El restablecimiento del Poder Parlamentario

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El periodo seleccionado para poner fin al presente estudio es el que se refiere a la muerte del Luis XIV y a las circunstancias del restablecimiento del poder de registro y de enmienda de los Parlamentos, potestades recuperadas gracias a los intereses del Regente, el Duque de Orleans. Esta selección supone acomodarse a la cronología más tradicional que, sin embargo, parece seguir resultando demasiado convincente como para sustituirla.

El cómo se pasó de un poder monárquico representado por la capacidad del rey de hacer heredar el título de monarca a sus hijos bastardos o "legitimados", hasta la recuperación de las tradicionales facultades políticas de los Parlamentos, sólo se puede explicar por las condiciones de la política exterior entonces reinantes y la aparición de un elemento político-religioso que despertaría a los Parlamentos de una larga hibernación. Éstas podrían resumirse en un afán del regente por consolidar su posición cuanto antes, a la vista de otros posibles pretendientes al trono de Francia como Felipe V y en un afán del Parlamento por reconstituir las bases de un orden político respetuoso con las condiciones del amenazado galicanismo. Respecto de este último hay que considerar su importante relación con el jansenismo, asunto del que se ocuparía Roma, levantando así las reticencias del Parlamento de París150. El trasfondo de

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las intenciones políticas deja entrever una posición específica del Parlamento con respecto del absolutismo.

El jansenismo vive en esta época un segundo periodo en el que la política religiosa de Luis XIV es aplastante. En este sentido, el monarca no duda en seguir la doctrina de Roma y su condena del libro de Quesnel Las reflexiones morales de 1692. Según Feutry condenar este libro suponía "darles a los protestantes una prueba más de la falta de seriedad y de rigor de la religión católica y auguraba nuevos conflictos con los recién convertidos"151. Aun teniendo presente este problema de fondo, Luis XIV aceptó la Bula de condena del libro, bien a pesar de que condenaba la prohibición hecha al Papa de excomulgar a los reyes y oficiales, es decir, el monarca estaba renunciando a la doctrina galicana. Además de ello, ignorando las facultades que el placet le otorgaba pretendió que la Bula se introdujese en Francia sin demora para lo que debía ser registrada en el Parlamento. Previamente, de nuevo en virtud de las libertades de la Iglesia de Francia, debía ser aceptada por la asamblea del Clero lo que suponía, al pare-cer, graves problemas de tiempo para Luis XIV. Así las cosas, hizo reunirse a una pequeña asamblea que aceptó la Bula y el rey la hizo finalmente...

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