Nota de análisis

Autor:Cástor M. Díaz Barrado - Ana Manero Salvador - Florabel Quispe Remón
Páginas:7-15
 
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Uno de los grandes desafíos al que se enfrenta el espacio iberoamericano es la promoción de la democracia y la gobernabilidad. Si bien es cierto que, tras décadas de dictaduras y guerras civiles durante los años 70 y 80, los procesos de Contadora y los Acuerdos de Esquipulas abrieron el camino de la democracia en el continente americano y que, a mediados de los 70, se puso término a las dictaduras en España y Portugal, muchos son los retos que aún quedan por conseguir en este ámbito.

De ello son muestra fehaciente la variedad de instrumentos que aluden a la urgente necesidad de afrontar un reforzamiento democrático y una mejora de la gobernabilidad de las instituciones en el espacio iberoamericano. Es por ello que hemos considerado de gran interés para los estudiosos del tema realizar una recopilación de estos instrumentos que sirva de guía para comprender la relevancia de esta cuestión. En este sentido, hemos pretendido aglutinar disposiciones contenidas en tratados, declaraciones, comunicaciones, etcétera, que tengan por objeto promover la demo- cratización y el buen gobierno.

Con esta finalidad, este trabajo reúne, en un único volumen, los instrumentos de la Organización de Estados Americanos, donde la Carta Interamericana de Democracia tiene un protagonismo total, las alusiones más relevantes realizadas en las Cumbres Iberoamericanas y los instrumentos de los procesos de integración —Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), Sistema de Integración Centroamericana (SICA), Comunidad Andina (CAN) y Mercado Común del Sur (MERCOSUR)—.

El régimen democrático en Iberoamérica ha sido interrumpido en muchas ocasiones sin que hayan existido instrumentos suficientemente eficaces para evitarlo. La historia nos demuestra las graves consecuencias que han generado las dictaduras en España, en Portugal y en los demás países que se encuentran al otro lado del Atlántico. Probablemente esta sea la razón por la que los Estados consideren cada vez más el régimen democrático y la gobernabilidad como temas prioritarios en la agenda de este nuevo siglo.

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Según la experiencia, la forma de gobierno más adecuada para el logro de una convivencia pacífica es la democracia, aunque ello no signifique automáticamente el desarrollo de la gobernabilidad. Democracia y gobernabilidad son términos que, en los últimos años, se vienen utilizando de modo reiterado aunque, lamentablemente, no todo gobierno democrático alcanza estándares de gobernabilidad. Por ello la tendencia es la apuesta por un sistema democrático que permita la gobernabilidad.

Dada la importancia de estos temas, el presente trabajo pretende mostrar el papel que los Estados vienen asumiendo en la evolución y consolidación de ambos en Iberoamérica, a través de los diversos instrumentos aprobados por ellos.

En primer lugar, hay que considerar que todos los Estados que forman parte de los grupos subregionales mencionados son a su vez miembros de la Organización de los Estados Americanos (OEA), y han aceptado diver- sos instrumentos que les comprometen y obligan a respetar el sistema democrático. Resulta necesario destacar el papel preponderante que ha desempeñado y desempeña esta organización regional en la defensa, la promoción y la consolidación de la democracia en este continente. Los Estados que integran la OEA son, en su totalidad, Estados democráticos en sentido formal.

Desde sus orígenes, la OEA se preocupó por el fortalecimiento de las instituciones y las prácticas democráticas. La Carta de la OEA de 1948, señala que «la democracia representativa es condición indispensable para la estabilidad, la paz y el desarrollo de la región»; además establece, en el artículo 2.b, que uno de los propósitos de la OEA es «Promover y consolidar la democracia representativa dentro del respeto al principio de no inter- vención».

No obstante, existieron gobiernos dictatoriales durante muchos años en el continente sur y centroamericano. Ante estas circunstancias, dicho organismo regional continuó con sus esfuerzos de adoptar los medios necesarios y eficaces, a fin de promover y consolidar la democracia y la gobernabilidad. Tal es así que, en 1990, creó la Unidad para la Promoción de la Democracia encargada, entre otros aspectos, de «coordinar con otras organizaciones multilaterales e instituciones gubernamentales y privadas las actividades y misiones relacionadas con la promoción de la democracia». En 1991, durante la Asamblea General de la OEA, los Estados miembros, teniendo presente que la democracia es la forma de gobierno de la región y que su ejercicio efectivo, consolidación y perfeccionamiento son priorida-Page 9des compartidas, aprobaron en Santiago...

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