Globalización, migración transnacional y género. Propuesta teórico-metodológica

Autor:Yolanda Correa Castro
Páginas:25-76
 
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Introducción

La migración de mujeres como campo de investigación en los últimos años ha tenido un relativo auge dentro de los estudios de antropología, sociología y demografía. Posiblemente esto se deba a dos situaciones vinculadas: por un lado, a la creciente e irreversible participación de las mujeres en los diversos escenarios de la actividad social y, por otra parte, a la importancia de la perspectiva de género en el análisis de las ciencias sociales, pues de?nitivamente esta categoría ha trastocado los paradigmas de los horizontes epistémicos no sólo en el ámbito de lo académico y político sino además en el de las propias prácticas sociales.

El género, en términos generales, se re?ere a la construcción social, cultural e histórica que cada grupo realiza respecto a la diferencia sexual. Así, el concepto de género trata del conjunto de prácticas, representaciones colectivas, símbolos, normas y valores subjetivos e ideológicos diferenciales para hombres y mujeres en las diversas sociedades.

En el fenómeno social de la migración, la perspectiva de género permitió pasar del simple dato cuantitativo de la participación de mujeres y hombres a dimensionar y complejizar la participación especí?ca de ambos sexos. De esta manera, las mu-jeres dejaron de ser focalizadas como simples acompañantes “ignoradas” para ser vistas en su especi?cidad dentro del ?ujo migratorio.

Por otra parte, uno de los problemas más debatidos actualmente en México es la migración internacional de mexicanos a Estados Unidos, así como sus múltiples efectos en la vida cotidiana además de los cambios culturales que se presentan en ambos países al generar formas transnacionales de vida, recibiendo por ello la mira-da analítica de diversas ciencias sociales.

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Los desplazamientos de población en el interior y más allá de las fronteras nacionales no son un fenómeno reciente; sin embargo, las migraciones internacionales dentro del marco de la globalización —con el surgimiento de un mundo sin barreras para el mercado global, redes mundiales de comunicación, intercambio cultural e intensi?cación de la interdependencia— se han vuelto cada vez más diversi?cadas y complejas, por lo que esta movilidad territorial es ahora cualitativamente diferente.

La globalización está modi?cando las estructuras sociales en todo el orbe, nuestras relaciones, nuestras vidas y sobre todo el conocimiento que hasta ahora se había tenido del mundo. Los debates teóricos de las diversas ciencias se ven orillados a crear nuevos marcos analíticos, nuevas herramientas conceptuales y metodológicas para poder comprender las implicaciones de estos cambios. Lo anterior ha llevado a diversos estudiosos a plantear la existencia de una crisis paradigmática o bien de un clima pluriparadigmático al resultar insu?cientes las teorías y categorías conceptuales hasta ahora utilizadas, de tal manera que es necesario replantear nociones centrales como identidad, género, cultura, transnacionalismo, Estado-nación y territorio, por ejemplo.

Conscientes de la complejidad del fenómeno migratorio, de la velocidad de los cambios en el ámbito mundial y de las situaciones inéditas que encierran, vemos la necesidad de construir marcos analíticos globalizadores que superen los obstáculos de las teorías existentes ante los problemas de interpretación frente a la novedad de diversos elementos sociales, económicos, culturales y políticos.

Este cambio de perspectiva analítica afecta los estudios migratorios. De esta manera se trata de entender las migraciones como un proceso amplio, multifacético, multidinámico y complejo, es decir, en las migraciones internacionales y locales operan factores sociales, culturales, políticos, económicos y demográ?cos. Por ello es necesario de?nir la migración dentro del marco de la globalización. En el mismo sentido retomaremos lo que algunos estudiosos han conceptualizado como la globalización desde abajo para referirse a la globalización desde los propios actores sociales, que carecen o poseen poco poder político en la dinámica del Estado, así como una presencia negada o mediatizada ante el capital ?nanciero global, a pesar de su decisiva importancia en la economía de sus países de origen y de acogida.

En este marco nuestro interés principal de estudio es conceptualizar a las mujeres migrantes como actoras sociales capaces de tomar decisiones, aunque constreñidas por diversos factores socioculturales y económicos en el contexto de la globalización, de la migración internacional y del debate de los nuevos horizontes paradigmáticos del “ser mujer” desde la teoría feminista de la modernidad y posmodernidad. Cabe aclarar que nuestra intención es elaborar una propuesta teórico-metodológica que continúe con la re?exión y el cuestionamiento en torno a estos ejes, pero de

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ninguna manera pretendemos dar por concluida la discusión, ni mucho menos las interrogantes que puedan surgir a lo largo de esta exposición.

