Un analisis politico prospectivo para America Latina a partir de los efectos de la globalizacion.

Autor:Gutierrez, Miguel Angel

El presente análisis parte del supuesto de que la percepción del mundo actual --complejo, dinámico e incierto-- es necesariamente imperfecta y la decisión política considera limitados aspectos de la realidad. La causa reside en razones epistemológicas y en la práctica de adoptar políticas ignorando el impacto de la globalización sobre la vida de nuestras sociedades. Esto vale tanto para los problemas actuales como para las políticas destinadas a provocar transformaciones o cambios en un horizonte temporal más lejano.

Por ello es necesarios realizar estudios de futuro que orienten los procesos de cambio social. Pero la realidad estudiada mediante este enfoque es altamente dependiente de sus propios operadores (sean analistas, decisores políticos, competidores, o alternativistas) y de la población de destino: individuos, grupos, instituciones, redes, ya que todos influyen y modifican la misma realidad.

El mundo es, al mismo tiempo, naturaleza y trabajo, equilibrios y desequilibrios, rutina v cambio. Pocos hechos pueden alterado significativamente, produciendo cambios de magnitud en sus formas y funcionamiento, y en el modo de percibir y conocer dicho mundo. Estos procesos se consideran históricos, pero muchas veces no se toma conciencia de la verdadera naturaleza y trayectoria del cambio; y procuran entenderse con instrumentos conceptuales convencionales, insuficientes y obsoletos, con consecuencias graves para nuestro estilo de vida. Se vive conforme guiones del pasado la nueva realidad presente, en una especie de ceguera para ver y entender las diferentes culturas del mundo global, especialmente aquéllas fuertemente influidas por las técnicas. Esto torna la política en algo más que un juego de desafíos y respuestas a un limitado ambiente interno, es también una estrategia de sobrevivencia en un mundo en acelerada transición, donde la región se presenta como alternativa de recuperación de la capacidad estatal de construcción de un ámbito propio para el desarrollo de su economía.

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La globalización, el hecho más significativo de nuestro tiempo, es paradojalmente el fenómeno más estudiado y menos conocido de la actualidad. No obstante, muchos aspectos de este nuevo ambiente mundial se han puesto de manifiesto en esos estudios, por ejemplo: la mayor interconectividad global; el mercado mundial de bienes y servicios; una nueva división internacional del trabajo; la emergencia de una sociabilidad global; una nueva conciencia de la relación recursos-consumo a escala planetaria (considerando los derechos de las generaciones que vendrán); la extrema permeabilidad y fluidez de las fronteras políticas y económicas; migraciones de y a todo el mundo; nueva identidad a distancia. Y también se la ve como la versión moderna del colonialismo y el imperialismo.

No obstante ello, otros aspectos permanecen en una zona de penumbra, como es su carácter multidimensional que comprende la infraestructura tecnológica, la economía, la vida política, la organización social, la ciencia y la cultura. Su dinámica no lineal, que va de la concentración a la disgregación y viceversa y puede seguir trayectorias diferentes en lo político, lo social, y lo cultural no responde a una lógica causal; sus manifestaciones son más propias de la lógica dialéctica: de la afirmación a su opuesto y de ambos a la superación en nueva síntesis, que son manifestaciones del propio proceso.

Asimismo, el impacto de los cambios implica saltos de escala, tanto lo infinitesimal: lo nuclear, la genética o la nanotecnología, como lo cercano a lo infinito: la astronomía o la carrera espacial, provocan cambios y transformaciones en todos los ámbitos de la vida humana y aun en la propia naturaleza.

Esta percepción binaria y antinómica de la realidad expresada en la idea de lo humano como algo diferente de lo natural y el juego de lo particular y lo universal, como categorías necesarias del conocimiento (1), hacen que se conciban dos formas extremas o modelos de vinculación del tiempo y el espacio: por un lado los acontecimientos infinitesimalmente pequeños, el "tiempo espacio episódico o geopolítico", y, por otro, las realidades infinitas y continuas, el "espacio tiempo eterno" (Wallerstein, 1991).

En este juego entre lo episódico y lo eterno, la percepción reconoce ciertos ejes de articulación, donde las variables de estructuración tempo-espacial propuestas por Wallerstein son: tiempo-espacio cíclico-ideológico, espacio-tiempo estructural y tiempo-espacio transformativo.

El primero, cíclico-ideológico, permite percibir los patrones repetitivos de un sistema, aquellos que se dan en un tiempo de larga duración y en un espacio muy extenso. Es el caso de los ciclos que tienen lugar dentro de los sistemas históricos particulares y que actúan como los mecanismos de autorregulación de dichos sistemas. Esto vale tanto para los sistemas biológicos, como para los sistemas sociohistóricos. Los desequilibrios a corto plazo equivalen a las fluctuaciones de un sistema físico, en tanto el estudio de los ciclos a mediano y largo plazo en el funcionamiento de un sistema social concreto histórico muestra la anatomía del sistema y hace posible apreciar su racionalidad como sistema.

