La relación del magisterio de la Iglesia Católica con la historia de la protección del Medio Ambiente

Autor:Juan José García Navarro
Cargo del Autor:Profesor de la Universidad CEU Cardenal Herrera
Páginas:63-98

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I Introducción

Mientras estas páginas son escritas otro desastre natural nos estremece estos días. Se trata del colapso de la plataforma petrolífera de la empresa British Petroleum en el Caribe el 20 de abril de 2010. Perdieron la vida once trabajadores y las aguas del Golfo se llenaban de crudo.

Este trabajo se inserta dentro de unas Jornadas Universitarias sobre «Cristianismo y Derecho a un Medio Ambiente Sano», organizadas por el Instituto de Disciplinas y Estudios Ambientales, en colaboración con el Instituto de Humanidades Ángel Ayala, celebradas en Valencia en la Universidad CEU Cardenal Herrera en junio de 2010. Estas líneas tratan de mostrar la contribución del Magisterio de la Iglesia católica a la crisis ecológica contemporánea. Se trata de responder a esta pregunta: ¿qué han aportado la comunidad internacional y la Iglesia católica a la crisis medioambiental? He seguido el método histórico.

Hoy podemos afirmar que es generalizada la conciencia ecológica y la preocupación por el medio ambiente, pero hace cuarenta años era una nove-

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dad, algo progre, incluso una moda propia de hippies. Desde entonces hemos cambiado nuestra mentalidad y nuestros hábitos. De todas formas aún nos falta mucho por comprender el fondo de esta cuestión, que es enormemente compleja: son muchos los intereses nacionales y privados que, desgraciadamente, siguen estando por encima de la naturaleza y del bien común humano. Intentaré demostrar que nos falta solidaridad.

El historiador Marc Nouschi describía la crisis ecológica como el actual proceso de degradación que padece la naturaleza debido al exceso de acción antrópica. Sus efectos principales, decía, son la contaminación, los residuos, la lluvia ácida, la deforestación, la desertificación, el agotamiento del mar, la disminución de la capa de ozono, el calentamiento global, el aumento de catástrofes naturales como sequías, crecidas de ríos, ciudades sumergidas por aguas desatadas, etc. Desde mediados del siglo XX el mundo empezó a ser consciente de ello porque estos niveles se hacían alarmantes. Este autor escribía en 1995 que todavía nos faltaba perspectiva para valorar estos fenómenos y las mediciones tienen margen de error. Los resultados científicos son contradictorios y hacen difícil seguir una política económica.1Actualmente hay un número importante de acuerdos vinculantes para los Estados sobre el cuidado del medio ambiente, pero queda aún mucho camino por recorrer. Todavía no hay unanimidad en cómo se debe disminuir la emisión de CO2. Seguimos desunidos en cómo atajar la crisis medioambiental. La Iglesia católica también se hizo consciente de esta crisis medioambiental con el paso de los años tomando muy en serio su cometido de defensora de la Creación. Trataré a partir de ahora del despertar de la conciencia medioambiental de los países occidentales y de las organizaciones internacionales a la par que el desarrollo del Magisterio de la Iglesia sobre este tema sin pretender ser exhaustivo.

II La época de Pio XII (1939-1958)

Es aceptado decir hoy que la preocupación por el medio ambiente comenzó en el ámbito académico. También se suele afirmar que el biólogo y filósofo evolucionista alemán Ernst Haeckel (1834-1919) fue el padre de la Ecología y creador de esta palabra, usada para definir las relaciones entre los seres vivos y sus hábitats. A mediados del siglo XX quedaba establecida la Ecología como una ciencia diferenciada dentro de la Biología, y definida por G. L. Clarke, en su obra, Elementos de Ecología, en 1954, como «el estudio de la fisiología externa de los organismos, los cuales necesitan un continuo aporte de energía y de materia para poder conservar la vida, al mismo tiempo que deben eliminar sus propios residuos». También por entonces surgió el ecologismo o

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ecología política, como fruto de la nueva sensibilidad hacia la naturaleza. Uno de los pioneros en este campo fue el conservacionista Henry Fairfield Osborn (1887-1969), quien publicó en 1948 Nuestro planeta saqueado, un estudio sobre las consecuencias negativas de la explotación de los recursos naturales. En 1956 W. L. Thomas publicó El papel del hombre en el cambio de la faz de la Tierra, donde demostraba las consecuencias negativas de la actividad del hombre sobre la naturaleza.