Así pues, en este primer capítulo nos proponemos desarrollar una propuesta teó-rica y metodológica que nos permita contextualizar y analizar las resistencias y los cambios en las relaciones de las mujeres que emigran o bien de aquellas que sin movilizarse territorialmente se ven impactadas por los cambios globales y por los estilos de vida transnacionales generados, en parte, por las migraciones a Estados Unidos.

Dicha propuesta está organizada en tres apartados. En el primero de ellos trazamos algunos rasgos de la globalización que permiten adentrarse en el reconocimiento del transnacionalismo como generador de formas de vida más allá de las fronteras nacionales, para después analizar, como tercer aspecto, las identidades, las identidades de género y los cambios en las relaciones dentro del marco migratorio. También planteamos algunas interrogantes que se fueron articulando en los siguientes capítulos.

Modernidad, posmodernidad y globalización

La modernidad es construida por la civilización occidental y nutrida por la historia de Europa. Giddens (1993: 15) entiende la modernidad como “modos de vida u organización social que surgieron en Europa desde alrededor del siglo XVII en adelante y cuya in?uencia, posteriormente, los han convertido en más o menos mundiales”. La modernidad como forma de convivencia humana sostiene que el progreso es la vía seguida por Occidente, con sus valores liberales y con los avances de la ciencia y la tecnología.

Para alcanzar el progreso y además, conocer el mundo y dominarlo, la modernidad debe regirse por la razón. Este principio tiene su base en la existencia de una única racionalidad, que intenta justi?car e imponer los principios y valores de una cultura como si fueran universales y homogéneos.

Actualmente las viejas formas de vida y de organización se ven contrariadas, desbordadas, debilitadas hasta el grado de verse en peligro, se habla de una crisis, de una época de transición que trasciende a la misma modernidad, de ahí que los estudiosos expliquen esta transición como la expresión de un nuevo orden social donde las relaciones productivas mundiales dan pauta a nuevas formas de generación y acumulación de ganancia, y donde el mercado se presenta como mecanismo organizador de la vida humana con implicaciones culturales, sociales y políticas.

Los historiadores, los académicos atentos a la decadencia de la cultura occidental, a sus instituciones, su racionalidad, su lenguaje, su per?l del hombre, sus valores y

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saberes, a?rman que “la humanidad tenía que mirar más allá de la civilización europea moderna para buscar su auténtico yo” (Herman, 1997: 365).

En términos radicales se estaría hablando del ?n de un estado anterior de cosas, de un periodo reconocido como posmodernidad, posindustrial, posnacionalista y posfeminista, entre otros. Las condiciones culturales de la llamada posmodernidad se han mirado como consecuencia de un proceso discontinuo, contradictorio y muchas veces excluyente o complementario de los cambios dentro del capitalismo.

Para Touraine (1997: 33) se trata de la desmodernización: “Si la modernización fue la gestión de la dualidad de la producción racionalizada y la libertad interior del Sujeto humano por la idea de sociedad nacional, la desmodernización se de?ne por la ruptura de los vínculos que unen la libertad personal y la e?cacia colectiva”. Si Touraine considera la noción de posmodernidad “... como instrumento crítico que nos ayuda a percibir la crisis y el ?n del modelo racionalista de las Luces”, también dice que es incapaz de explicar la disociación “entre la extensión y el alma, la economía y las culturas, los intercambios y las identidades”.

Por su parte García (1990: Xlll) mani?esta su oposición a la consideración de la posmodernidad como una etapa que sustituiría a la modernidad, explicándolo de la siguiente manera: “Preferí concebirla [a la posmodernidad] como un modo de problematizar las articulaciones que la modernidad estableció con las tradiciones que intentó excluir o superar”.

En este trabajo la palabra posmodernidad se re?ere a un momento histórico que se caracteriza por profundos cambios en el sistema de producción económica que están alterando las estructuras políticas, sociales, culturales y simbólicas.

Las mutaciones institucionales del capitalismo global han centrado el debate en el tránsito de un sistema basado en la fabricación de bienes de consumo a otro centrado y revitalizado por el desarrollo de la informática y, con ello también del potencial del capital virtual, creándose una serie de re?exiones sobre las virtudes y desventajas de un modelo de sociedad posindustrial. Otra de las tantas tensiones es la discusión de la cultura posmoderna de los límites entre “alta” y “baja” cultura, y entre lo propio y lo ajeno. La globalización y la condición posmoderna están íntimamente entretejidas y selladas por el...

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