Tres especialistas comentan la agenda de trabajo de la reunión
| Author | Elisabeth Ungar Bleier |
| Position | Directora Ejecutiva, Corporación Transparencia por Colombia |
| Pages | 38-47 |
Tres especialistas comentan la agenda
de trabajo de la reunión
Elisabeth Ungar Bleier
(Directora Ejecutiva, Corporación Transparencia por Colombia)
El documento “Anticorrupción: actualizando los desafíos”, que recoge las
principales conclusiones de la Segunda Reunión Regional de Especialistas
en Transparencia, Rendición de Cuentas y Lucha contra la Corrupción
en América Latina realizada en Santiago, Chile, en noviembre de 2008,
constituye un interesante ejercicio para activistas, académicos, miembros
de organizaciones sociales y ciudadanos y ciudadanas interesados en
conocer el estado del arte sobre estos temas. Y permite al lector tener
una visión retrospectiva y prospectiva sobre algunos de los problemas,
avances, desafíos e incluso las amenazas que han enfrentado y enfrentan
quienes desde diferentes ámbitos de acción y a partir de diversas miradas
han trabajado en áreas relacionadas con la transparencia, la lucha contra
la corrupción y la rendición de cuentas en la región.
En primer lugar, es importante resaltar la pertinencia, relevancia, oportu-
nidad y vigencia que estos temas siguen teniendo en la agenda política,
social y económica de América Latina, lo cual contrasta con el poco
desarrollo que en muchos países han tenido las políticas para hacerle
frente a la corrupción y a las nuevas modalidades que esta ha adquirido
en los últimos años, así como los obstáculos para garantizar el libre y
continuo acceso a información de calidad.
En segundo lugar, es relevante destacar la estrecha interrelación
entre la corrupción y otros problemas que adquieren cada vez más
relevancia en varios países latinoamericanos como son las violaciones
a los derechos humanos, las crecientes desigualdades económicas,
la pobreza, la desafección por la política, la opacidad de los límites
entre lo público y lo privado y el debilitamiento de la institucionalidad
democrática, entre otros.
En tercer lugar, es evidente que estos desafíos y transformaciones
hacen necesario diseñar estrategias igualmente novedosas, creativas
y contundentes, no solamente para presionar y exigirles a los gobier-
nos la adopción de políticas eficaces y efectivas para prevenir y luchar
contra la corrupción, sino también a los grupos de interés y del sector
privado, que por acción o por omisión han contribuido a incrementar
el fenómeno.
38
En cuarto lugar, parece ser una constante el llamado a involucrar más
activamente a las organizaciones de la sociedad civil y a la ciudadanía en
general en las acciones para identificar y combatir actos de corrupción,
bajo el entendido de que estos inciden en sus condiciones y calidad de
vida.
Es indudable que la transparencia, la rendición de cuentas y la lucha contra
la corrupción son fundamentales para enfrentar algunos de los grandes
retos de la democracia en América Latina hoy en día. Uno de los más
preocupantes es el debilitamiento institucional asociado a fenómenos
como la creciente personalización de la política; a los continuos cambios
en las reglas de juego para favorecer a los mandatarios en ejercicio; a la
utilización de mecanismos propios de las “democracias plebiscitarias” para
“legitimar” las decisiones, desconociendo o subvalorando las instituciones
e instrumentos de la democracia representativa; a la frecuente apelación
al “pueblo” y a la popularidad de los gobernantes para tomar decisiones;
al debilitamiento y pérdida de credibilidad y legitimidad de los órganos de
representación y de los partidos políticos; y por supuesto, a la captura
del Estado por parte de actores legales e ilegales –narcotraficantes,
paramilitares y guerrilla–.
