Posguerra fría y estrategia global: La sociedad internacional y sus designios

Autor:José Manuel Azcona Pastor
Cargo del Autor:Universidad Rey Juan Carlos - Madrid
Páginas:19-62
 
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POSGUERRA FRÍA Y ESTRATEGIA GLOBAL:
LA SOCIEDAD INTERNACIONAL Y SUS DESIGNIOS
José Manuel Azcona Pastor
Universidad Rey Juan Carlos - Madrid
LA ERA DE LA ILUSIÓN
El bienio 1989-1990 trajo consigo el final de la Guerra Fría1 y parecía que
se cerraban los conflictos estratégicos e ideológicos que se habían instalado
en el mundo desde 1945 hasta 19902. Y es que, los Estados-nación se uni-
ficaban o desaparecían, las culturas se entremezclaban, la ilusión reinaba
entre los ciudadanos de bien que creían en el final de los tiempos de alta
violencia3. Por si fuera poco, una libertad creciente en el comercio y en las
comunicaciones caracterizaba los nuevos tiempos, y la revolución de la ci-
bernética (iniciada en 1980) corría a alta velocidad.
Sin duda alguna los acontecimientos de marcado cariz político que se
inician en 1989-1990 con el final de la Guerra Fría y el comienzo del proceso
de unificación de Alemania en un único país tienen tanta importancia en el
cómputo general de la Historia de la Humanidad como el descubrimiento
de América, la caída del Imperio Romano, la Revolución bolchevique de
1917 o las exploraciones espaciales4. Bien es cierto que nadie se hubiera
imaginado, ni siquiera cuando Mijaíl Gorbachov se hizo con el poder de la
URSS, en 1985, que el mundo iba a cambiar tanto y a velocidades tan super-
1 Véase Henry Kissinger. Diplomacia, Barcelona, Ediciones B, 1996.
2 Renouvin, Pierre. Historia de las relaciones internacionales (siglos XIX y XX), Madrid, Akal, 1998.
una versión más actualizada la tenemos en Juan Carlos Pereira, Historia de las relaciones internacionales
contemporáneas, Madrid, Ariel, 2010.
3 Resulta interesante David Lyon, Postmodernidad, Madrid, Alianza, 2000.
4 El mejor trabajo que existe en nuestro país para el estudio de estas cuestiones es Juan Carlos
Pereira (Coordinador), Historia de las relaciones internacionales contemporáneas, Madrid, Ariel, 2009. En
este ejemplar escriben con acierto y mayor rigor metodológico: Juan Carlos Pereira, Adela María Alija,
Javier Ponce, Juan B. Vilar, Agustín Sánchez, Sylvia L. Hilton, Rosario de la Torre, María José Vilar,
Hipólito de la Torre, María Jesús Cava, Federico Sanz, Ricardo Martín de la Guardia, José Luis Neila,
Pedro Martínez Lillo, Encarnacion Lemus, Matilde Eiroa, Ángel Viñas, Ricardo Miralles, Monserrat
Huguet, Carlos Sanz, Guillermo Pérez, Antonio Moreno Juste, Pedro Pérez Herrero, Dolores Algora,
María José Pérez del Pozo, Rafael García Pérez, Pilar Folguera y Rafael Calduch.
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sónicas y en tan poco tiempo como el transcurrido entre 1990 y 20005. Nadie
se lo imaginaba ni por asomo, y aún menos, nadie hubiera podido suponer
que el llamado “socialismo real” heredero de una de las dos revoluciones
verdaderas de la historia de la humanidad, la comunista rusa de 1917 (junto
a la francesa), iba a entrar en un proceso de quiebra moral, institucional y
lo que es peor, social. Recuérdese que aún en 1975 y en el Acta Final de la
Conferencia de Seguridad y Cooperación de Europa (CSCE) de Helsinki, se
habían legitimado los gobiernos comunistas del Este de Europa y las fron-
teras impuestas por la URSS tras la Segunda Guerra Mundial. Tal es así que
en el corto periodo que va de 1990 a 1995, la mayor parte de los partidos co-
munistas occidentales habían abandonado su tradicional ortodoxia –si no lo
habían hecho ya antes– para ir hacia postulados socialdemócratas, mientras
dejaban de proclamar a los cuatro vientos las virtudes de los totalitarismos
supuestamente igualitarios de la URSS y sus países satélites.
Vistas las cosas con serenidad una generación más tarde, se llega a la con-
clusión de la pasión destructora con la que ha vivido el ser humano tras la
Segunda Guerra Mundial, toda vez que no deja de asombrar la cantidad de
sangre que se ha derramado por las virtudes perfectas del marxismo o por
las perfecciones del capitalismo. Qué bien ha funcionado la maquinaria pro-
pagandística y publicitaria en el tramo histórico comprendido entre 1945
y 1990. Parece claro pensar que, hoy en día, la revolución tecnológica que
empezó en 1980 con la generalización de la cibernética e informática ha
adquirido volúmenes impresionantes. Desde esta perspectiva, las comunica-
ciones y la información penetran en el tejido social y salen hacia el exterior
universal con tanta velocidad y capacidad de alcance que ayudan en alto gra-
do al triunfo de las transformaciones políticas que estamos viviendo deprisa
desde 1990, transformaciones, sin duda, que son del todo apasionantes. Sin
