Las industrias extractivas y sus implicaciones politicas y economicas.

Autor:Kahhat Kahatt, Farid
 
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Political and economic implications of extractive industries

INTRODUCCIÓN

Durante la década de los años noventa numerosas investigaciones empíricas y estudios de caso encontraron una elevada relación entre dependencia de industrias extractivas (minería e hidrocarburos) y desempeño económico y político en los Estados en desarrollo. Específicamente, esa literatura postulaba que a mayor dependencia de industrias extractivas, mayor la probabilidad de que un Estado tuviese bajo crecimiento económico, baja calidad institucional, un régimen autoritario y un conflicto armado.

Sin embargo, en los decenios siguientes esos hallazgos fueron sometidos a un escrutinio crítico. En general, los estudios más recientes formulan tres tipos de cuestionamientos a sus antecesores. En primer lugar, la evidencia empírica no siempre es concluyente respecto de la relación entre las variables estipuladas por estudios previos. En segundo lugar, incluso cuando se acepta la relación entre esas variables, se cuestiona la dirección de la causalidad o los indicadores elegidos para medirlas. Por último, se intenta dilucidar el grado de sensibilidad de los hallazgos a cambios en las especificaciones.

Un ejemplo del tipo de debate a que han dado lugar esos cuestionamientos es el concerniente a la relación entre dependencia de industrias extractivas y desempeño de la economía. Mientras Sachs y Warner (1997) encuentran una relación inversa entre los recursos primarios como proporción del total de exportaciones y el nivel de crecimiento económico de un Estado entre 1970 y 1990, para Brunschweiler y Bulte (2008) hay una relación directa entre esas variables en el período comprendido entre 1970 y 2000. Pero además de la diferencia en el rango de tiempo analizado, ambos estudios se diferencian en el hecho de que Brunschweiler y Bulte no postulan como variable independiente la proporción que los recursos primarios representan dentro del total de las exportaciones, dado que eso mide el grado de dependencia de la economía respecto de la dotación de recursos y no de su abundancia relativa. Y en ese caso la relación inversa podría ser espuria, en tanto tal vez la dependencia de la exportación de recursos primarios no sea lo que explica el bajo nivel de crecimiento económico: podría ser que tanto los bajos niveles de crecimiento como la dependencia de la exportación primaria se expliquen por las políticas (económicas y de desarrollo) que aplica el gobierno.

Al postular como variable independiente no la proporción que representan las exportaciones primarias en las exportaciones totales o el PBI, sino la abundancia relativa de recursos primarios (1), la relación entre recursos primarios y crecimiento económico se invierte: a mayor abundancia relativa se da un mayor crecimiento económico entre los Estados de la muestra para el período comprendido entre 1970 y 2000 (muestra que es inferior a la de Sachs y Warner, dado que solo incluye Estados con relativa abundancia de recursos primarios).

Dada la relevancia de los temas involucrados y la controversia que existe en torno a ellos, este documento se propone realizar una revisión crítica de la literatura académica sobre la relación entre dependencia de industrias extractivas y desempeño económico y político en Estados en desarrollo, intentando bosquejar el estado de la cuestión. Revisaremos en primer lugar aquella literatura que analiza la relación entre la dependencia de industrias extractivas de exportación y la violencia política, intentando explicar por qué las guerras civiles ocurren de manera desproporcionada en Estados cuya economía depende de esas industrias, y por qué en esos casos aumentase la probabilidad de que ellas tengan una agenda secesionista. En segundo lugar se examinará la literatura sobre la relación entre industrias extractivas de exportación y régimen político, parte de la cual sugiere que la dependencia de esas industrias reduce la probabilidad de que un Estado tenga un régimen democrático. Intentaremos luego entender luego por qué la presunta relación entre industrias extractivas, de un lado, y violencia y autoritarismo, de otro, admite una excepción notable: la región de América Latina. Revisaremos por último el cuerpo de literatura que asocia la dependencia de actividades extractivas de exportación a un comportamiento económico pobre y un bajo grado de desarrollo institucional (lo que se da en llamar >). Veremos sin embargo que la investigación más reciente sugiere que esa dista de ser una asociación necesaria.

