Presentación del monográfico

Autor:Rafael Rodríguez Prieto
Cargo:Coordinador del monográfico. Universidad Pablo de Olavide, Sevilla, España
Páginas:11-14
Revista inteRnacional de Pensamiento Político - i ÉPoca - vol. 14 - 2019 - issn 1885-589X
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Presentación del Monográco
El legado intelectual de Rosa Luxemburg en el centenario de
su muerte. Actualidad e inuencia
Pensar sobre el extraordinario legado inte-
lectual y humano de Rosa Luxemburg no
debería requerir un centenario. Reexio-
nar sobre lo mejor de la tradición materia-
lista no tendría que justicarse recordan-
do un hecho tan vergonzoso y luctuoso
como su asesinato. Cuánta razón tuvo
cuando en su último escrito armó, con la
vehemencia, la generosidad y la inteligen-
cia que había presidido su vida, que
(…) Las masas son lo decisivo, ellas son la
roca sobre la que se basa la victoria final de
la revolución. Las masas han estado a la al-
tura, ellas han hecho de esta “derrota” una
pieza más de esa serie de derrotas históricas
que constituyen el orgullo y la fuerza del so-
cialismo internacional. Y por eso, del tronco
de esta “derrota” florecerá la victoria futura.
“¡El orden reina en Berlín!”, ¡esbirros estú-
pidos! Vuestro orden está edificado sobre
arena. La revolución, mañana ya “se elevará
de nuevo con estruendo hacia lo alto” y pro-
clamará, para terror vuestro, entre sonido
de trompetas: ¡Fui, soy y seré! (Luxemburg,
1999).
Un orden, una república que estaba edi-
cada sobre la arena. Algunos tratan de
recordar y valorar la república de Weimar,
un proyecto que se sustentó en la ani-
quilación del movimiento obrero y de sus
líderes. No quedaron demasiadas opcio-
nes cuando la degradación de los grandes
partidos se hizo evidente y un grupo de
energúmenos y asesinos, apoyados por la
pequeña burguesía, se hizo con el poder
tras explotar los errores de la propia Cons-
titución de Weimar, el tristemente célebre
artículo 48. El que este orden fuera su-
cedido por el terrible nazismo no lo hace
mejor. Es más: debiéramos preguntarnos
en qué medida contribuyó al desastre
posterior. No es más que la habitual ob-
sesión del liberalismo y sus propagandis-
tas de guardar sus cadáveres en el rincón
más olvidado y enaltecer experiencias
que deberían ser sometidas a una crítica
rigurosa. Weimar lo es.
Vale la pena también subrayar que, hasta
el último momento de su vida, conó en
la extraordinaria fuerza de lo que denomi-
naba ‘las masas’ y contemporáneamente
podemos llamar la gente, la multitud o la
ciudadanía. Es la mejor tradición de la
teoría crítica; aquella que es profunda-
mente anticapitalista, por humanista, y
democrática, por su conanza en la po-
tencia del poder constituyente.
La radicalidad democrática es una parte
muy relevante de su legado. Una postura
que no niega la necesidad de organiza-
ción, sino que más bien nos alerta de las
dicultades con las que la democracia se
encuentra incluso en las iniciativas eman-
cipadora. No es extraña, por tanto, su crí-
tica y polémica con el bolchevismo. En el
caso de Rusia, también supo detectar los
peligros de que ciertas inercias elitistas
suplantaran el poder de los trabajadores.
¡Todo el poder para los soviets! Para in-
mediatamente después vaciarlos. Luxem-
burg fue lo sucientemente audaz para
percibir las contradicciones políticas del

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