Informe sobre el Empleo en el Mundo 1998-1999: La crisis financiera mundial provocará un aumento del desempleo en el mundo. 'De mal en peor'.

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Los signos de un crecimiento económico renovado apreciados en numerosas regiones del mundo en el primer semestre de 1998 habían hecho concebir la esperanza de una recuperación que acelerase un aumento generalizado del empleo. En cambio, se señala en el Informe sobre el Empleo en el Mundo, publicado recientemente por la OIT, que sólo Estados Unidos y, en menor medida, la Unión Europea, han asistido a una reducción del desempleo y del subempleo.

"La situación mundial del empleo es mala, y está empeorando", afirma Michel Hansenne, Director General de la OIT. Paralelamente a la terca "persistencia de un fuerte desempleo y subempleo, cunde la preocupación por la exclusión social de los jóvenes y los trabajadores de edad, los menos cualificados, los discapacitados y las minorías étnicas, y especialmente las mujeres en todas esas categorías."

Estos son algunos de los datos que destaca el informe:

Unos 1.000 millones de trabajadores -aproximadamente un tercio de la población activa del mundo- están desempleados o subempleados, cifra que no ha variado sustancialmente desde las estimaciones dadas a conocer por la OIT en su anterior informe, correspondiente a 1996-1997;

De esos 1.000 millones de trabajadores, unos 150 millones se encuentran de hecho desempleados, buscan trabajo o están en disposición de trabajar. Por simple efecto de la crisis financiera asiática, este año el total de desempleados se ha incrementado en 10 millones de trabajadores;

Además, del 25 al 30 % de los trabajadores del mundo -o, lo que es igual, entre 750 y 900 millones de personas- están subempleados, es decir, su jornada de trabajo es sustancialmente menor que la jornada completa que desearían realizar o su salario es inferior al que necesitarían para vivir;

La OIT cifra en unos 60 millones el número de jóvenes de edades comprendidas entre los 15 y los 24 años que buscan trabajo y no lo encuentran;

El cuadro global del desempleo y el subempleo que se muestra en el informe de 1998-1999 contrasta vivamente con la evolución prevista desde la publicación en 1996 del anterior Informe sobre el Empleo en el Mundo, en el que la OIT señalaba que ciertos síntomas alentadores parecían anticipar una recuperación económica, con la consiguiente reducción del desempleo y el subempleo en todo el mundo.

"La crisis financiera mundial ha presionado enormemente sobre la mundialización, y cabe temer que muchos gobiernos comiencen a dar la espalda a reformas económicas cuya necesidad era imperiosa," afirma Michel Hansenne. "Pero el problema no es propiamente la mundialización."

El señor Hansenne observa que, en el trasfondo de la presente tormenta financiera, muchos países llevan padeciendo persistentes problemas de desempleo que sólo pueden solventarse con la acción combinada de los gobiernos, los sindicatos y las organizaciones de empleadores. Al respecto indica: "Entre las medidas para fomentar la competitividad, el crecimiento y el empleo en una economía mundial tendente a la globalización, debe adquirir especial relieve el papel crucial de una mano de obra de alta calidad, educada y cualificada."

La OIT afirma que en la formación profesional se tiene el mejor medio para resolver este problema entre las mujeres desempleadas, los jóvenes, los trabajadores atrapados en el sector no estructurado y entre otros "grupos vulnerables", tales como el de los de mayor edad, los desempleados de larga duración y los trabajadores discapacitados.

"Enfrentados a una rápida mundialización y a la presión de la competitividad, los países han de invertir en el desarrollo de destrezas y en la formación de su población activa", dice el informe. "La educación y la formación profesional estuvieron en el centro del milagro económico del Sudeste de Asia y podrían ser una vía para que salieran del subdesarrollo de la pobreza millones de trabajadores de otras partes del mundo."

El empleo en todo el mundo

He aquí un resumen global del contenido del Informe sobre el Empleo en el Mundo:

Asia - El informe señala que muchos países del Asia oriental y sudoriental han vivido tres décadas de crecimiento sostenido, a una tasa promedio de casi el 8% anual (o un 5,5% por habitante) que no tienen parangón en toda la historia económica, pero que la situación de la región se ha deteriorado dramáticamente durante el pasado año.

En Indonesia, al fuerte aumento del desempleo y del subempleo ha venido a sumarse la escasez de alimentos provocada por una sequía prematura. La OIT advierte que "es muy posible que en 1998 los salarios reales experimenten una caída mayor que la prevista del 15% para el PIB per cápita. En 1998, el desempleo podría situarse entre el 9 y el 12% de la población activa, en comparación con el 4%, aproximadamente, registrado en 1996, si bien una gran parte de ese aumento iría a engrosar las cifras del subempleo más que las del paro propiamente dicho."