Durante el pontificado del venerable Pio XII los problemas mundiales fueron enormes: totalitarismos, Segunda Guerra Mundial, posguerra, reconstrucción, comunismo, capitalismo, democracia, desarrollo, descolonización, población, etc. Su magisterio trató todos estos temas. El medio ambiente no era todavía una preocupación general y el Papa no la trató como tema específico. Fueron la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), fundada en 1948, bajo los auspicios del primer Director General de la UNESCO, Julian Huxley, y la ONU, las primeras organizaciones internacionales preocupadas por la conservación de la naturaleza.2Según Leif E. Christoffersen, «cuando fue creado el IUCN los fundadores quisieron movilizar el apoyo internacional para conservar la vida de las especies y la protección de los hábitats para especies en vías de extinción. La protección de la naturaleza contra el daño por la intervención de las actividades humanas fue su mayor preocupación».3Esta institución ha sido durante la segunda mitad del siglo XX uno de los mayores defensores de la naturaleza. Pero a mediados del siglo pasado importaba más la denominada explosión demográfica mundial y el desarrollo que el medio ambiente. Prueba de ello fue la primera Conferencia Mundial de la Población que se celebró en Roma en 1954.

III Los años de Juan XXIII (1958-1963)

La ONU llamó a la década de los sesenta el decenio del desarrollo, incluyendo a los países del Tercer Mundo. La Iglesia católica respondió a los textos emanados de las conferencias internacionales sobre el desarrollo haciendo un llamamiento a la solidaridad. El Papa Juan XXIII (hoy beato) escribió dos encíclicas sociales. En Mater et Magistra, de 15 de mayo de 1961, se ocupaba

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del tema del desarrollo. Al referirse al segundo precepto que Dios dio en el Génesis a Adan y Eva, «creced y multiplicaos», escribió: «El segundo de estos preceptos no se dio para destruir los bienes naturales, sino para satisfacer con ellos las necesidades de la vida humana».4Aparecía aquí una primera muestra de interés por el medio ambiente, idea que se repetiría en futuras enseñanzas. El Papa Juan XXIII convocó el fundamental Concilio Vaticano II pero moriría antes de estar terminado.

IV El tiempo de Pablo VI (1963-1978)

El Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965) tuvo como una de sus principales intenciones acercar la Iglesia al mundo. Se sumó a la cuestión del desarrollo. En la Constitución pastoral Gaudium et spes, manifestaban los padres conciliares el principio del destino universal de los bienes: «Dios ha destinado la tierra y todo cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad».5Criticaba esta Constitución la avidez tanto individual como colectiva en el acaparamiento de los recursos; hacía notar su preocupación por la carrera de armamentos y por el aumento del uso de los anticonceptivos. Manifestaba el rechazo total a todo freno de la naturaleza por medios antinaturales.6Todavía no se daban las circunstancias históricas para hacer una mención especial sobre el medio ambiente. De todas formas, ya proporcionaba elementos suficientes para poder sentar las bases de una moral ecológica.7En el pontificado de Pablo VI la cuestión ecológica se convirtió en novedad. Poco a poco su magisterio fue haciendo mención. Pablo VI ya pudo aportar bastante doctrina ecológica.8La encíclica Populorum progressio, de 26 de marzo de 1967, buscó aportar soluciones a la distribución despropor-

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cionada de riqueza y miseria en el mundo mediante el llamamiento a la solidaridad. Ésta se debía extender también a las generaciones futuras:

Herederos de generaciones pasadas y beneficiándonos del trabajo de nuestros contemporáneos, estamos obligados para con todos y no podemos desinteresarnos de los que vendrán a aumentar todavía más el círculo de la familia humana. La solidaridad universal, que es un hecho y un beneficio para todos, es también un deber

.9El Papa advertía en el n. 43 de la encíclica que «el desarrollo integral del hombre no puede darse sin el desarrollo solidario de la humanidad». Se unía así al clamor generalizado de los países en vías de desarrollo. Apelaba también a un cambio de conducta y al derecho.

Además de las iniciativas internacionales en favor de la protección de la naturaleza de estos años también fueron las catástrofes medioambientales las que hicieron tomar conciencia de la gravedad del problema ecológico a la sociedad. Unos días antes de la publicación de la Populorum progressio el superpetrolero Torrey Canyon, naufragó con 120.000 toneladas de petróleo en Seven Stones, en el archipiélago de las Scilly, al sur de Inglaterra. Era el 18 de marzo de 1967. Una inmensa «marea negra» manchó las costas y playas de Cornualles, isla de Guernsey y litoral francés de la Bretaña, principalmente en la comarca de Tréguier. Los medios usados para resolver la catástrofe como el uso de napalm y detergentes no hicieron sino agravarla. Los Estados afectados legislarían a partir de entonces sobre navegación internacional, responsabilidad civil de las compañías y prevención de los desastres ambientales. Eran los comienzos del Derecho medioambiental.

Tras este desastre natural aparecieron infinidad de grupos ecologistas que...

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