Noción de condiciones generales de la contratación

Autor:Darío A. Sandoval Shaik
Páginas:111-156
CAPÍTULO II
CONDICIONES GENERALES DE LA CONTRATACIÓN
Y CLÁUSULAS ABUSIVAS
I. Noción de condiciones generales de la contratación
1. Aproximación conceptual
A) Conformación de la “operación adhesiva”
El Derecho privado tradicional está inmerso en una crisis atribuible al
fenómeno del consumo, como producto de la sociedad de mercado. Esta
crisis también afecta a herramientas del Derecho privado tradicional como
el contrato y la responsabilidad civil en tanto mecanismo de tutela
resarcitoria contra los daños. La clásica concepción del contrato del Código
Civil napoleónico, que atesoró la igualdad jurídica de la Revolución
Francesa, se cimentó sobre el consensualismo, la autonomía de la voluntad
de las partes, la fuerza de ley de lo acordado y el efecto relativo de los
contratos. Habida cuenta que las partes se encontraban en situación de
paridad, lo pactado poseía fuerza obligatoria otorgada por la libertad para
autodeterminarse, que sobrevenía en la ley del negocio. Así las cosas, el
libre consentimiento, prestado exento de vicios como el error, el dolo o la
violencia, hacía que los contratos celebrados con las solemnidades exigidas
fueran irrevocables, y se entendía como justo todo aquello que las partes
intencionalmente habían estipulado, y debía ser respetado y obedecido.
Este esquema funcionó durante un largo período. Sin embargo emergieron
en el escenario diversos y nuevos fenómenos surgidos de la
industrialización y la producción en masa, que dejaron en evidencia que, en
LAS CONDICIONES GENERALES DE CONTRATO DE SEGURO Y SU CONTROL
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una economía de mercado, pregonar que los hombres son libres e iguales y
que eso justifica el respeto de la autonomía privada convertida en dogma,
es una fantasía que se convierte en injusticia.
El Derecho no puede pasar por alto esa ilusión. Tan sólo basta con
analizar las formas de contratación moderna para percibir que en el rejuego
de la libre oferta y demanda una de las partes está completamente
desprovista de poder de negociación y que, al suscribir el contrato, se
encuentra marcada por su debilidad económica y de conocimientos, lo cual
entorpece su capacidad de elegir libremente, que no puede tener influencia
en el mercado, y que no tiene la posibilidad material disponer de la
información suficiente para tomar decisiones en igualdad de condiciones.
Esta desigualdad afecta a los más débiles y hace destacar una realidad de
vulnerabilidad orgánica que amerita una protección especificada.
El Derecho privado tradicional, planteado como régimen de protección
de la persona singular en su propiedad, en sus relaciones con sus pares
(todos con libertad e igualdad para autodeterminarse en el contrato)
muestra claras limitaciones para hacer frente a situaciones en las que no
está presente el equilibrio en la bilateralidad del contrato (ni igualdad en el
poder de negociación), y en las que hay situaciones de necesidad e
inferioridad económica y jurídica. Luego entonces, comienza a pensarse en
reglas para que el mercado deje de ser un supuesto anterior e inadecuado al
Derecho, y se lo integra.
Si existe algún sector del Derecho de los contratos donde la acción de
las condiciones generales de la contratación63 sea absolutamente relevante,
63 Resulta tópico referirse aquí a la distinción efectuada por J. GARRIGUES cuando
diferenció las condiciones generales de los contratos de las condiciones generales de la
contratación. Las primeras son aquellas cláusulas, impuestas por las empresas a sus
clientes, que deben aceptarlas íntegramente sin que quepa ningún tipo de discusión
precontractual. Las empresas, basándose en su poder económico, en su preeminencia y
en la desigualdad de posiciones que existe en la contratación en masa, redactan sus
contratos y los ofrecen a todos aquellos que quieran contratar con ellas. Por su parte,
condiciones generales de la contratación, que siendo esencialmente lo mismo que las
anteriores, se diferencian de ellas en que no es un sólo empresario el que las redacta y se
las ofrece a su clientela, sino que son impuestas por un grupo, asociación o sector de
CAP. II: CGC Y CLÁUSULAS ABUSIVAS 113
parece innegable que éste ha de ser el del seguro. Desde hace mucho
tiempo las entidades aseguradoras han sido proclives a la estructuración de
sus relaciones contractuales en base a sistemas uniformes, estandarizados o
mediante condiciones generales. Los distintos legisladores han intentado
controlar en alguna medida estos sistemas, dejando a un lado la posible
justificación de carácter económico de este fenómeno. Esto ha sido, entre
otras razones, porque el clausulado general era el soporte o herramienta
fundamental para delimitar las responsabilidades derivadas del riesgo
asumido y asegurado.
En cuanto a la relevancia de la expresión “contratos de adhesión” y si la
misma tiene una significación distinta de las “condiciones generales de la
contratación”, y en su caso las potenciales relaciones entre ambas
expresiones. El contrato de adhesión, que surge gracias a lo que J.C.
REZZÓNICO denomina la “operación adhesiva”64, nace tras la aceptación
de las condiciones generales (más las particulares, de haberlas). Son dos
facetas del mismo fenómeno complejo. En honor a la verdad, el
protagonismo de las condiciones generales se revela en un momento previo
empresarios, con lo cual su campo de aplicación es mayor, pues en casi todos los
contratos de una determinada rama o sector comercial, imperan las mismas normas y
todos los contratos se encuentran sometidos a las mismas e idénticas cláusulas. La
importancia de esta distinción se manifiesta en la posible naturaleza de fuente de
Derecho de las condiciones generales de la contratación (cf.J. GARRIGUES, J.:
Contrato de seguro terrestre, 2.ª ed., revisada y puesta al día conforme a la Ley de 8 de
octubre de 1980, Madrid, 1983). Por su parte F. DE CASTRO diferencia entre las
“condiciones generales de la contratación” y las “condiciones generales de los contratos
en particular”, distinguidas en que, éstas sí y aquéllas no, son sometidas a la firma del
cliente. Para este autor, se trata, más que de unos tipos diferentes de condiciones
generales, de la diversa función que a ellas se les atribuye o se les puede atribuir en cada
caso. En un supuesto, las condiciones generales se consideran como declaración de un
empresario, grupo o asociación, que establecen las normas a que han de ajustarse sus
contratos; en el otro, se refieren a un determinado contrato, en el que, mediante la
aceptación presunta o la firma del cliente, las condiciones entran a formar parte de su
contenido (cf. DE CASTRO Y BRAVO, F.: Las condiciones generales de los contratos
y la eficacia de las leyes, 2ª ed., Madrid, 1985).
64 J.C. REZZÓNICO, Contratos con cláusulas predispuestas, Buenos Aires, Atrea,
1987, p. 205.

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