El sistema internacional y América Latina a 50 años del Concilio Vaticano II y de sus propuestas sobre la comunidad entre los pueblos.

Autor:Allard Neumann, Raúl
Cargo:Discurso
 
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Presentación del profesor Raúl Allard Newmann en las Jornadas sobre Doctrina Social de la Iglesia, desarrolladas con motivo de los 50 años del Concilio Vaticano II (Valparaíso, 3 de junio de 2015).

Agradezco a los organizadores de la Facultad de Teología y a la cátedra de Doctrina Social de la Iglesia de la PUCV, que dirige el profesor Jorge Mendoza, por esta invitación. Reflexionar sobre el estado de las relaciones internacionales y las nuevas condiciones y desafíos del presente siglo, tomando como hitos de referencia el Concilio Vaticano II y su documento final, la > (diciembre de 1965), suscrita por el Papa Paulo VI, así como las reflexiones y enseñanzas de la doctrina social de la Iglesia, es muy oportuno y apropiado.

  1. EDIFICAR LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

    A lo largo de estas últimas décadas, líderes políticos y especialistas de todas las latitudes no han dejado de evaluar e insistir en la aplicación de los principios fundantes de la Carta de Naciones Unidas a las interacciones entre las naciones y, en particular, en el caso de los Papas, la Iglesia y muy diversos analistas en relaciones internacionales, de impulsar los principios de paz y cooperación que surgen del capítulo V y final de la Constitución Pastoral de 1965, titulado: >. Dicho texto está orientado a la nobilísima y auténtica noción de paz: > (Gaudium et Spes, en adelante GeS, párrafo 77).

    Ese mensaje sigue vigente. Se desarrolla a través de la doctrina social de la Iglesia, que arranca con la encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII, sobre la cuestión obrera en el siglo XIX (Encíclicas Sociales, 2001, San Pablo, Santiago), y que el Papa Francisco ha asumido con mucha fuerza, actualizándola y adaptándola a la realidad contemporánea. Es, a nuestro juicio, tarea de todos, creyentes y no creyentes, abordar, desde nuestros respectivos puntos de acción, las amenazas y oportunidades que los pueblos del mundo y América Latina deben enfrentar para alcanzar esos grandes ideales.

    El Concilio se desarrolló durante el período de la Guerra Fría y el mundo bipolar, los que no son identificados como tales en el documento conciliar que se plantea desde una perspectiva verdaderamente universal. El capítulo V comienza aludiendo a la amenaza de guerra y afirma que la paz > (GeS, 78). Su sección I se centra en la obligación de evitar la guerra. Hay referencia a la >, el horror de la guerra se acrecienta >, > y los devastadores efectos de su uso (GeS 80). Se alude explícitamente al proceso de disuasión, esto es, la abstención, relativamente regulada, por parte de las grandes potencias de la época del uso bélico de sus arsenales estratégicos. Sin duda, un contexto de Guerra Fría se refiere también a un compromiso, > y la solución de mediano plazo: >.

    El espectro de la confrontación directa entre las dos grandes potencias de la época se disipó hasta llegar a la autodisolución de la Unión Soviética (URSS), período en que le correspondieron interacciones muy activas al Papa Juan Pablo II, especialmente en el caso de su natal Polonia. En tanto, la autoridad mundial--idea recobrada con fuerza por el Papa Emérito Benedicto XVI en Caritas et Veritatis, donde insiste en que debe estar fundada >--sigue pendiente, al igual que toda una nueva arquitectura del sistema internacional (Pbro.Dietert Lorenz, coordinador, 2010, Reflexiones sobre la encíclica Caritas et Veritate de S.S. Benedicto XVI, Foro Valparaíso, Valparaíso).

    Con todo, el Concilio no concibe la vida internacional como un ámbito solo de conflictos, intereses y equilibrios, y llama--en la sección 2 del capítulo V--a >, lo que requiere que se >, > y la > de las soluciones (GeS 83). Estos retos han sido preocupación de los sucesivos Papas, también del Papa Francisco.

    Esto nos recuerda que el documento conciliar se expide en el contexto de Bandung 1955 y el surgimiento del Movimiento de los No Alineados. No tenían el poder de las dos grandes potencias, pero sí la capacidad de incorporar temas a la agenda, planteando un nuevo orden económico internacional.

    Hoy han surgido nuevas amenazas que superan la realidad de los conflictos entre naciones y ejércitos regulares, y se manifiestan con fuerza en diversos puntos del globo.

