Reflexiones en voz baja

Autor:Mónica Aranda Ocaña
Páginas:492-493
 
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Page 492

Cuando los coordinadores de esta iniciativa me ofrecieron la posibilidad de escribir una líneas para esta publicación en homenaje al Prof. Dr. Roberto Bergalli primero me asusté. Pues sí, la verdad que tratar de reflejar en unas letras el significado del conocimiento de la persona, la experiencia vivida, etc. junto a Roberto (si me permite la confianza mi profesor) es realmente muy difícil, pero, a pesar de ello, creí que sería mucho más interesante escribir de forma muy personal, siempre desde mi propia experiencia, acerca de la calidad humana que una persona con formas de actuar un tanto brutas (¡debe decirse todo!) puede llegar a albergar y a transmitir.

Quien escribe siempre ha sido de verbo fácil, algunos/as compañeros/as de mi vida incluso creyeron que demasiado, sin embargo, cuando se mezclan tantos sentimientos me resulta verdaderamente complicado. Por ello, me voy a permitir relatar cómo ha sido mi visión del tiempo vivido con Roberto tratando de descifrar, al mismo tiempo, todas aquellas sensaciones y/o sentimientos que rodeaban a cada situación vivida.

La primera vez que yo vi a Roberto la escena fue en la presentación de la asignatura que dictaba en la Licenciatura en Derecho. Era el año 1993, en el Aula Magna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona, no podré olvidar jamás la estampa que reflejaba. Lo primero que me vino a la mente es el recuerdo de un personaje muy famoso, Sherlock Holmes. Era un señor de mediana edad, muy cuidado en su aspecto, incluso diría que muy mirado en su vestimenta, con una voz agradable pero con un tono muy duro, de aquellos maestros de la vieja escuela. Algunas de estas primeras sensaciones se me confirmarían con el paso del tiempo, incluso se reforzarían, aunque debo decir que otras se cayeron y desaparecieron.

Finalizada la licenciatura en Derecho comienza mi contacto directo con Roberto durante el Master en Sistema Penal y Problemas Sociales que dirige en esta Facultad. Puedo decir que es entonces cuando empiezo a conocerlo. La verdad que debo confesar que me sorprendió el trato cercano que prodigaba con mis compañeros/as, especialmente con aquellos venidos desde el Atlántico por quienes se preocupaba de forma más particular, supongo que su propia historia vivida hacía que, de algún modo, le llevara a comportarse como si fuera la figura paterna (aún gruñona), estricto pero comprensivo, cercano pero lo justo.

Superado este postgrado comienza mi experiencia laboral con...

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