Rompiendo codigos de Luciano Tomassini.

Autor:Bianchi, Andrés
Cargo:Documentos
 
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Esta obra póstuma de Luciano Tomassini tiene un título un tanto críptico --Rompiendo códigos-- y su dimensión es algo intimidante: 674 páginas. Además, si estas tuviesen un formato más normal --con menos líneas por página y menos palabras por línea-- su extensión sería considerablemente mayor.

Se trata pues de un libro grande, al cual el autor, con sua la vez rara y proverbial modestia, insiste en llamar >, denominación que -sospecho- Montaigne, el creador de dicho género literario, no compartiría totalmente...

Pero, además de grande, este es un gran libro, enormemente ambicioso, revelador de la extraordinaria erudición de su autor y cuya lectura es fascinante. Por ello, conviene decir desde la partida que es imposible hacer justicia a sus múltiples méritos en el breve tiempo de que disponemos.

El tema central de Rompiendo códigos es el análisis del cambio que representa la cultura de la posmodernidad respecto de la llamada modernidad madura.

Según el autor, ese cambio -que la cultura del mundo occidental ha venido experimentando en el transcurso de los últimos cuarenta años- podría ser el más radical y profundo en toda la historia de esta, desde sus orígenes en la época de la Grecia Clásica.

Para sustentar esta afirmación --no exenta de audacia--, él distingue dos etapas en la evolución general de la modernidad.

La primera corresponde a la modernidad temprana, asociada al Renacimiento y el humanismo y que marca la ruptura con la cultura medieval.

La segunda es la modernidad madura, cuyo origen se remonta a Descartes y a la Ilustración y que en buena medida dominó el pensamiento filosófico de Occidente en el siglo XIX.

Esta distinción es de crucial importancia pues la reacción posmoderna es contra la modernidad madura, no contra la modernidad del Renacimiento. Es más, la posmodernidad aspira, en no pocos aspectos, a asimilarse a ciertas características de la cultura renacentista y en especial a recuperar su espíritu inquieto y libertario.

Como se sabe, la cultura del Renacimiento estuvo marcada tanto por su firme inclinación a prescindir de cánones o modelos previos como por la pasión por inventar un mundo nuevo. Se basaba en una razón imaginativa, creadora y transgresora y fue encabezada por individuos inquisitivos, particularistas y libertarios. Así, y como subraya el autor, la modernidad generada por el Renacimiento fue audaz, abierta, creativa y flexible.

Estos rasgos contrastan nítidamente con los de la modernidad madura, cuya fuente...

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