Mujeres trabajadoras transnacionales: las que se fueron y no han regresado

Autor:Yolanda Correa Castro
Páginas:255-300
 
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De esposas a trabajadoras migrantes transnacionales

La globalización, la reestructuración del capitalismo y la crisis crónica que ha vivido México y especialmente el campo mexicano han impulsado a las mujeres piegallenses y a sus unidades domésticas a ir más allá de su propio territorio en busca de un trabajo que les permita sobrevivir, aunque esto les implique dejar a parientes y amigos, arriesgar sus vidas y someterse a una explotación sistemática y profunda.

La globalización no sólo ha profundizado las desigualdades de clase sino además las de género, estas mujeres reconocen que sus condiciones han cambiado para adaptarse a las nuevas circunstancias. Lo anterior ha hecho posible que las mujeres hayan desarrollado nuevas formas de sobrevivencia y de resistencia ante la actualización de las desigualdades de clase y etnia e inequidades de género. Todas las entrevistadas, como trabajadoras transnacionales, han vivido situaciones adversas.

Cruzar la frontera para estas mujeres representó también confrontar su cultura con otras, al experimentar un proceso de transculturación y rede?nición de los lazos con su localidad, además de ciertas claves identitarias. Este proceso muestra el protagonismo de las mujeres en lo que Parra (1996: 17) llama “hacer identidad cultural”. Es decir, la emigración permite “activar las relaciones interétnicas y, por tanto, susceptibles de generar etnicidad”, pues, en la medida en que los grupos de inmigrantes mantengan fuertes e intensos vínculos con su lugar de origen, en un contexto de relaciones interétnicas, lograrán reconstruir y resigni?car ciertos elementos identitarios, sin que ello implique una ruptura entre el lugar de origen y el de acogida. Culturalmente las mujeres tienen un papel central en la sociabilización de los integrantes de la familia,

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por ello, Parra a?rma que ellas son “hacedoras de identidad cultural o étnica”, tanto en el espacio doméstico como en el público.

En otro sentido, hacer alusión a las que se fueron y no han regresado tiene que ver con una tendencia general encontrada por los especialistas que señala que mientras las mujeres se inclinan más por una migración de mayor duración y preferentemente familiar, los hombres casados y con prole en México tienden más a practicar una migración circular (Delaunay, 1998; Corona, 1998a). Efectivamente, ésta fue la tendencia entre las mujeres piegallenses estudiadas, quienes se inclinaron más a la migración permanente y movilizaron a su grupo familiar.

Para Anguiano (1998) la tendencia de ellas a una migración permanente está más relacionada a los ciclos de vida y roles de género, pero además a las condiciones cada vez más violentas en el cruce de la frontera, a las políticas restrictivas y agresivas del gobierno americano, a los lazos establecidos en el lugar de residencia y al estatus migratorio y, en menor medida, a las demandas del mercado laboral.

Por otra parte, las razones de las mujeres piegallenses para emigrar son reagrupar a la familia o buscar trabajo y mejores condiciones de vida. Su situación de género marcó los tiempos y los ritmos de su emigración, siendo la explotación y la desigualdad comunes y constantes aunque matizadas según el país, por ello doña Catalina reconoció las adversidades en su situación de clase cuando expresó:

Tanto sufre uno aquí como allá, aunque es diferente, allá si hay trabajo nomás es de alba-ñil. A los hijos no se les puede mantener, no alcanza para comer, hay pobreza y se sufre. Aquí se extraña a la familia, el rancho, pero se vive mejor, hay trabajo, hay dinero, pero se sufre, se trabaja mucho, está uno amarrado al trabajo, no hay tiempo para descansar, no hay tiempo para los hijos, un centavo que se gana se sufre, pero hay trabajo.

En este apartado vamos a abordar las experiencias migratorias de 18 mujeres piegallenses que en el momento de la entrevista residían en Estados Unidos. Expondremos su trayectoria migratoria transnacional preguntándonos por qué decidieron cruzar la frontera y qué las hizo mantener su residencia en Estados Unidos, subrayando los cambios en su identidad, en sus relaciones de género y en su hogar para adaptarse a un contexto transnacional. Retomaremos las entrevistas a profundidad e incluiremos las observaciones realizadas en sus unidades domésticas.

Para ello hemos organizado la exposición en dos momentos: primero viendo por qué emigraron de Pie de Gallo, quién tomó la decisión de “cruzar la línea” y por qué, describiendo sus per?les y analizando sus trayectorias migratorias. En un segundo momento, nos adentramos en los procesos de organización y adaptación a los lugares de residencia, destacando los mecanismos de sobrevivencia que pusieron en marcha

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en sus lugares de recepción, así como las perspectivas de retorno al lugar de origen. Todo ello en dirección a subrayar los cambios, las rupturas, las pervivencias y las continuidades en las relaciones de género ante condiciones que se desplazan más allá de la localidad de origen y de destino.