En Tailandia, el desempleo podría subir en 1998 hasta cerca del 6% de la población activa, lo que supone casi 2 millones de desocupados, frente al 1-2% de hace sólo dos años, equivalente a entre 400.000 y 700.000 desempleados. La dependencia de muchos tailandeses de su tradicional red de seguridad que es la familia ampliada podría desencadenar un aumento del subempleo cuatro o cinco veces mayor. La OIT afirma que los efectos de estas tendencias repercutirían lejos de los centros urbanos, puesto que "muchas personas, especialmente las de edad, viven del dinero que les envían sus familiares que trabajan en Bangkok."

En la República de Corea, las pérdidas de empleo se han acelerado en el pasado año, doblándose casi su tasa entre noviembre de 1997 y febrero de 1998, para alcanzar el 5% y después el 7% en junio de este año.

En Hong Kong, la tasa de desempleo subió bruscamente al 4,5% a finales del segundo trimestre de 1998, frente al 2,9% de 1997.

En China, se calcula que en 1998 habrá 3,5 millones de despidos, y que la tasa de desempleo alcanzará el 5-6%. La esperanza de un aumento del empleo productivo descansa en una eventual expansión de la industria privada, y especialmente de las pequeñas y medianas empresas.

La OIT teme, por otra parte, que las condiciones del mercado de trabajo en la India, Pakistán y Bangladesh, que hasta ahora no han sufrido las peores consecuencias de la crisis, pudieran deteriorarse si se torna hostil el ambiente económico externo.

Europa central y oriental y la Comunidad de Estados Independientes (CEI) - A pesar de los beneficios obtenidos por algunos grupos muy minoritarios, la mayoría de los habitantes de esta zona en la presente década siguen padeciendo descensos radicales y penosos de su nivel de vida. La OIT observa que a esto "se suman el rápido aumento (desde casi 0 hasta más del 9%) del desempleo, unos salarios reales más bajos y una mayor desigualdad de los ingresos a consecuencia de la ingente reestructuración económica y de las empresas".

El colapso de la producción ha llevado a una drástica reducción de la demanda de mano de obra, así como a una disminución del empleo y de los salarios reales en algunos países.

En la Federación de Rusia, la creciente agitación económica se ha visto acompañada de una pérdida del valor real de los salarios, que ahora no llegan al 60% de su nivel en 1989. En un número creciente de casos, las empresas se encuentran en la imposibilidad de pagar a sus empleados durante varios meses. El informe observa que, aunque el PIB de la Federación aumentó en 1997 a un ritmo del 0,4% después de ocho años de recesión y la inflación pasó de 48 a 15% en 1996, la crisis económica actual, combinada con la creciente inestabilidad política, está agravando la situación. El rublo se ha depreciado considerablemente y la inflación sube casi diariamente. Por desgracia, es probable un aumento de la pobreza.

Polonia, en cambio, ha comenzado a vivir un lento remontar de los salarios reales, que rozan ya el 80% de sus niveles anteriores a 1989. El desempleo sigue siendo alto, con un 10,4% en 1998.

En cuanto a otros países de Europa oriental, el desempleo es del 5,4% en la República Checa, del 9,2% en Hungría y en Rumania, del 13% en Bulgaria y del 17,6% en Croacia.

América Latina - En América Latina han mejorado últimamente los indicadores de la producción, pero sin que esta circunstancia haya ido acompañada de una mejora en la situación del empleo. Aunque el crecimiento global alcanzó el 5% en 1997, y se produjeron un importante descenso de la inflación de sus altísimas cotas anteriores y el aumento de los salarios reales en varios países, la OIT resalta que entre 1991 y 1996 el desempleo en la región aumentó, hasta alcanzar el 7,4% en 1997.

En 1998, América Latina corre el riesgo de encontrarse en graves dificultades debido al abandono de los mercados emergentes por los inversores internacionales, circunstancia que podría aumentar fuertemente las cifras del desempleo y el subempleo.

Argentina sirve de ejemplo: su programa de estabilización y ajuste estructural determinó una tasa de crecimiento económico medio anual del 5,8% entre 1991-1997. Sin embargo, paralelamente, la situación del empleo se deterioró, y el desempleo aumentó, pasando del 6,3% en 1991 a un máximo del 17,5% en 1995, antes de bajar a aproximadamente el 15% en 1997.