embargo, quien tuviera la ingenuidad de pensar por un instante que la des-
aparición de la URSS y el fin de la lucha de las dos superpotencias clásicas
(URSS-USA) iba a poner en estampida la confrontación total mundial que
traería luego paz y armonía universal pecaba de iluso6.
Durante medio siglo, la participación de Estados Unidos en el concierto
de las relaciones internacionales se sustentó en torno a la contención de una
Unión Soviética hostil, y todos sus gobiernos sin excepción e independiente-
mente de que fuesen republicanos o demócratas contribuyeron a bloquear
el expansionismo soviético. No en vano la línea que en Norteamérica separa
la política interior de la exterior es una pequeña cortina de seda. En térmi-
5 Véase Niño, Antonio. “La ofensiva cultural norteamericana durante la Guerra Fría”, en Revis-
ta Ayer, nº 75, 2009.
6 Para una visión catastrofista tenemos el texto de Robert D. Kaplan, La anarquía que viene,
Barcelona, Ediciones B, 2000. Un ensayo más serio es el de Peter Watson, Historia intelectual del siglo
XX, Barcelona, Crítica, 2002, págs. 730-802. Lo mismo diremos del trabajo de Fulvio Altiná, El sistema
político global. Introducción a las relaciones internacionales, Barcelona, Paidós, 2001, especialmente en lo
que concierne a los capítulos II y III, págs. 31-156. Y del ensayo de Lester Thurow, La guerra del siglo XXI,
Madrid, Editorial Complutense, 1994, válido como prospectiva razonable.
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nos generales, este país ha venido sosteniendo otras prioridades además de
ser dique de contención del marxismo y que, a nivel interno, tiene que ver
con el aumento de la riqueza de los habitantes de aquella nación, riqueza
que se duplicó entre 1945 y 1970, o sea, veinticinco años, o lo que es lo mis-
mo una generación; y que desde 1970 hasta 2012 ha conseguido otra dupli-
cación, aunque esta vez en cuarenta y dos años. En esta cuestión intervino,
sin duda, la crisis petrolera de 1973 así como la competencia cada vez mayor
de otras naciones planetarias, y especialmente de las comprendidas en la
Unión Europea y el Sudeste Asiático. Desde la perspectiva de las relaciones
internacionales, los hitos más representativos de la actuación de USA los po-
demos resumir en los siguientes puntos:
1. Luchar por evitar que aumentase el número de naciones con pose-
sión de armas de destrucción masiva, y cuyo número asciende a vein-
ticinco según los cálculos más ortodoxos7.
2. Frenar la amenaza terrorista cuya actividad ya ha causado cinco mil
víctimas entre los ciudadanos norteamericanos8.
3. Hacer de árbitro en los conflictos regionales para impedir que dege-
neren en oleadas de desestabilización internacional.
4. Traslación del modelo de democracia pluripartidista norteamericana
con toda su ristra de valores, tanto bajo paraguas político como eco-
nómico.
En la década de los noventa, numerosos europeos y norteamericanos
creían que China y Rusia iban hacia la senda del liberalismo económico y
político con una mayor integración en Occidente. Se pensaba que a mayor
desarrollo comercial, las clases medias buscarían cuotas de poder y por aña-
didura regímenes participativos y de derecho, y además, las democracias li-
berales garantizaban el máximo desarrollo económico. Según se desprende
de la frase célebre de Francis Fukuyama “al final de la historia a la democra-
cia liberal no le quedan competidores serios”, el conflicto de intereses entre
naciones era cosa del pasado porque la forma de organización política de
la UE era el modelo que se articularía para las alianzas internacionales en
el siglo XXI. Pero, tras el final de la Guerra Fría se destaparon numerosas
calderas en las que se cocinaban odios étnicos, históricos, territoriales o de
diferenciación de nivel de vida, de tal manera que, desde 1989 y hasta nues-
tro tiempo actual, la mayoría de los conflictos se desarrollan en el interior
de las naciones, y no entre ellas9. Por esta razón, se tornaba urgente la incor-
poración de nuevas democracias (y sigue siendo tarea de máxima prioridad)
7 Veiga, Francisco. El retorno de Eurasia (1991-2011), Barcelona, Península, 2012.
8 Huntington, Samuel P. El choque de civilizaciones, Barcelona, Paidós, 2004.
9 Pueden ser interesantes los controvertidos análisis que realiza Francis Fukuyama en La gran
ruptura, Barcelona, Ediciones B, 2000; El fin del hombre, Barcelona, Ediciones B, 2002, y La construcción
del Estado, Barcelona, Ediciones B, 2004. Para el caso del drama yugoslavo, conviene estudiar los textos
de Carlos Taibo, y resaltamos Los conflictos yugoslavos, escrito en colaboración con José Carlos Lechado,
Madrid, 1995; y Emilio de Diego García, La desintegración de Yugoslavia, Madrid, Actas, 1993; o Fernando
Luengo, La economía de los países del Este, Madrid, 1999.

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