Para lograr lo anterior analizamos aspectos como las redes de apoyo, la división del trabajo doméstico, el trabajo remunerado, el contacto con instituciones, las expectativas de retorno y las relaciones con la población de Pie de Gallo. Elementos que expresan la cooperación y la desigualdad entre hombres y mujeres y el des/empoderamiento en las relaciones de pareja; además estos tópicos nos permitirán, sobre todo, observar cómo estas mujeres transnacionales evalúan sus logros y limitaciones en su lugar de origen y de acogida.

En las entrevistas realizadas en Pie de Gallo a las 93 mujeres con experiencia migratoria, ellas reportaron 33 mujeres, parientas o amigas, que residían en Estados Unidos (ubicadas en California, Texas, Georgia, Florida, Carolina del Norte y del Sur, Indiana, Kansas y Pensilvania) (mapa 1), trasladándonos a Indiana y a las dos Carolinas para obtener la información de este capítulo.

La migración transnacional piegallense como proceso y como parte de las estrategias de sobrevivencia de la unidad doméstica se inició con la movilidad territorial transnacional masculina, las mujeres se fueron incorporando a este movimiento no sólo para buscar la reuni?cación de su familia, sino además por razones diversas como: la necesidad de un trabajo, mejorar sus condiciones de vida, invitación de parientes, para alejarse de los con?ictos familiares y por el abandono de su pareja, entre otras. Es importante considerar que este proceso migratorio expresó profundas desigualdades de género, ya que al interior del grupo doméstico se marcaron los ritmos y tiempos de la migración de hombres y mujeres de manera diferencial y jerarquizante.

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Perfiles femeninos y patrones migratorios transnacionales

El cruce de la frontera por parte de las mujeres no sólo fue una más de las estrategias de sobrevivencia que tuvieron que llevar a cabo los hogares piegallenses para su reproducción sino también fue por el interés de continuar con el proyecto de pareja, la búsqueda de un trabajo más signi?cativo, experimentar una situación migratoria fuera del país o bien tomar distancia de tensiones familiares. La exposición de este apartado está agrupada en tres aspectos: características de las mujeres, el cruce y su organización y los patrones migratorios que siguieron.

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Características de las mujeres emigrantes

El per?l de las 18 mujeres residentes en Estados Unidos en el momento de la entrevista fue el siguiente: respecto a sus edades se encontraban entre 21 y 60 años de edad, predominando el grupo de entre 21 a 30 años con nueve de ellas y siete entre 31 a 40 años. La mayoría estaba incorporada al mercado laboral, y sólo dos se dedicaban exclusivamente a las tareas del hogar. En lo que toca al grado de estudios éste fue bajo, ya que seis de ellas estudiaron la secundaria incompleta y una logró terminarla, cinco la primaria incompleta y dos la concluyeron, una es analfabeta, otra estudió una carrera técnica y dos fueron al High school sin haberlo concluido. En relación al estado civil encontré que 12 estaban casadas, en unión libre tres, separadas dos y una era madre soltera. En promedio estas mujeres tuvieron 2.7 hijos. Los niños que vivían con ellas tenían una edad mínima de 10 meses y una máxima de 21 años. Sólo una de ellas ya tenía hijos casados (cuadro 1).

Su estatus migratorio fue el siguiente: 15 estaban sin documentos legales, dos tenían documentos legales para residir en ese país y una contaba con visa de trabajadora. Sus lugares de residencia en el momento de la entrevista fueron Indiana, Carolina del Norte y del Sur.1Algunas habían trabajado en California, Texas, Florida, Georgia, Arkansas, Tennessee e Illinois. Entre ellas algunas son hermanas, madres e hijas, tías y sobrinas o suegras y nueras y todas se conocen.

La primera en iniciar su trayectoria transnacional lo hizo en 1984 y la última en 2002. Entre 1984 y 1989 salieron cuatro, y la mayoría (13) cruzaron la frontera entre 1990 y 1999. En cuanto al estado civil en el momento de iniciar su trayectoria migratoria éste fue: 10 casadas, tres solteras menores de edad , dos solteras y mayores de edad, una madre soltera, una en unión libre y una separada.

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Organización, cruce y traslado

Al salir de Pie de Gallo pocas mujeres contaron con el apoyo de sus madres, de sus padres y sobre todo de sus suegros argumentando la preocupación por la seguridad de los hijos, su lugar en la casa o dudando de su capacidad para lograr llegar a su destino y sobrevivir en un medio diferente al suyo. Algunos testimonios lo...

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