Prólogo

Autor:Antonio Cuerda Riezu
Cargo del Autor:Catedrático de Derecho Penal. Universidad Rey Juan Carlos
Páginas:11-14

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Es un axioma criminológico que no ha existido ni existe ninguna sociedad sin delincuencia, sino que en cualquier grupo humano se producen inevitablemente infracciones de las normas de conducta y por tanto también infracciones de las normas penales, cuando éstas han sido promulgadas. Igualmente se puede recordar la máxima de que cada sociedad genera una delincuencia con unas características propias, que se corresponden con los niveles sociales y económicos de esa agrupación humana.

Pues bien, estos mismos axiomas se pueden aplicar a la criminalidad propia de la actual comunidad internacional. Antes incluso de que se pueda certificar la existencia de una “aldea global”, ya existe una delincuencia con tintes propios, que resulta favorecida por la existencia de ciertas empresas más poderosas que algunos Estados del tercer mundo, por la mayor permeabilidad de las fronteras y por la enorme facilidad de la comunicación a través de internet. Para hacer frente a esta nueva tipología de delitos tal vez haya que ponerse en contacto con otras ramas del Derecho, para que ellas nos avisen de lo que se avecina con mayor o menor inminencia. Y una vez que nos hayan informado de las novedades, seguramente descubriremos que en algunos casos ya no sirven ciertos tipos delictivos de corte tradicional, previstos en los Códigos penales, de modo que los legisladores se pondrán manos a la obra -lo que generalmente no les cuesta demasiado- para diseñar en la ley nuevas figuras delictivas.

Pero la protección de novedosos bienes jurídicos a través del Derecho penal no puede hacerse a cualquier precio, no desde luego al precio de olvidar que existen unos derechos fundamentales. Cada vez estoy más convencido de que lo que caracteriza a un Estado de Derecho -expresión que a veces se utiliza sin entender su sentido más profundo que es el de

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“Estado sometido al propio Derecho que él dicta”- no es tanto que sea democrático (pues ha habido y hay dictadores que son refrendados por las urnas), sino que proteja los derechos fundamentales de sus ciudadanos.

Soy consciente de que el panorama de la efectiva protección de los derechos humanos no es muy halagüeño. En su enriquecedora y deliciosa Autobiografía nos dice el filósofo italiano Norberto Bobbio (p. 254): “A quienquiera que se proponga examinar sin prejuicios el desarrollo de los derechos humanos después de la segunda guerra mundial le aconsejaría este saludable ejercicio: leer la Declaración...

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