Si bien la democracia no se agota en las formas, las instituciones importan
y son una barrera muy importante para combatir la corrupción y los riesgos
de incidencia indebida en las decisiones y actuaciones gubernamentales
por parte de intereses particulares, legales e ilegales, públicos y privados,
nacionales e internacionales. Y esto necesariamente pasa también por
pensar en la calidad de la democracia y en lo que Guillermo O’Donnell33
ha llamado “Democracia de baja intensidad” o de baja calidad, aduciendo
que si bien todos los ciudadanos gozan –por lo menos en teoría– de
los mismos derechos políticos, amplias poblaciones se ven privadas
de derechos sociales, evidenciados en la desigualdad y la pobreza, y de
derechos civiles, viviendo en situaciones de continua inseguridad e incluso
humillación. Traigo a colación esta reflexión porque, como se advierte en
el Informe “Anticorrupción: actualizando los desafíos”, “las acciones dentro
el trabajo anticorrupción deben ir acompañadas con otras, encaminadas a
disminuir la pobreza y la exclusión social en la región, pues, como quedó de
manifiesto en el curso de los debates que tuvieron lugar, son los sectores
y personas sometidos a estas condiciones quienes están más expuestos
a sufrir los abusos y daños que trae consigo la corrupción”.
33 O’Donnell, Guillermo. Notas sobre la Democracia en América Latina. En: La Democracia
en América Latina. Hacia una Democracia de Ciudadanos y Ciudadanas. El Debate
Conceptual sobre la Democracia. PNUD, 2004.
39
INFORME
Una de las razones que explica esta situación es que varios de los Estados
de la región “no han sido capaces de extender su legalidad a la totalidad
de sus territorios, con fuertes ineficiencias burocráticas y con una credi-
bilidad que decrece ante la desprotección de los ciudadanos y la excesiva
inclusión de intereses privados como guía del accionar de los Estados.
Por esta razón, alcanzar la ciudadanía social,(...) constituye el principal
desafío (…), porque, además, los grupos más excluidos del ejercicio pleno
de la ciudadanía social son los mismos que sufren carencias en las otras
dimensiones de la ciudadanía. Los problemas centrales en este plano son la
pobreza y la desigualdad, que no permiten que los individuos se expresen
como ciudadanos con plenos derechos y de manera igualitaria en el ámbito
público, y erosionan la inclusión social” (PNUD, 2004, p. 26).
Para terminar, quisiera hacer unos breves comentarios sobre el caso
de Colombia, donde la captura del Estado ha adquirido unas caracte-
rísticas particulares por la activa presencia e intervención de actores
relacionados con actividades ilegales, en particular con el narcotráfico.
Como lo señalan Garay, Salcedo, de León y Guerrero,34 “Los grupos
narcotraficantes y aquellos vinculados de manera directa o indirecta con
dicha actividad han sido un factor dinamizador de distintos procesos de
captura y cooptación del Estado. El narcotráfico en Colombia no solo ha
generado una gran cantidad de mano de obra delictiva, sino que grupos
subversivos y antisubversivos, que no siempre fueron narcotraficantes,
han incursionado a esta actividad por los cuantiosos recursos que de
allí se derivan, los cuales sirven como fuente de financiación para su
expansión y dominio territorial” (Garay, et al. p. 98). Todo esto ha tenido
efectos negativos en los ámbitos social, político, cultural y económico de
la sociedad colombiana, “al fomentar la formación y propagación de una
cierta aculturación mafiosa” (Garay, 1999). Pero además “los narcotrafi-
cantes, interpretados como actores interesados en capturar o cooptar el
Estado, pueden desarrollar capital social perverso orientado a aprovechar
algunos ‘vacíos estructurales’ en el mercado y el Estado para su propio
beneficio” (de León y Salcedo, 2008). Algunas de las manifestaciones
de estos fenómenos han sido la participación directa o indirecta en el
Congreso de la República y la incidencia en el proceso de formulación de
leyes, la infiltración de diversos procesos electorales y la influencia en la
elección de presidentes, congresistas, alcaldes y gobernadores, así como
la injerencia en la Rama Judicial y en sus decisiones.
34 Garay, Luis Jorge; Salcedo, Eduardo; de León Isaac y Guerrero, Bernardo. La Captura y
Reconfiguración Cooptada del Estado en Colombia. Fundación Método, Fundación Avina,
Corporación Transparencia por Colombia, Bogotá: Septiembre 2008.
