Pérdida de puestos de trabajo. Una amenaza para la cohesión social

RESUMEN

El Informe sobre el Trabajo en el Mundo de 2010 refiere casos de malestar social relacionados con la crisis financiera y económica en no menos de 25 países, muchos de los cuales cuentan con una economía avanzada. La pérdida de puestos de trabajo, combinada con crecientes desigualdades de renta, puede representar una amenaza para la cohesión social. Informa Gary Humphreys, periodista residente en los Estados Unidos.

 
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Para Willem Goudriaan, portavoz de la Federación Sindical Europea de Servicios Públicos (FSESP), cabe poca duda sobre el hecho de que los programas de austeridad adoptados en numerosos países de la Unión Europea tras la crisis financiera y económica mundial perjudican a los miembros más vulnerables de la sociedad.

“Los gobiernos reducen el gasto público, y recortan las transferencias sociales y los servicios públicos en un período en el que muchos ciudadanos europeos necesitan ayuda”, señala Goudriaan, que estima que unos 80 millones de europeos viven bajo la amenaza de la pobreza.

Los hogares de renta baja no son los únicos colectivos perjudicados por la austeridad fiscal, pero los datos disponibles indican que se ven afectados de manera desproporcionada.

“Las desigualdades en la percepción de renta empeoran” afirma Raymond Torres, Director del Instituto Internacional de Estudios Laborales (IIEL) de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), y autor principal del “Informe del Trabajo en el Mundo 2010 - ¿De una crisis a otra?”. Y no son sólo las personas de edad avanzada o de escasa cualificación los que se quedan rezagados. Hay cada vez de más datos que acreditan que los jóvenes se ven afectados de manera generalizada. “En los países de los que se dispone de datos, el desempleo juvenil supera actualmente en 2,5 veces la tasa de desempleo de los adultos”, señala Torres.

De manera significativa, la presencia de jóvenes (estudiantes en institutos de enseñanza superior y universidades) ha aumentado en las protestas en curso en Francia, en las que marchan junto a los trabajadores que critican la reforma de las pensiones propuesta. Para Anne-Marie Perret, Secretaria Federal del sindicato francés Force Ouvrière-Fonctionnaires, la presencia de estudiantes franceses en las calles no es una sorpresa: “no les gusta el camino que estamos tomando”, señala, y argumenta que el debate que han entablado el Gobierno y los trabajadores va más allá de la reforma de las pensiones. “Los jóvenes quieren saber qué tipo de futuro les espera. De momento, no pinta muy bien.”

Las percepciones de la desigualdad dañan la cohesión social

Para Sameer Khatiwada, analista de investigación de la OIT, las percepciones de la desigualdad son, en muchos sentidos, más dañinas para la cohesión social que las propias recesiones económicas: “los datos empíricos indican que un aumento del desempleo y las desigualdades de renta son factores clave en la generación de malestar social”, señala. Una de las características de la crisis actual consiste en una percepción generalizada de que los gobiernos protegen los intereses de los ricos a costa de los pobres.

“Miles de millones se han facilitado a los bancos y a los banqueros responsables de esta crisis”, afirma el Sr. Goudriaan, de la FSESP, arguyendo que la inequidad social lleva creciendo en la mayor parte de la UE desde la década de 1990.

“Me sorprende que no se den más reacciones de ira”, comenta.

Hasta la fecha, la expresión más obvia y, por tanto, cuantificable de descontento social ha sido la acción sindical reivindicativa. En opinión de Khatiwada, tales expresiones se han documentado en más de 25 países desde 2008. La población ha protestado en numerosas ocasiones contra las medidas de austeridad impuestas por los gobiernos. No se dispone aún de datos representativos a escala mundial de las huelgas y cierres patronales acaecidos en 2009, pero la información existente pone de relieve que las economías emergentes, incluidas China, India y parte de América Latina, han experimentado un incremento de tales acciones.

En los Estados Unidos, donde podría afirmarse que nació la crisis, el objeto fundamental de la frustración ha sido el enorme apoyo del Gobierno a las compañías de seguros y a los bancos que no se puede permitir su quiebra, así como la percepción de ausencia de ayuda a los propietarios de viviendas, en particular y al “ciudadano de la calle”, en general. Gran parte de esta frustración ha sido canalizada por el “Tea Party”, un aglomerado heterogéneo de conservadores e independientes que ha puesto en marcha diversas manifestaciones en varias ciudades de los Estados Unidos con el fin de protestar por las medidas adoptadas por el Gobierno anterior, y mantenidas por el actual.

