La Resolución A33-1 de la OACI de 5 de octubre de 2001 («declaración sobre el mal uso de las aeronaves civiles como...

AutorEsther Barbé Izuel/Alegría Borrás Rodríguez/Cesáreo Gutiérrez Espada
CargoDerecho Internacional Público/Derecho Internacional Privado/Relaciones Internacionales
Páginas536-539

La ResoluciÛn A33-1 de la OACI de 5 de octubre de 2001 (´declaraciÛn sobre el mal uso de las aeronaves civiles como armas de destrucciÛn y sobre otros actos terroristas que afectan a la aviaciÛn civilª)

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  1. El 11 de septiembre de 2001, dos Boeing 767-300 de las compañías American Airlines (vuelo AA11) y United Airlines (vuelo UA175) que habían despegado del aeropuerto Logan, en Boston, junto a dos Boeing 757-200, uno de la United Airlines (vuelo UA 93) que partió del aeropuerto de Newark en N. Jersey y otro de la American Airlines (vuelo AA 77) que había despegado del Dulles, en Virginia, fueron secuestrados. Los dos primeros chocaron contra las torres gemelas del World Trade Center, en Nueva York. El vuelo AA 77 impactó contra el Pentágono. El vuelo UA 93 se estrelló (o fue derribado) en Stony Creek, en Pennsylvania. Lo que en principio podían parecer cuatro episodios más de un tipo de delito bien conocido en la historia reciente de la aviación civil, los secuestros aéreos, se transformaron en algo radicalmente diferente.

    Sin duda, uno de los elementos más perturbadores de la etapa abierta ese 11 de septiembre, fue la aparición de una nueva forma de terrorismo internacional que reúne tres características no contempladas hasta el momento.Page 537

    La primera, la más evidente, es una insólita ampliación de la noción de armas de destrucción que pueden utilizar los terroristas. Ya no se trata sólo de que dispongan de arsenal nuclear o de armas químicas o bacteriológicas, sino que objetos aparentemente neutros, incluso imprescindibles para el desarrollo normal de nuestras sociedades, se convierten directamente en armas de destrucción: las aeronaves, cargadas de combustible, tienen una enorme capacidad mortífera. Ello introduce precisamente el elemento más buscado por los grupos terroristas, el terror masivo, indiscriminado, ante la incertidumbre que produce el hecho de que un vehículo normalmente utilizado por millones de personas en todo el mundo adquiera este carácter de amenaza. Pero, además, este resultado produce un salto cuantitativo en el carácter masivo de las acciones terroristas, que con un solo golpe pueden dañar a miles de personas, sin necesidad de disponer de arsenales de gran capacidad. De esta forma, las armas de destrucción masiva, que constituyen el medio idóneo para que el terrorismo internacional consiga sus propósitos, alcanzan una nueva definición. Y afectan directamente a la aviación civil internacional: baste pensar en las consecuencias financieras (la OACI evaluó las pérdidas de explotación de las líneas aéreas regulares en el 2001 en más de 10.000 millones de dólares y en el 2002 en 7.500 millones, además de los centenares de miles de despidos y las quiebras de diferentes compañías), aunque desde luego lo más grave es la repercusión en términos de seguridad del tráfico aéreo. Finalmente, podemos hablar de una tercera característica, que es el resultado directo de estos dos factores: resulta evidente que frente a esta nueva modalidad de terrorismo internacional existe un mayor grado de dificultad a la hora de adoptar medidas preventivas y de respuesta eficaz.

    La incertidumbre, la...

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