Sucesión, continuidad e identidad de Estados: correlación y repercusión en la práctica de las repúblicas de la antigua URSS

AutorTatsiana Ushakova
Cargo del AutorProfesora Colaboradora de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de Alcalá
Páginas19-42

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1. Continuidad e identidad de Estados
1.1. Planteamiento teórico

El estudio del concepto de la sucesión de Estados no sería completo si no se relacionase con otros dos conceptos fronterizos: la identidad y la continuidad de Estados. La mayoría de los autores, así como la práctica internacional, no distinguen entre estos dos últimos conceptos y los utilizan como sinónimos muy a menudo, para contraponerlos al concepto de sucesión. No obstante, en la práctica y, ante todo, en la teoría, surgen dudas acerca de si ambos fenómenos deben considerarse intercambiables o, al contrario, diferenciarse. En el estudio de los modelos teóricos que se ocupan de distinguir entre la identidad y la continuidad de Estados, merece la pena detenerse en tres aspectos generales: la incidencia de la dualidad, ya analizada en relación con el concepto de la sucesión de Estados; el planteamiento más o menos radical de la oposición entre los dos fenómenos y, finalmente, el papel del factor temporal.

Al igual que en el caso de la sucesión de Estados, la identidad y la continuidad pueden manifestarse en dos campos: en el que afecta a las transformaciones de alguno o algunos de los elementos del Estado, y en el de los derechos y obligaciones del Estado. En sus construcciones doctrinales, la mayoría de los autores no precisa este aspecto del problema, pero implícitamente se sitúa en el primero de los campos mencionados, atribuyendo al segundo el papel de la consecuencia dePage 20 su apreciación62. Por el contrario, K. Marek define la identidad de Estados como identidad de los derechos y obligaciones internacionales del Estado63. La investigadora polaca afirma, de modo categórico, que el problema de la identidad física o material de Estados tiene que excluirse del objeto de análisis puramente jurídico64. Pese a esta oposición en la doctrina, hay que subrayar que todos los autores, sean más o menos explícitos en sus posturas al respecto de este binomio conceptual, acaban aplicando los términos “identidad” y “continuidad” en ambos campos.

En los modelos teóricos que se ocupan de marcar la diferencia entre la identidad y la continuidad de Estados, cabe observar variaciones en el grado de distinción. J.A. Pastor Ridruejo, y J.M. Ortega Terol proponen una solución, poco alejada del empleo indistinto de ambos términos, al reunirlos en uno: “continuidad en la identidad”65. Podría suponerse que los representantes de la doctrina española se han inspirado en la interpretación de K. Marek, que insiste en el carácter inseparable de las nociones de identidad y continuidad de Estados66. Si, según estos autores, las dos nociones representan más bien dos manifestaciones distintas dentro del mismo fenómeno, G. Cansacchi y W. Czaplinski ven en la identidad y la continuidad de Estados dos fenómenos diferentes, aunque relacionados entre sí.

Lo que, al parecer, une a todos los autores es la aplicación en sus teorías de la llamada “dimensión temporal del Estado”, una de las modalidades de la existencia estatal introducida por Kelsen67, aparte de la territorial y la personal sometidas a un poder político organizado. De este modo, el factor temporal sirve como criterio principal en la distinción entre la identidad y la continuidad de Estados. Así, Marek afirma que la identidad es una noción estática, y la continuidad es su predicado dinámico, teniendo en cuenta el factor temporal68. Según Ortega Terol, si nos situamos en la dimensión temporal del Estado, por “identi-Page 21dad” se entiende la existencia de una realidad determinada en un momento dado, mientras que la “continuidad” entrañaría un elemento comparativo con aquella dimensión temporal, es decir, la equivalencia de identidades en dos momentos distintos69. El mismo factor está presente en la teoría de Cansacchi70. Este autor sostiene que se puede considerar un Estado como continuamente existente mientras que éste permanece como el mismo sujeto internacional, es decir, no ha desaparecido por debellatio o por anexión de la parte de un Estado extranjero o por recepción, como miembro, en un Estado federal. Y, al contrario, hay que considerar un Estado como “idéntico” a otro cuando se trata de un “nuevo” Estado que acaba de identificarse fictivement a un Estado que se ha extinguido por debellatio o alguna otra causa. En sentido similar se pronuncia Czaplinski: se decide sobre la identidad de Estados comparando dos organismos estatales en dos momentos distintos, pero se habla sobre la continuidad cuando un Estado existe sin interrupciones durante un cierto período71.