El tejido social en Europa bajo tensión

No obstante, por el momento, es en Europa, y especialmente en sus regiones oriental y meridional, donde el tejido social parece estar sometido a una mayor tensión. Muchas de las economías de Europa oriental que crecieron con celeridad al inicio de la década se han visto afectadas con especial severidad, afirma Khatiwada, y cita a Letonia como ejemplo. Entre las penurias económicas de este país figura el derrumbe de los precios de la vivienda, así como la quiebra de un banco de gran relevancia.

De acuerdo con el informe del FMI publicado en septiembre, Letonia experimentó una contracción acumulada de su economía del 25% en 2008 y 2009, la mayor registrada en el mundo. Ante la perspectiva de una retirada de la ayuda financiera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Unión Europea (UE), el Gobierno letón respondió en junio con la aprobación de recortes presupuestarios de cuantía equivalente al 6,2% del producto interior bruto. Todos estos acontecimientos han dificultado el devenir político del Primer Ministro Valdis Dombrovskis, obligado a afrontar protestas de una dimensión sin precedentes desde que el país obtuvo la independencia de la Unión Soviética.

Grecia también lucha por su supervivencia económica, después de evitar por poco el impago de su deuda soberana en mayo gracias a los préstamos de salvamento otorgados por el FMI y otros países de la UE como parte de un paquete de asistencia trienal de 110.000 millones de euros. A cambio, el Gobierno ha sido obligado a imponer medidas de austeridad, que incluyen recortes de los sueldos en el sector público, la reducción de las pensiones, y la eliminación de las primas anuales del funcionariado equivalentes a la retribución de dos meses.

A principios de octubre, los funcionarios griegos convocaron una huelga de 24 horas, solicitando un cambio de dirección de las medidas, a pesar de que el Gobierno del país no ha anunciado hasta la fecha ningún despido de trabajadores del sector público (uno de cada tres empleados en Grecia es funcionario).

A finales de octubre se realizaron nuevas huelgas, en esta ocasión, de los ferrocarriles.

Entretanto, en el proyecto de presupuestos para 2011 se prevé un aumento del desempleo del 11,6% del año en curso, al 14,5% en dicho ejercicio, que se elevará hasta el 15% el año siguiente.

El efecto que ejercerá toda esta evolución en la cohesión social en Grecia está por ver, pero si Letonia es un ejemplo con el que poder guiarse, los analistas van a tener dificultades para elaborar una previsión concreta. Y es que en Letonia, a pesar de las rigurosas medidas de austeridad adoptadas, el Primer Ministro Valdis Dombrovskis retomó el poder en las elecciones de octubre, y con un mandato significativamente ampliado.

Consecuencias sociales difíciles de predecir

Para Khatiwada, de la OIT, lo que sucedió en Letonia es indicativo de lo difícil que resulta predecir las consecuencias sociales en el clima económico actual.

“En muchos sentidos, las sociedades se enfrentan a retos sin precedentes”, señala, “y eso dificulta la predicción de lo que va a suceder en los dos próximos años”. Para Khatiwada, toda solución a largo plazo tendrá que someterse a una gestión in extremis, “al filo de la navaja” y pendiente de sucesivas expansiones y contracciones (véase el artículo sobre la reforma de las políticas), al igual que todo análisis significativo de la situación que afrontamos no puede basarse únicamente en las estadísticas de huelgas y cierres patronales más recientes. “Los efectos a largo plazo del desempleo y, en particular, del desempleo de larga duración en la cohesión social son sutiles y, en muchos sentidos, difíciles de cuantificar”, afirma.

Torres está de acuerdo, aunque destaca que pueden extraerse lecciones importantes de la Historia. “En pasadas recesiones, en torno al 40% de los desempleados, como promedio, abandonó el mercado de trabajo”, señala, y añade que “existe un riesgo real de que los desempleados se desanimen y salgan definitivamente del mercado laboral, lo que socava la cohesión social”.