Por su parte, el tiempo-espacio estructural constituye un modelo clave para las ciencias sociales y sirve para identificar la unidad de análisis de la continuidad y del cambio social. "El tiempo-espacio estructural se refiere a lo que podemos cambiar (el sistema a corto plazo), qué cambiará de manera segura (el sistema a largo plazo), por qué el sistema no cambia a corto plazo realmente (los ritmos cíclicos) y por qué en efecto cambia a largo plazo (las tendencias seculares, que se alejan del equilibrio)" (2).

La última articulación, el eje tiempo-espacio transformativo, es el momento corto y excepcional del cambio fundamental. Es el momento de la transición de un sistema histórico a otro, de un modo de organización social a otro. Estos momentos aparecen y a menudo no se advierten hasta que mucho tiempo después se verifica el cambio en las formas de vida. Aparecen cuando un sistema histórico ha agotado los mecanismos de reequilibrio propio, no se resuelve con la eficacia de sus ritmos cíclicos, y ha ido suficientemente lejos del equilibrio, cuando sus oscilaciones han llegado a ser locas e impredecibles. A este tipo de fenómenos pertenece la globalización. Lo extraordinario es el desafío de ser sujetos del cambio que vivimos y poder tomar conciencia de él simultáneamente, lo que equivaldría en física a poder determinar la posición y la trayectoria de una partícula al mismo tiempo.

Desde los sistemas sociales, este cambio no es pacifico, supone conflictos y lucha política en función de valores opuestos o diferentes y también un debate en el plano del conocimiento para poder entender las alternativas que puedan orientar nuestra elección. Pero en ellos influye también la posibilidad de percibir futuros alternativos a las tendencias del presente. Desde el punto de vista de los sistemas físicos, Prigoyine hablaría de la bifurcación donde un nuevo orden emerge del caos en el que el sistema había arribado y es también la respuesta a preguntas constantes en relación con el futuro: ¿es el futuro consecuencia "inevitable" del pasado y del presente? ¿No forma parte de la realidad actual el tiempo, los desequilibrios y la incertidumbre?

EL MUNDO GLOBAL ES UN MUNDO EN TIEMPO REAL

Esta relación tiempo-espacio es fundamental para entender cómo impacta la globalización. Que la velocidad con que transcurren rutina y cambios en el mundo real tiene importancia se entiende mejor considerando el postulado de incertidumbre de Werner Heisemberg (1927), que afirmaba la imposibilidad de determinar simultáneamente la posición y la velocidad de una partícula física, dado que si se determinaba con precisión una de ellas, el instrumento de observación empleado imposibilitaba el conocimiento de la otra y a la inversa, lo que acabó con la ilusión de la física como expresión "exacta" de la naturaleza.

La sucesión del tiempo y la extensión del espacio exceden la posibilidad del control humano. Pero estas propiedades estructurales de tiempo y espacio afectan esencialmente la forma en que se percibe la realidad, en tanto se usan como categorías que proporcionan las premisas fundamentales del pensamiento. Numerosas categorías se derivan de ellas: interior y exterior del espacio política o económicamente determinado: pasado, presente, y futuro; también lo similar y lo diferente en otras formaciones sociales, son todas definidas en función de limites que construimos mentalmente, y cuya única posible y no verificada justificación es su utilidad social (3).

El mundo actual, rediseñado por la revolución tecnológica de la información y comunicación y las cadenas de tecnologías que despliega, permite integrar en tiempo real todo el planeta (4). Mi amigo y maestro Horacio Godoy explicaba que la consecuencia más notable de la globalización es que el tamaño relativo del mundo (TR) de nuestros días se reduce, dado que es resultado de una relación --inversa de la longitud-- entre la magnitud de un espacio (distancia, D) y el tiempo que demanda recorrerlo (velocidad, V), relación que se expresa de la siguiente manera: TR=D/V. A medida que aumenta la velocidad de la transmisión de información, la significación de la distancia se reduce hasta llegar al cero cuando la velocidad lograda es la instantaneidad, equivale a tiempo real (tr). De lo que se puede concluir que el tamaño relativo del mundo globalizado es igual al tiempo real: TR=tr.

El tiempo deja de ser barrera para los flujos informativos, haciendo de la instantaneidad la nota fundamental del nuevo mundo. La superación de las distancias nos permite una posibilidad de participación en casi cualquier parte del mundo, con un incremento inmensurable de nuestra potencialidad individual, social, institucional.

Javier Echevarría ha llamado "Telépolis" a este nuevo marco espacio-temporal...

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