    En este contexto, América Latina, nuestro hábitat natural, procura aumentar su estatus en los foros internacionales y presentarse como un área de paz. Haremos algunas reflexiones en ambos planos, el internacional y el latinoamericano. Partimos de la base que el objetivo de las políticas exteriores no debe ser el acrecentamiento del poder--como en la escuela realista aún en boga en la época del Concilio--sino el bienestar de todos los pueblos, de hombres y mujeres en todas las latitudes. Surgían nuevas categorías como la interdependencia de las comunidades nacionales ya mencionada en Pacem in Terris, conceptos como el de la planeación del desarrollo y la necesidad de poner instrumentos de política económica al servicio de la superación de desigualdades (Tinbergen, J. (1963). La planeación del desarrollo, FCE, México). Asimismo, la superación de las desigualdades como preocupación permanente de la Iglesia.

  2. TENDENCIAS GLOBALES Y EMERGENCIA DE NUEVOS ACTORES

    Entendemos el sistema internacional como el conjunto de interacciones entre actores políticos internacionales bajo determinadas formas de control--organizaciones internacionales, derecho internacional, diplomacia, opinión pública internacional--, que no alcanzan ni con mucho a ser un gobierno mundial que no existe. Este sistema--actores en permanente movimiento e interacción--ha alcanzado en las últimas cinco décadas una considerable complejidad.

    En primer término, la post Guerra Fría: nueva época, no un nuevo orden. Vivimos el período de la post Guerra Fría a partir de la autodisolución de la URSS y la simbólica caída del Muro de Berlín, pero los grandes desafíos de paz y cooperación siguen abiertos.

    No se ha generado per se un nuevo orden internacional. Luego de un > en los noventa--como se lo concibe ahora--se ha instalado un sistema con una potencia hegemónica en lo nuclear y diversos centros de poder políticos--destacándose Estados Unidos y China--y cierta multipolaridad en lo económico.

    Se han desarrollado diversas tendencias teóricas y políticas --constructivismo, institucionalismo liberal, nuevas formas de regionalismo--y prácticas: desde el ataque a las Torres Gemelas a nuevos estados en Europa Oriental, la desmembración de Yugoeslavia, la unificación alemana, la primavera árabe, nuevos Estados emergentes como los BRICs, el ascenso del Asia y China, y muchos otros. La gran recesión del 2005 al 2008 afectó más a Europa, Estados Unidos y el mundo desarrollado que a América Latina.

    Segundo, nuevos Estados y organizaciones internacionales gubernamentales: mayores exigencias a la comunidad internacional: A partir del fin de la Segunda Guerra Mundial se ha producido un considerable incremento de nuevos Estados--los actores nacionales--y nuevas instituciones internacionales gubernamentales integradas exclusivamente por Estados, que más allá de sus poderes efectivos, han dibujado un nuevo escenario mundial. Los Estado-naciones han sido reputados como ejes del sistema desde hace varios siglos, simbólicamente identificados con el Tratado de Westfalia de 1648.

    Junto al aumento en número de Estados, se advierte su enorme diversidad en riquezas, recursos, territorio, población, capacidades de ejercer sus funciones fundamentales, desde potencias a Estados débiles y fallidos, en que se ha producido > (Barbé, E. (2008). Relaciones internacionales. Madrid: Tecnos).

    Frente a esta realidad, que estaba germinando en 1965, el Concilio había llamado a reforzar dos procesos: por una parte, la > (GeS 84). Esto es, robustecer la vía multilateral en las relaciones internacionales, y por la otra, incrementar > (GeS 85), una aspiración central de los no alineados o el Tercer Mundo. Numerosos programas de Naciones Unidas y otras organizaciones y documentos posteriores de la doctrina social de la Iglesia han explicitado y profundizado estos lineamientos. A lo largo de esta presentación veremos resultados disímiles y, naturalmente, nuevos problemas y desafíos.

    La realidad es que han proliferado organizaciones internacionales gubernamentales en los más diversos sectores de la comunidad internacional, partiendo por las ya existentes al momento del Concilio, fundamentalmente las de la > de Naciones Unidas, principalmente UNESCO, FAO y OIT, que venía desde la Liga de las Naciones, y la Organización Mundial de la Salud. También han proliferado los Estados miembros de Naciones Unidas: desde los 51 originales en 1945 (entre ellos, Chile) a los 194 actuales, luego de un proceso muy exitoso de descolonización.

    En esta perspectiva, el Concilio refuerza su convicción en el multilateralismo y las organizaciones internacionales son mencionadas como > (GeS, No 84) en Gaudium et Spes y, sin duda, lo eran en sus propósitos de ser >, como expresa el documento conciliar. Una demostración de que en el fuerte debate político internacional de los sesenta, Naciones Unidas y su Asamblea General, se habían constituido en un foro respetado en el que se expresaban progresivamente todas las naciones del mundo, en todos los temas que por entonces conducían a un mayor bienestar de los pueblos.

    El Consejo de Seguridad, con imperfecciones, logros e insuficiencias, es el centro del mecanismo de seguridad colectiva...

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