La regulación jurídica del sistema económico internacional

Autor:Luis M. Hinojosa Martínez
Páginas:27-51
 
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CAPÍTULO I
LA REGULACIÓN JURÍDICA DEL SISTEMA
ECONÓMICO INTERNACIONAL
Luis M. Hinojosa Martínez
I. DERECHO, ECONOMÍA Y POLÍTICA
1. El intercambio internacional de mercancías, servicios, mano de
obra y capital se produce desde tiempo inmemorial por una gran cantidad
de motivos. Desde una perspectiva contemporánea, quienes exportan buscan
economías de escala que aumenten sus beneficios, ampliando su mercado y
obteniendo mayores réditos de su esfuerzo de investigación e innovación.
Los importadores pretenden conseguir mercancías o servicios que no ob-
tienen en el mercado nacional, o que pueden adquirir a mejor precio en el
exterior. La mano de obra busca su mayor remuneración y se desplaza a los
focos de actividad económica donde es más valorada. De la misma forma,
los propietarios del capital intentan invertir en los lugares donde se obtienen
mayores beneficios o en los que se ofrece más seguridad. Los flujos trans-
fronterizos de capital suelen llevar aparejadas, en ciertos casos, transferen-
cias de tecnología, al tiempo que implican el control extranjero de algunos
medios de producción.
2. La regulación jurídica de las relaciones económicas ha constituido
una de las principales funciones del poder público en todo tiempo y lugar.
Con independencia de la ideología política que se posea, y de las conse-
cuencias positivas o negativas que se atribuyan a las actuales relaciones eco-
nómicas internacionales, el ser humano siempre ha sentido la necesidad de
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realizar intercambios con otros pueblos, y todos los Estados fomentan, de
una manera u otra, su inserción en los flujos comerciales internacionales.
Los Estados juegan un papel muy importante en esas relaciones econó-
micas. En primer lugar, como agentes económicos que participan junto con
los operadores privados en las transacciones que se realizan en los mercados
de bienes, servicios y capitales. En segundo lugar, como reguladores de esos
mercados, tanto en el plano interno, a través del Derecho nacional, como
en el plano exterior, mediante el establecimiento de normas internacionales
creadas por acuerdo con otros Estados.
3. La fuerza dinamizadora de las relaciones económicas ha generado
el mito del carácter apolítico del Derecho internacional económico. Salvo
contadas excepciones, los Estados mantienen relaciones comerciales, inclu-
so cuando se encuentran enfrentados en el terreno ideológico o estratégico.
Sin embargo, paradójicamente, se puede establecer un vínculo entre el na-
cimiento del Estado moderno, la elaboración del concepto de soberanía y la
aparición del capitalismo liberal. El Derecho internacional clásico, articu-
lado en torno al sistema de Estados soberanos e independientes, permite el
desarrollo del comercio internacional y la ordenación de los factores de pro-
ducción en la forma más conveniente para el capitalismo liberal. El Derecho
nace exclusivamente de la voluntad de los Estados y tiene como objetivo
proporcionar seguridad jurídica a las transacciones, que deben ser juzgadas
únicamente en función de su legalidad.
Este supuesto carácter apolítico de las relaciones económicas encuentra
apoyo en el deber de cooperación general de los Estados, «independientemente
de las diferencias en sus sistemas políticos, económicos y sociales» con el fin,
inter alia, «de promover la estabilidad y el progreso de la economía mundial»
[Resolución 2625 (XXV) de la Asamblea General de NNUU]. En el campo del
Derecho internacional económico, este principio se encuentra recogido en los
tratados constitutivos de varias organizaciones internacionales. Así, por ejem-
plo, el art. 4 (10) de los Estatutos del Banco Internacional de Reconstrucción y
Fomento señala que «el Banco y sus agentes no interferirán en los asuntos polí-
ticos de ningún miembro, ni se verán influidos en sus decisiones por el carácter
político del miembro o de los miembros afectados. Sólo las consideraciones
económicas serán relevantes para sus decisiones».
No obstante, el discurso sobre la supuesta neutralidad política de la eco-
nomía no resulta creíble en nuestros días, y pocos se atreven a negar que el
Derecho internacional económico, como el Derecho en general, encuentra
su fundamento en determinadas opciones políticas y en las relaciones de
poder que existen en la sociedad internacional actual (KRASNER, 2005: 22).
Algunos ejemplos permiten ilustrar estas afirmaciones. El capital aporta-
do al FMI o al Banco Mundial permite a los países del G-7/8 mantener una

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