Los desafíos que padece el Derecho Internacional

AutorLuis Pérez-Prat Durbán
Cargo del AutorCatedrático de Derecho Internacional Público, Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

5. LOS DESAFÍOS QUE PADECE EL DERECHO INTERNACIONAL

Habrá que reconocer que no corren buenos tiempos para el Derecho Internacional, y habrá que coincidir con Prosper Weil en que es difícil admitir que la edad de oro de este ordenamiento, que algunos se apresuraron a vislumbrar tras la etiqueta del "nuevo orden internacional", voceado por el anterior Presidente de los Estados Unidos, se perfila en el horizonte inmediato. Muy al contrario, lo que se avizora es más bien una preocupante oleada de desafíos de variada condición que tienden a cuestionar a veces su existencia, como antaño, a veces su idoneidad para ordenar las relaciones que tienen lugar en la sociedad internacional.

Sostiene Antonio Remiro, en su reencuentro con la Revista Española de Derecho Internacional85, con posterioridad revisitada86, que estamos viviendo un parto milenarista, con preguntas y especulaciones múltiples, oferta de paradigmas, la aparente asunción por el establecimiento de principios revolucionarios y un sinfín de hechos que se postulan para efemérides. Y es verdad, aunque oscilemos entre admitir que la celeridad de los cambios sobrepasa nuestra capacidad de análisis, o que éstos son más bien cosméticos y no afectan sino a la epidermis del sistema internacional. En todo caso, su trasvase hacia el Derecho, su plasmación normativa, de suceder, será mucho más lenta. De suceder, porque en muchos casos, precisamente lo que se pretende, en aras de liberar a los agentes sociales (a determinados agentes sociales) es la desregulación, o directamente la deslegitimación de las instituciones que pudieran poner cortapisas a las fuerzas del mercado.

Resulta paradójico que estas turbulencias económicas, societarias, políticas, normativas e incluso morales, lleguen a afectar al desenvolvimiento de las funciones que cumple o pretende cumplir el Derecho Internacional, e incluso a éste como ordenamiento en sí, cuando se ha sostenido que, en tanto que sistema jurídico que ha alcanzado madurez y complejidad, ha entrado en una era post-ontológica y, liberados de los cargantes y reiterados fantasmas de otras épocas que le negaban el pan (de la existencia) y la sal (de la juridicidad), los que lo cultivan, los estudiosos, podían aspirar a dedicarse a realizar una labor crítica acerca de su contenido. Como sigue añadiendo Thomas Franck, si el Derecho Internacional es (ya) Derecho, ahora debemos estar preparados para responder a otro tipo de interrogantes: ¿es efectivo?, ¿se cumple?, ¿es comprendido?, ¿es justo?87 Esto no es verdad del todo. Los negadores del Derecho Internacional no han acabado del todo por evaporarse. Nuevas hornadas han surgido que, aunque no combaten en su completitud la idea, y la necesidad del Derecho Internacional, militan contra sus normas esenciales. Entre ellos figuran los neoconservadores estadounidenses, soporte ideológico de proyectos imperiales.

Seguramente que muchos de los desafíos tienen que ver con estos interrogantes, pero hay una radical novedad en los planteamientos inamistosos de los noventa, continuados en esta nueva década, una impugnación de más hondo calado, pues se pone en cuestión la fuente original del Derecho Internacional, la sociedad internacional de Estados, la aptitud del mismo Estado para hacer frente a los retos que se derivan del proceso de globalización y para superar las tendencias que parecen conducir a su fragmentación o minimización interna. La pretendida ruina del Estado como modelo traería consigo la de la sociedad de Estados como marco de relación y la del Derecho Internacional como el ordenamiento que garantiza su coexistencia y el logro de objetivos mediante la cooperación internacional.

En un intento de realizar una ordenación mínimamente sistemática de estos desafíos, perfilaremos un fresco de tendencias que se constatan en la realidad internacional, que interactúan, que se complementan o se contraponen y, por ello, dificultan una presentación singularizada, pero que tienen en común trasmitir directa, indirecta o colateralmente, efectos negativos sobre el Derecho Internacional. Una cautela previa: cualquier análisis que pretenda universalizar estos desafíos y que sostenga que la afectación que desprenden tiene lugar de manera homogénea urbi et orbe, sea aquí, en Estados Unidos, Burkina Faso o Nepal, adolece de una abstracción muy alejada de la realidad, virtual. Recordemos aquí la idea que expuse al inicio de estas páginas acerca de la convivencia en la sociedad internacional de mundos que viven en coordenadas históricas disímiles, señalemos pervivencia política, ideológica, económica y social de mundos premodernos, modernos y postmodernos, coexistiendo al unísono.

Intentar aquí un mapa de las convulsiones sociales de nuestra época resulta francamente osado y, sin embargo, es imprescindible que avizoremos a grandes rasgos sus tendencias y, lo que ahora nos interesa, el impacto que producen sobre el sistema internacional y su ordenamiento. Quizá pudiéramos acudir a los análisis de James N. Rosenau88 para situar las fuentes de las turbulencias que están forjando los nuevos tiempos, no tanto por comulgar con sus afirmaciones sino más bien por aceptar el marco de predicción que nos ofrece como ámbito de discusión. Para el citado autor, la agitación se deriva de: 1) la proliferación de los actores internacionales; 2) el impacto de las tecnologías dinámicas; 3) la globalización de las economías nacionales; 4) la aparición de problemas transnacionales, como la contaminación del medio ambiente, la inmigración o el narcotráfico; 5) la creciente debilidad de los Estados; 6) el subagrupamiento; y, 7) el incremento de la pobreza y la situación del mundo en desarrollo.

Algunas de estas tendencias merecen una explicación detallada, imposible de abordar en este momento, por lo que pueden analizarse más adelante. Pero todas, en su conjunto, desprenden un cierto aroma a cambio social, con el que coincide la autorizada opinión de Manuel Castells89, para quien un nuevo mundo está tomando forma en este principio de milenio, originado en la coincidencia histórica de tres procesos independientes: la revolución de la tecnología de la información, la crisis económica tanto del capitalismo como del estatalismo y sus reestructuraciones subsiguientes; y el florecimiento de movimientos...

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