"Al no poder encontrar trabajo en los mercados estructurados, donde la productividad es grande y los salarios relativamente buenos, muchos trabajadores tienen que dedicarse a diferentes actividades que a veces les permiten apenas sobrevivir", dice el informe refiriéndose a los trabajadores por cuenta propia, el personal del servicio doméstico y las personas ocupadas en microempresas.

Para otros países latinoamericanos, la OIT avanza las siguientes tasas de desempleo en 1998: el 7,9% en Brasil, 11,3% en Venezuela, 3,4% en México y el 15,2% en Colombia.

Africa - En el Africa subsahariana, tras un largo período de crecimiento inseguro y de constante deterioro de las condiciones del mercado de trabajo, la situación del empleo ha experimentado una pequeña mejoría en muchos países durante 1998. Las tasas de crecimiento se han visto favorecidas por unas condiciones meteorológicas favorables y el fin de la sequía, por la subida de los precios de los productos de exportación, por la devaluación del franco CFA (Communauté financière africaine) decidida para aumentar la competitividad y por los cambios políticos y la reforma estructural, que han hecho mucho más atractiva la inversión extranjera directa.

Pese a ello, la OIT asevera que esta recuperación africana, aun siendo alentadora, "no debe incitar a un optimismo excesivo. Con un crecimiento de la población activa de casi un 3% y una creación insuficiente de puestos de trabajo en el sector estructurado, la mayoría de los nuevos empleos corresponde indefectiblemente al sector no estructurado y a una agricultura de poca productividad". Por otra parte, las predicciones hablan de un crecimiento anual de la población activa del orden de un 2,9% entre 1997 y 2010 (frente a un 1,9% en Asia sudoriental y a un 1,8% en América Latina), lo que quiere decir que cada año se incorporarán al mercado de trabajo unos 8,7 millones de personas.

Países desarrollados - El crecimiento en los países desarrollados ha sido alentador, pero desigual. El informe dice que "entre 1993 y 1997, el Canadá, los Estados Unidos, el Reino Unido y algunos otros países han conseguido buenos resultados, mientras que en Alemania, Francia e Italia el nivel de actividad ha sido más flojo. El Japón sigue sin recuperarse de varios años de crecimiento débil".

En la Unión Europea, más de 18 millones de trabajadores están actualmente sin empleo, según los datos de la OIT, que advierte que en esta cifra no se incluye "a los trabajadores "desalentados", que han renunciado a la esperanza de encontrar trabajo, así como a los que trabajan contra su voluntad en régimen de dedicación parcial". Sin embargo, la producción y el empleo mostraban signos de recuperación en Europa a mediados de 1998, propiciando una disminución de la tasa de desempleo en la Unión Europea, que bajó a 10,2% en mayo del este año, comparada con el 10,7% del anterior. En el Japón, aunque las tasas de desempleo se mantienen bajas en comparación con las que se dan en la mayoría de los países desarrollados, el desempleo ha aumentado mucho desde que comenzó a frenarse el crecimiento de la economía, a mediados de la década de 1990.

Dimensión social del problema

"Quienes llevan largo tiempo sin empleo tienen pocas esperanzas de encontrar trabajo aunque mejoren globalmente las condiciones macroeconómicas", subraya el informe. "La dimensión social del problema es enorme, y ha de tratarse con unos programas y medidas políticas que apunten a la reinserción laboral de esas personas."

Jóvenes trabajadores: La OIT calcula que hay en el mundo unos 60 millones de jóvenes de edades comprendidas entre 15 y 24 años que buscan trabajo, con un desempleo juvenil que se sitúa en el 20% en muchos países de la OCDE. "El escaso crecimiento económico ha empeorado la situación en toda Europa occidental, mientras que en la Europa oriental la reestructuración y la contracción de la economía han limitado sensiblemente el acceso al empleo de los jóvenes", asevera el informe.

En los países en desarrollo en Africa, Asia y América Latina, "las tasas de desempleo juvenil urbano rebasan a menudo el 30%", dice el informe. La actual crisis mundial hace a los jóvenes trabajadores especialmente vulnerables ante los despidos, puesto que los empleadores se adaptan a la recesión económica dejando de contratar nuevos trabajadores. El informe denuncia también los peligros del desempleo juvenil, señalando que la falta de trabajo puede conducir a los jóvenes al vandalismo, la delincuencia, la drogadicción, la alienación, el malestar y la conflictividad sociales.

Pero la OIT ha encontrado asimismo ejemplos de programas para jóvenes que funcionan con éxito. En muchos países de América Latina y Asia, "los programas gracias a los cuales los jóvenes entran en el mercado de trabajo con una experiencia laboral de corta duración pueden mejorar la situación del empleo en aquellas economías en las cuales haya una demanda de trabajadores poco cualificados o semicualificados y el crecimiento de la economía sea relativamente grande".

