe o se disuelva, producto de la descomposición de sus instituciones y su economía, y sin que medie ninguna revolución o hecho violento que lo provoque.

La estabilidad de Argentina es parte de la seguridad de Chile y de toda la región sudamericana. En el mundo actual, la seguridad de los países no se resuelve sólo en su potencia económica, social y política, sino también en la estabilidad del entorno vecinal. Es la regla de oro de un mundo globalizado, pues las crisis de un país afectan los procesos de intercambio comercial, repercuten en las finanzas, provocan procesos migratorios, hacen menos seguras las inversiones y crean una atmósfera de inestabilidad y contagio más allá de sus fronteras.

LA CRISIS POLÍTICO INSTITUCIONAL

La argentina es la primera crisis de un país latinoamericano en la sociedad globalizada, nítidamente evidenciada como tal. Sus componentes institucionales, políticos, económicos y sociales no tienen ni causas ni soluciones puramente internas, ni dependen exclusivamente de los recursos nacionales de poder. En ella están presentes fuertemente elementos externos propios de la sociedad globalizada, especialmente económicos, lo que determina que las soluciones que se encuentren tengan mucho de ensayo, en una combinación heterodoxa de elementos, internos y externos, hasta ahora no vista en la región.

En la situación argentina se mezclan una crisis de las cuentas públicas y el manejo macroeconómico, la desintegración social, una tensión máxima de su pacto federal y la pérdida total de legitimidad de la clase política y de los mecanismos de representación. Todo ello en un contexto de violencia social difusa, es decir, explosiones espasmódicas de ira de la población, en un ambiente cargado permanentemente de tensión, pero sin articulación ni proyecto político.

La sociedad argentina repudia de manera generalizada a su dirigencia, de cualquier tendencia o partido. La expulsa de los lugares públicos, manifiesta frente a sus casas o ante las instituciones públicas en que trabajan. Los "escraches", como llaman los argentinos a esta acción, se han transformado en un elemento cotidiano, que se aplica no ya a los violadores de los derechos humanos, como antaño, sino a todos los políticos donde quiera que se encuentren.

Sin embargo, la paradoja es que las posibles soluciones a la crisis siguen siendo articuladas y mediadas por esos mismos políticos, incluso a través de nuevas combinaciones o alianzas que en el pasado nadie hubiera imaginado.

Aunque ellos se preocupan por desarrollar una política del mínimo daño a la ciudadanía, para evitar que ella se manifieste y así poder seguir ostentando el cargo, su objetivo básico está en otro lugar: en satisfacer las exigencias hechas por los organismos internacionales como el FMI, para viabilizar ayuda externa, estabilizar la economía y recomponer el pacto institucional, que es más de lo mismo con los mismos actores.

La enunciación de estos objetivos parecería razonable si no ocultaran una política de privatización de las ganancias y socialización de las pérdidas casi brutal, en la que están envueltos todos los sectores de la elite argentina. Según cálculos de analistas económicos, la crisis ha implicado un traspaso de un tercio de los ingresos económicos de las clases media y baja hacia las altas, es decir, más de 25 mil millones de dólares.

La estrategia de la clase política frente a las movilizaciones ciudadanas es de contención: evitar que se desborden y, si es posible, utilizarlas en beneficio propio. Organizándolas o redireccionándolas hacia determinados objetivos, pueden ser un arma importante frente a los adversarios. Es la antigua política oligárquica o populista del uso...

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