40
La evolución de estos fenómenos ha incidido en cambios en la naturaleza,
manifestaciones, alcances y dimensiones de la corrupción en Colombia,
la cual ha “avanzado a formas particularmente sofisticadas, ambiciosas
y estructuralmente perjudiciales. Aquello que hasta hace algunos años se
conocía tradicionalmente como corrupción –el soborno, la adjudicación
indebida de contratos, el clientelismo y el desvío de recursos públicos–,
ha cambiado al punto de que, actualmente, solo puede analizarse y
entenderse en un contexto más amplio que el tradicional, ante el papel
determinante que han ejercido procesos y actores de corte mafioso”
(Garay y Salcedo, 2008).
La gran complejidad y capacidad de mutación de fenómenos como la
corrupción, la captura y la cooptación del Estado hacen necesario que
diferentes sectores de la sociedad –academia, organizaciones sociales,
organismos gubernamentales, comunidad internacional y medios de
comunicación– afinen las herramientas analíticas y conceptuales para
entenderlos mejor, pero, sobre todo, diseñen los instrumentos y las
políticas para identificar los riesgos y para combatirlos y castigarlos
con eficacia y efectividad. Esto exige involucrar más activamente a los
ciudadanos en estos procesos, como paso esencial para alcanzar una
democracia de calidad.
Manuel Garrido
(Director de los Programas de Justicia y
Transparencia – CIPPEC, Argentina)
Mientras en el contexto internacional se habla ya de la próxima frontera
en la lucha contra la corrupción, en varios países de nuestra región ni
siquiera hemos consolidado reformas encaradas a fines de los 80 y co-
mienzos de los 90. El documento revela nuevas preocupaciones en torno
al fenómeno de la corrupción, que conviven con otras que se mantienen
desde hace años.
Es correcto aquello que se menciona acerca del limitado espectro de las
reformas del Estado que se han enfocado predominantemente a criterios
de eficiencia descuidando lo relativo a la probidad pública. Los organis-
mos especializados en la prevención e investigación de la corrupción,
mediante el despliegue de ciertas políticas de transparencia, como el
establecimiento de regímenes de declaraciones juradas patrimoniales o
el control de posibles conflictos de interés, han implicado un gran avance
que, sin embargo, dista de consolidarse, al carecer de autonomía suficiente
41
INFORME
y hallarse atados a los vaivenes políticos y la ciclotimia que exhiben los
gobiernos en esta materia.
Otro obstáculo para la fortaleza de este tipo de órganos y de políticas
de prevención que coincidan en estándares básicos compartidos, es el
distinto grado de involucramiento de los diversos poderes y en algunos
países, como la Argentina, la existencia de numerosas estructuras esta-
tales autónomas propias del federalismo. En ese sentido, más allá del
compromiso asumido a través de diversas convenciones y de la invitación
a las provincias para que se adhieran a ciertas condiciones básicas, en
la Argentina la mayoría de ellas carece de normas precisas y exigentes
en materia de ética pública y de órganos especializados en promoverlas
y controlarlas.
Debe prestarse atención, por otro lado, a las deficiencias estructurales
de los sistemas judiciales de la región y a la persistencia de su ineficacia,
pese a sostenidos esfuerzos de reforma que vienen desarrollándose en
las últimas décadas.
Las experiencias que se mencionan en el presente informe en materia
de iniciativas sectoriales contra la corrupción constituyen un ejemplo
de las posibilidades de articular acciones entre distintos actores, cuyo
esfuerzo, por lo general, ha sido escaso. La asociación entre el concepto
de responsabilidad empresaria y el respeto de estándares éticos básicos
abre también el camino para una acción relevante del sector privado en la
lucha contra la corrupción, que no sea puramente cosmética. Es posible
pensar y promover, entonces, este tipo de articulaciones y otros espacios
útiles para que el sector privado revele la información de que dispone
sobre hechos de corrupción y que esta información dé lugar a iniciativas
adecuadas, ya sea en materia de sanción, o bien en el desarrollo de pro-
puestas que impliquen una modificación de las políticas y sistemas que
exhiben hoy aquellas debilidades que favorecen la corrupción.