Una táctica clave en muchos países de la Unión Europea consiste en proporcionar a las empresas incentivos económicos para contratar y proporcionar alguna formación a los trabajadores jóvenes. A mediados de los años 1990, estos "contratos para jóvenes" suponían casi el 25% del empleo juvenil en Italia, el 20% en Grecia y el 12% en Francia y en España.

Los desempleados de larga duración: El "desempleo de larga duración en el mercado de trabajo es uno de los problemas sociales más graves y persistentes", asegura el informe. Cuanto más tiempo lleva desempleado un trabajador, menores son sus posibilidades de encontrar trabajo. Su nivel de cualificación corre el peligro de deteriorarse, y los empleadores se muestran cada vez más reacios a darle empleo.

El desempleo de larga duración ha sido particularmente grave en los países miembros de la Unión Europea, donde más del 60% de los nueve millones de desempleados de larga duración existentes en 1996 llevaban sin trabajo más de dos años.

Los trabajadores de edad y las mujeres que pierden su empleo están más expuestos a entrar en este grupo de desempleados de larga duración. De la misma manera, los trabajadores desplazados de sectores industriales en declive y los que sufren de alguna discapacidad corren mayor peligro que cualesquiera otros de acabar engrosando el grupo de parados de larga duración.

La combinación de medidas que se refuercen entre sí es mucho más eficaz que los "programas sueltos" para los desempleados de larga duración, sigue diciendo el informe. Esas medidas combinadas incluyen trabajos subsidiados, ayuda en la búsqueda de empleo, educación básica correctiva, formación y asesoramiento y apoyo para resolver problemas familiares o sociales. La colocación y la formación en puestos de trabajo reales permite que los trabajadores superen las reticencias de los empleadores a contratar a desempleados de larga duración. En este terreno han demostrado ser sumamente eficaces las pequeñas empresas de reinserción de base comunitaria, que ofrecen a los parados de larga duración experiencia y formación laborales, a la vez que producen bienes y servicios útiles para satisfacer las necesidades regionales de regeneración económica.

Las mujeres y la formación en la economía mundial: Desde hace 20 años, la mayoría de las personas que se incorporan al mercado de trabajo, tanto en los países en desarrollo como en los países desarrollados, son mujeres. En todas las regiones, exceptuando Africa, la proporción de mujeres en la población activa ha aumentado de manera sustancial. Por ejemplo, a las mujeres corresponde casi el 80% del crecimiento de la fuerza de trabajo registrado en la Unión Europea desde 1980. En algunos países -Irlanda, Italia, Suecia y el Reino Unido- esta cifra casi alcanza el 100%.

En estos últimos años, han aparecido dos tendencias contrapuestas. Por una parte, la expansión y el aumento de la feminización de los puestos de trabajo de bajo nivel en el sector servicios y, por otra, el incremento de la presencia femenina en puestos de trabajo de alta cualificación, conforme se ha elevado su nivel de instrucción. En muchos países de avanzada industrialización, por ejemplo, son hoy numerosas las mujeres que cursan estudios "para obtener títulos de medicina, derecho, contabilidad, comercio o administración de empresas, sectores que estaban antes dominados por los hombres", subraya el informe.

En cambio, "son menos las mujeres que, siguiendo una capacitación adecuada, se han adentrado de forma decisiva en los empleos poco o medianamente cualificados tradicionalmente dominados por los hombres". Esto obedece, entre otras cosas, a que en muchos países persiste la discriminación contra la mujer, pero también a que en muchas economías ha disminuido la oferta de este tipo de trabajos.

Confrontadas con muchas barreras en el mercado laboral, un creciente número de mujeres están creando sus propias empresas. Según estimaciones nacionales, "el 10% de las nuevas empresas en Africa septentrional, el 33% en América del Norte y el 40% en la ex Alemania oriental han sido creadas por mujeres". En Estados Unidos la proporción sobrepasa el 60%.

El sector no estructurado: El informe de la OIT observa que la mayoría de los nuevos empleos en los países en desarrollo se están creando en el sector no estructurado, que según los datos de la propia OTI da empleo hoy a unos 500 millones de trabajadores. El insuficiente crecimiento de los puestos de trabajo en el sector estructurado de la economía, así como la falta de cualificaciones de amplios sectores de la mano de obra, han traído consigo el auge de un gran sector no estructurado, en el cual la mayoría de los trabajadores tienen un empleo mal remunerado, en condiciones de trabajo deficientes y no reglamentadas.

