LEBRET, Pierre Cardin; De la Soberanía del Rey, 1632

Páginas:210-218
 
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París, Jacques Quesnel. (1558-1655)

[1] L. I. C. I, Qué es la soberanía.

[2] [...] Dos cosas son necesarias para el establecimiento de una realeza legítima. Una, la autoridad soberana para hacerse obedecer por los pueblos que le están sometidos. La otra, que debe proponerse como fin principal el procurar por todo tipo de medios el bien de sus súbditos.

[...] la principal prueba de la verdadera realeza es la de tener una autoridad y un poder absoluto, del cual el trono y el cetro son los símbolos. Que no debe emprender nada sin el consejo de personas sabias y experimentadas en cada tipo de asunto y que debe tener el

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cuidado de establecer buenas y santas leyes, para mantener a sus pueblos en paz y hacerles llegar los saludables efectos de la justicia.

[5] Pero como no todos los reyes reciben ayuda de Dios tan rápidamente y de forma tan favorable para sus intereses se encuentran, en algunas ocasiones, de tal forma presionados por la necesidad, que se ven constreñidos con pesar a servirse de remedios inusitados para evitarse los males que normalmente acompañan [al gobierno].

[9] L.I, C. II, Qué es la soberanía & que su primer rasgo es el de no depender más que de Dios. [...] opino que no debemos atribuir el nombre y la cualidad de una soberanía perfecta y realizada más que a aquellas que no dependen más que de Dios y que no están sujetas más que a sus leyes.

Es por esta gran marca por la que podemos distinguir los poderes absolutamente soberanos [10] de los que tienen poder limitado. Y aunque todas las señorías que dan autoridad sobre los hombres tienen su origen en un mismo principio, tal y como dice el Apóstol Omnis Potestas a Deo est, sin embargo, cuando son dependientes y están sometidos a otras potencias superiores, como lo son los feudatarios que pagan tributos, o que están bajo la protección de algún otro, no puede decirse que sean plenamente soberanas. Por ello consideramos que los reyes de Nápoles, de Sicilia, de Aragón, de Polonia, de Cerdeña, de Córcega, de las Canarias, de Jerusalem y de Inglaterra incluso no han sido nunca plenamente soberanos porque rinden homenaje de vasallo a la Iglesia romana, pagándole un cierto censo anual [...].

[11] Los potentados de Italia y de Alemania no pueden tampoco ponerse en el rango de los príncipes soberanos, porque son vasallos del Imperio y muchos de entre ellos son como personal doméstico del Emperador [...]. Muchos autores serios añaden que si los reyes por el juramento que hacen en su coronación, se obligan con sus súbditos en algunas cosas que derogan los derechos de la soberanía, no se les puede tener como soberanos [...].

[23] L.I, C. IV, de las leyes fundamentales de la corona soberana de Fran-cia.

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[25] De los términos y del sentido de esta ley, se extraen tres máximas que son como los fuertes pilares sobre los que esta monarquía está firmemente apoyada. La primera que este reino se confiere por derecho hereditario; la segunda, que las mujeres son incapaces de llegar a la corona; y la última, que los varones se suceden indefinidamente y sin importar el grado de lejanía del parentesco.

[26] De todos modos, la experiencia nos ha hecho recibir a un rey de la mano de Dios y no de la mano de los hombres, es decir, por sucesión, más que por elección debido a los grandes desórdenes que acaecen cuando se está ocupado buscando un príncipe agradable para todo el pueblo. Porque, ¿quién puede ignorar que durante este interregno, la puerta no esté abierta a todo tipo de injusticias y violencias?

[27][...], en tanto que en la coronación de los reyes, los obispos de Laon y de Beauvais han acostumbrado a levantar a los reyes de sus sillas y...

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