Hace pocos días, la absolución de un ex presidente africano en una impor-
tante causa puso nuevamente sobre el tapete la impotencia de los sistemas
judiciales nacionales para dar adecuada respuesta a los casos de gran
corrupción que involucran a políticos prominentes de los Estados en que
los procesos se desarrollan.
35
Una vez más se alzaron voces proponiendo
llevar este tipo de casos fuera de las jurisdicciones nacionales. Éste es uno
de los aspectos en que la trayectoria del movimiento de derechos humanos
y la evolución experimentada en ese ámbito en las últimas décadas puede
ser capitalizada por el movimiento anticorrupción.
35 New York Times, 17 de agosto de 2009, “Former Zambia Leader Is Aquitted”.
42
El informe refleja una rica discusión sobre estas cuestiones, relevante a la hora
de capitalizar experiencias que pueden resultar sumamente útiles para trazar
metas y horizontes hacia los cuales dirigirnos. La historia del movimiento de
derechos humanos y los logros obtenidos pueden ser una interesante guía
de acción. Habrá que evaluar, por cierto, si es posible simplemente tratar
de repetir a grandes rasgos una experiencia en gran medida exitosa o, en
su caso, cuáles son las dificultades o ajustes necesarios a tener en cuenta.
Las propuestas de reproducción del modelo36 suelen enfrentar dificultades
debido a las diferencias existentes entre uno y otro fenómeno.
Por lo pronto, un sistema de ese tipo tropezaría con la dificultad de
individualizar a las víctimas de una afectación concreta, con los peligros
de convertirse en una cuarta instancia en materia penal, con dificultades
para reconocer legitimación a órganos del Estado que impulsen políticas
anticorrupción. O bien con los problemas inherentes a la usual falta de
independencia de éstos o a los cambios de enfoques y políticas que se
dan en nuestra región cuando se producen cambios de gobiernos, lo que
podría dar lugar al abandono de acciones impulsadas en el inicio con
ímpetu, reproduciendo entonces a nivel global los problemas ya señalados
respecto del ámbito interno.37
¿Deberían evaluarse los incumplimientos de las normas internacionales
en la materia o la acción frente a casos concretos de corrupción? ¿Cuál
sería una reparación adecuada? Como vemos, muchos interrogantes no
son sencillos de responder. Pero también es cierto que los sistemas de
supervisión actual son débiles y no han generado, por cierto, una ola
transformadora de las prácticas imperantes en cuyos intersticios se
cuela la corrupción.
Habrá que evaluar oportunamente experiencias con objetivos emparentados
que pueden ser ilustrativas, como la CICIG (Comisión contra la Impunidad
en Guatemala), examinando por un lado la conexión de la corrupción con
el fenómeno del crimen organizado y, por otro, la eficacia de la inserción
de un organismo internacional extraño a los mecanismos estatales tra-
dicionales y su impacto en la impulsión de modificaciones estructurales
en estos últimos.
36 Se propone hasta el establecimiento de una Corte Interamericana contra la Corrupción,
con las consiguientes dificultades para determinar su competencia. Ver, por ejemplo,
Manfroni, C., Hacia una corte interamericana contra la corrupción, Revista Mores Maiorum,
Nro. 3, Universidad Católica Argentina, Buenos Aires, p. 39.
37
El ejemplo de Zambia citado al comienzo es una muestra de esos vaivenes en el impulso
de casos según quién sea el gobernante de turno.
43
INFORME
Una cuestión muy interesante, que el informe destaca, se refiere a la po-
sibilidad de encauzar cuestiones trascendentes en la lucha anticorrupción
dentro de los esquemas existentes de protección de los derechos humanos.