Teniendo en cuenta todo lo expuesto, es preciso resaltar los fundamentos teóricos que cobran particular importancia en la aplicación práctica del caso de desmembramiento de la URSS. Primero, en cuanto a la dualidad de los conceptos de identidad y continuidad de Estados, parece necesario adoptar la misma postura que en lo relativo a la sucesión, con otras palabras, aceptar la posibilidad, pero no el imperativo, de la presencia de ambos preceptos, tanto la identidad o continuidad de Estados tras las transformaciones de los elementos estatales, como la identidad o la continuidad de sus derechos y obligaciones. Segundo, es conveniente distinguir entre la identidad y la continuidad de Estados, admitiendo una relación estrecha entre ambos conceptos, consistente en que la continuidad presupone, en todo caso, la identidad de Estados, pero no siempre viceversa, esto es, la identidad de Estados es un concepto más amplio que la continuidad. Tercero, como última apreciación, pueden considerarse varios factores, en particular el factor temporal. La identidad se configura como un fenómeno estático o, utilizando la expresión de Cansacchi, una ficción mediante la cual se establece una equivalencia entre dos entes estatales separados por un período de tiempo bastante prolongado. La continuidad se concibe como un fenómeno dinámico, caracterizado por la ausencia o escasa relevancia de la ruptura temporal en la vida internacional de dos sujetos. Por eso, dos Estados en cuestión son idénticos o pueden reconocerse como idénticos de manera ficticia pero, al menos, la ficción no se debe a razones temporales.

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Semánticamente, identidad puede significar “el mismo” e “igual”72. El sujeto de Derecho internacional es “el mismo” si se prueba su continuidad. En este caso, la continuidad y la identidad coinciden. Si, en cambio, se interrumpe la continuidad, aparece un sujeto igual pero no el mismo. Al aplicar esta premisa temporal al ámbito material, podría afirmarse que dos fotocopias del mismo documento, absolutamente idénticas, no dejan de ser dos y no una.

1.2. Repercusión en la práctica de las repúblicas de la antigua URSS

La distinción teórica entre la identidad y la continuidad de Estados, sobre la que se ha insistido en el apartado anterior, halla su justificación práctica en el caso del desmembramiento de la Unión Soviética. Como es bien sabido, la desintegración de un Estado federal es uno de los supuestos sucesorios más complicados. Pues bien, el supuesto que ha de analizarse en este estudio ilustra perfectamente no sólo la polémica delimitación entre la sucesión y la continuidad de Estados, sino otra, menos frecuente, entre la identidad y la continuidad.

En este sentido, y a pesar de la relatividad ya mencionada de la diferencia entre la identidad y la continuidad de Estados, puede destacarse la importancia de separar las dos situaciones que se crean en el caso de la URSS. Por un lado, se plantea la continuidad de la personalidad jurídica de la URSS por la Federación Rusa y, en consecuencia, la identidad de ambos sujetos. Por otro, se marca la situación particular de los Estados bálticos, que se niegan a suceder a la Unión Soviética y se consideran como Estados idénticos a Estonia, Lituania y Letonia, existentes antes de su anexión por la URSS en 1940. Si se analizan con detalle las aspiraciones de la Federación Rusa de continuar la Unión Soviética, y las de los países bálticos de identificarse con los entes estatales correspondientes antes del año 1940, se llega a la conclusión de que ambos estatutos pretendidos son ficticios. Tal como se ha señalado antes, la ficción de la continuidad está relacionada con los factores materiales del Estado, mientras que la de la identidad, con el factor temporal. De este modo, la continuidad de los derechos y obligaciones de la Federación Rusa puede cuestionarse desde el punto de vista material, en relación con el territorio y la población que se ha perdido después del desmembramiento de la URSS. A su vez, la identidad de los derechos y obligaciones de los Estados bálticos de 1991 con los de 1940 suscita, evidentemente, dudas por razón del tiempo transcurrido: en palabras de R. Mullerson, despuésPage 23 de 50 años, la restitutio ad integrum es más bien una ficción jurídica que una opción real73.

Si después del análisis teórico se pasa al terreno práctico, esto es, a las pretensiones de los Estados bálticos expresadas en los documentos y declaraciones oficiales, se comprueba que, en determinados momentos históricos, el rigor de las nociones jurídicas se sacrifica en beneficio de los objetivos políticos74. Al declararse como Estados continuadores de los que existían antes de 1940, los países bálticos pretendían calificar como ilegal su adhesión a la URSS y, por tanto, no vinculante para sus obligaciones desde el punto de vista del...

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