Es menester una acción concertada para mejorar los ingresos, la productividad y las condiciones laborales de los trabajadores que, en amplísimo y creciente número, se encuentran en esta situación. Cuando se da un apoyo institucional y se cuenta con créditos asequibles, la formación puede constituir la gran diferencia para los ingresos y las condiciones laborales en este sector no estructurado. "Es preferible que la política de formación atienda las necesidades de quienes están ya en el sector no estructurado y tienen que mejorar unas cualificaciones específicas"-dice en otro momento el informe-, introduciéndolos, por ejemplo, a las nuevas tecnologías y nuevos productos.

Formación: El informe de la OIT estudia los distintos enfoques que se dan a la formación profesional en el mundo, con el propósito de resaltar algunas de las ventajas y de los inconvenientes de cada sistema. Propone asimismo diversas medidas para mejorar la eficiencia y la gestión de esos sistemas, en orden a alcanzar los estándares de calidad requeridos en un mundo altamente competitivo como es el presente.

Si bien los autores del informe insisten en que no hay un sistema ideal de formación profesional, subrayan, por otra parte, que cualquier sistema destinado a tener éxito debe tener en cuenta tres factores: una base educativa sólida; una adecuada estructura de incentivos en la que las prioridades de formación sean impulsadas por la demanda económica real; y dispositivos institucionales en los que empleadores, trabajadores y gobierno colaboren para mejorar la calidad y la eficiencia de esa formación.

La mayoría de los sistemas de formación profesional en las economías en desarrollo o en reestructuración están evolucionando rápidamente. En Asia oriental, los gobiernos han apoyado en las últimas décadas la enseñanza primaria y secundaria, sin escatimar recursos, y han observado cuidadosamente la demanda internacional para establecer prioridades de formación profesional para satisfacer esa demanda. Al socaire del éxito de este enfoque muy estructurado, se ha ido desarrollando también un sistema más descentralizado, con una menor intervención del Estado y mayores posibilidades de elección a unas masas cada vez más acomodadas y con instituciones sociales fuertes.

En Europa oriental, los gobiernos de las economías de planificación centralizada se esforzaban por ajustar las cualificaciones de la mano de obra a las necesidades de las industrias de propiedad estatal, que por su parte se encargaban de proporcionar a sus trabajadores una formación adicional. En términos generales, sin embargo, las necesidades de formación de los trabajadores en esta región han sido un tanto desatendidas a consecuencia de la transición económica.

La dirección que está tomando hoy en todo el mundo la reforma de los sistemas de formación profesional se orienta a sistemas "basados en la demanda", que respondan a las necesidades reales e inmediatas de las empresas, más que hacia los sistemas "basados en la oferta", que tienden a depender de las prioridades de los funcionarios públicos y los proveedores de formación.

"La reorientación de los sistemas de formación con base en la demanda incluye varios elementos. En primer lugar, supone que el gobierno presta ayuda a los agentes privados, tanto empleadores como individuos concretos, y que patrocina precisamente el tipo de formación que éstos consideran de interés inmediato. En segundo lugar, supone que en la formación que el propio gobierno patrocina hay un mayor esfuerzo por incluir información sobre las cualificaciones que el mercado reclama, y en sustituir los suministros del gobierno por los del sector privado, recurriendo a mecanismos semejantes a los del mercado para aumentar su eficiencia", dice el informe de la OIT. Los proveedores de enseñanza del sector público se ven forzados a competir con otros para obtener contratos de formación.

La política pública se concentra crecientemente en animar a las empresas y a los individuos para que asuman la mayor parte de los costes de la formación profesional, demostrándoles su utilidad y fomentando una mayor competencia entre los proveedores de formación. Pero también en este campo coexisten diferentes modelos posibles.

En cierto número de países de América Latina están en vigor unos impuestos de formación con cargo a las nóminas, que implican la detracción de una cantidad anual (que oscila entre el 1 y el 2% de la masa salarial) y que el gobierno asigna a este fin. Otros sistemas combinan tasas más subvenciones y se aplican en países tan diferentes como Francia, Singapur y Zimbabwe. Con arreglo a los mismos, están exentas de estas tasas las empresas que imparten ellas mismas formación. En otras palabras, las empresas que no ofrecen formación profesional a sus trabajadores pagan la totalidad de la tasa (con la que se financian iniciativas de formación a escala nacional), mientras que las empresas que la facilitan pueden deducir de esta tasa sus gastos.

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(1) Informe sobre el Empleo en el Mundo 1998-1999. Empleabilidad y mundialización: papel fundamental de la formación. Oficina Internacional del Trabajo, Ginebra, 1998. ISBN 92-2-310827-6.