O sea, una estrategia análoga a la que se propuso oportunamente para
la promoción de la exigibilidad de los derechos económicos, sociales
y culturales, cuando se recomendó reconducir su exigencia al reclamo
de derechos civiles y políticos.38 Un ejemplo exitoso de esa estrategia
es la acción desarrollada en el caso Claude Reyes y otros vs. Chile que
se menciona en el informe en relación con el acceso a la información
pública, cuya exigibilidad se recondujo a través del derecho a la libertad
de pensamiento y de expresión y del derecho a la protección judicial. Allí
claramente se enlazaron ambos ámbitos, y merced al intercambio de
discursos y procedimientos se produjo un avance sin precedentes en la
materia,39 al obtener el reconocimiento legitimador de la propia Corte
Interamericana de Derechos Humanos.
Las conexiones con la agenda de derechos humanos abren posibilidades
que deben explotarse con creatividad, en conexión con la profundización
de la democracia, la eliminación de la desigualdad, el funcionamiento de
los sistemas de justicia y la profundización de la participación política. En
esa dirección, la corrupción suele generar una violación a la obligación
estatal de no discriminar. Esta obligación negativa para el Estado constituye
una gran fuente de justiciabilidad a través de los mecanismos preestable-
cidos de protección de los derechos humanos. Semejante camino podría
emprenderse en materia de derechos económicos, sociales y culturales
lesionados por la corrupción, o el acceso a un juez independiente e im-
parcial afectado a raíz de la corrupción. O bien la violación de derechos
laborales o de otro tipo a raíz de represalias aplicadas a denunciantes
o testigos de buena fe de hechos de corrupción (whistleblowers), que
son muy habituales en nuestro medio, y a las que el Estado, pese a las
obligaciones asumidas en las convenciones contra la corrupción, no da
respuesta alguna. Un sendero ya ha sido trazado, si bien básicamente,
por la propia Comisión Interamericana de Derechos Humanos.40Esas
pinceladas deben robustecerse.
38
Abramovich, V., Courtis, C, Hacia la exigibilidad de los derechos económicos, sociales y
culturales. Estándares internacionales y criterios de aplicación de los tribunales locales,
en La aplicación de los tratados de derechos humanos por los tribunales locales, CELS,
Ed. Del Puerto, Buenos Aires, 1997, p. 283.
39
Más allá de la necesidad de promover y multiplicar el ejercicio de este derecho que pone
de resalto también el Informe.
40 Ver el Tercer Informe sobre la situación de los derechos humanos en Paraguay, año
2001, capítulo II, g).
44
Otro aspecto fundamental sobre el que también se hace hincapié en el
informe es el de los límites a la persecución de la corrupción, de modo tal
que no se materialicen violaciones a los derechos humanos. La experiencia
de ciertos países, que con la aplicación de penas crueles e inhumanas o
bien con el desconocimiento de garantías procesales básicas, acometen
contra la corrupción con un pretendido afán moralizador, deben denun-
ciarse categóricamente. En esta cuestión también pueden resultar útiles
los ecos de la discusión con aquellos que objetan lo que califican como
“neopunitivista” a la persecución de graves violaciones a los derechos
humanos limitando la aplicación de mecanismos que usualmente se
coronan con la impunidad.
Aquí también habrá que equilibrar los derechos de los imputados con el
de los afectados por la corrupción, que primordialmente son también
–como lo pone de manifiesto el Informe– aquellos que a raíz de factores
estructurales sufren un trato desigual por parte del Estado. Para colmo,
tal victimización se encuentra mediada por la presencia del Estado como
el damnificado directo por los hechos de corrupción, que es aquél en cuyo
ámbito se perpetúan prácticas estructurales de impunidad.
Deberán evaluarse también mecanismos que apunten a restablecer
la desigualdad generada por un ejercicio selectivo del poder punitivo,
descartando aquellos procesos meramente aparentes o fraudulentos
–que en nuestro ámbito y en relación con la corrupción son mayoría– o
bien limitando los efectos de la prescripción de cara a procesos que se
eternizan sin avance alguno, especialmente mientras los investigados aún
mantienen alguna parcela de poder.
Debe tratarse, simplemente, de procurar una aplicación racional e igualitaria
del derecho penal general,41 que en esta materia exhibe un desequilibrio
atroz y la usual falta de reparación de los perjuicios generados.
Roberto de Michele
(Asesor de Políticas Senior, Oficina de Integridad Institucional, BID)
A continuación desarrollo cuatro observaciones al informe de la Segunda
Reunión Regional en Transparencia y Lucha contra la Corrupción.
41
Abramovich, V., “Transplante” y “Neopunitivismo”. Debates sobre la aplicación del derecho
internacional de los derechos humanos en la Argentina, en Activismo de los derechos
humanos y burocracias estatales. El caso Walter Bulacio, CELS, Ed. Del Puerto, Buenos
Aires, 2008, p. 249.
45
INFORME
1. Impunidad/persecución de la corrupción
La impunidad frente a los hechos de corrupción es una cuestión central
en la agenda actual. No hay países en la región con altos niveles de
corrupción que muestren a la vez un poder judicial independiente capaz
de garantizar mínimamente que se aplicarán sanciones a los infractores.
Existe suficiente documentación en cuanto al efecto que esto genera en
los incentivos de los actores públicos y privados. En especial, la sensación
de impunidad lleva a confirmar la irrelevancia del respeto por la ley, tanto
por parte de aquellos que la transgreden normalmente como por parte
de aquellos que normalmente observan la ley, pero pueden enfrentarse
a situaciones específicas de posible apartamiento de las normas. La
impunidad se extiende no solamente a delitos contra la administración
cometidos por funcionarios públicos, sino que además comprende otros
delitos –en especial los delitos de cuello blanco– que gozan del mismo
grado de impunidad en muchos de los países de la región.
2. “Captura del Estado”
Utilizo esta expresión dado que se ha convertido en casi un término de arte.
Refleja el siguiente problema: la posibilidad de que el sector privado controle
al sector público que específicamente debe regularlo a fin de (a) evitar ser
regulado de manera objetiva, imparcial e independiente, (b) evitar multas
u otras medidas administrativas adversas y (c) favorecer al propio sector
por sobre otros sectores en la típica puja redistributiva de los recursos
públicos. Desde luego existen otras razones por las cuales el sector pri-
vado busca la captura del regulador, pero estas son las principales. Los
ejemplos abundan: sistema financiero de los EE.UU., sistemas de obras
sociales capturados por entidades sindicales en varios países de LAC,
sistemas de protección arancelaria o regímenes tributarios especiales
para sectores industriales, etc. Muchos de estos beneficios se obtienen
mediante contribuciones partidarias y en algunos casos a través del pago
directo de sobornos. En cualquier caso, los montos por transferencias
económicas que se producen por estas maniobras son seguramente los
más significativos en materia de impacto de la corrupción.
Si bien el documento muestra dos enfoques sectoriales (MeTA, EITI), estas
son respuestas que no se entienden cabalmente si no se describe cuál es el
problema subyacente. La captura del Estado es concomitante al problema
de la desarticulación del sector público. Los países en los cuales no existen
carreras administrativas, o una política de control de conflictos de interés o
una política de control de las contribuciones políticas desde luego son más
proclives a un Estado débil y, por lo tanto, pasibles de captura.
46
3. Impacto de los tratados internacionales
La región ha ratificado los principales tratados internacionales (OEA, ONU,
OECD, GAFI). Estos instrumentos están teniendo un impacto relevante
en el impulso de la agenda anticorrupción, pero el documento no hace
mención de este tema. En especial, tienen impacto en la medida que los
procesos de evaluación recíproca comienzan a evidenciar los déficit en
materia de los compromisos adoptados por los Estados. Estas prácticas
documentadas permiten identificar oportunidades de promoción de políticas
de transparencia y control de la corrupción frente a las cuales el Estado
tiene compromisos concretos frente a la comunidad internacional.
4. Lavado de dinero y crimen organizado
La región sufre crecientes problemas de crimen organizado y este nece-
sariamente se vincula de un modo u otro con temas de lavado de dinero
y corrupción. Esta es una relación compleja que en algunos países ha
tenido abordajes relativamente eficaces (EE.UU., década del 80, y en
la actualidad, Italia finales de la década del 80). Sin embargo, no hay
mención alguna de este fenómeno y su impacto en el sistema político y
la economía legítima.
47
INFORME
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