  1. INDUSTRIAS EXTRACTIVAS Y GUERRA CIVIL

    El modelo Collier-Hoeffler (Collier y Sambanis, 2005) es un aporte al estudio de las guerras civiles basado en una regresión que incluye una proporción significativa de los casos comprendidos entre 1960 y 1999. Una de sus conclusiones es hoy un lugar común en la literatura académica sobre el tema de las guerras civiles. Según esta, las demandas y/o clivajes sociales y políticos no bastan para explicar el inicio de una guerra civil: de hecho, tienen una baja capacidad predictiva. Para explicar el inicio de una guerra civil suele ser más importante la existencia de condiciones propicias para la organización y el financiamiento de una insurgencia armada. A su vez, el que la economía de un país dependa en una alta proporción de recursos primarios de exportación es una de las condiciones que facilitan la financiación de una insurgencia armada.

    Esto último concuerda con la evidencia disponible, dado que las guerras civiles ocurren fundamentalmente en Estados cuya economía depende en una alta proporción de la exportación de recursos primarios: mientras mayor es la proporción del PBI representado por las exportaciones primarias, mayor es el riesgo de que un Estado se vea involucrado en una guerra civil (Collier, Elliot, Hegre, Hoeffler, Reynal-Querol y Sambanis, 2003), particularmente en el continente africano (véase, por ejemplo, Ross, 2004; Collier y Hoeffler, 2005 y Fearon, 2005). El riesgo de guerra civil alcanza su nivel máximo cuando las exportaciones primarias representan entre un 25 y un 32% del PBI (Collier y Sambanis, 2005).

    No es sólo que el riesgo de guerra civil sea mayor en Estados cuya economía depende de la exportación de recursos primarios, sino que además aumenta la probabilidad de que esas guerras sean de carácter secesionista. En términos estadísticos, el riesgo adicional de una guerra secesionista en Estados en los que la dotación de esos recursos duplica el promedio internacional es de 8.2% (Collier y Hoeffler, 2002).

    Sin embargo algunos estudios de caso sugieren que, al menos en los Estados involucrados, la correlación entre dependencia de recursos primarios de exportación y guerra civil podría ser espuria: en algunos casos en que confluyen ambas variables esos recursos no habrían sido ni el motivo ni la fuente de financiamiento de esas guerras. Por ejemplo, en Nigeria (Zinn, 2005), Mali ySenegal (Humpreys y Mohamed, 2005) o Azerbaiyán (Koehler, 2005). Pero incluso en los casos en los que esa confluencia podría estar asociada a una relación causal, existen problemas con la variable identificada por el modelo Collier-Hoeffler (por ejemplo, exportaciones de recursos primarios como proporción del PBI): esta incluye las exportaciones agrícolas, actividad en la que salvo en el caso de la producción para el narcotráfico, no es fácil apropiarse de la producción o extraer rentas de ella sin tener antes un amplio control territorial.

    Entre los recursos primarios de exportación, la dependencia de recursos extractivos parece tener mayor poder explicativo tanto del riesgo de que se inicie una guerra civil en un determinado Estado, como de la probabilidad de que se trate de una guerra secesionista. Por ejemplo, la probabilidad de que una guerra civil tenga una agenda secesionista es de 67.6% en Estados que carecen de petróleo, pero se eleva a un 99.5% en Estados que poseen ese recurso (Collier y Hoeffler, 2002). La explicación se basa en una característica medular que suelen compartir los recursos extractivos: su concentración en un área geográfica particular. Suelen además compartir dos características adicionales que también contribuyen a explicar la relación: de un lado, en su proceso de explotación los inversionistas privados suelen incurrir en costos hundidos sumamente elevados. De otro lado, son actividades que pueden generar rentas sumamente elevadas, es decir, retornos sobre la inversión superiores al promedio (Sinnot, Nash y De La Torre, 2010)

    La concentración geográfica de esos recursos implica que un grupo insurgente podría apropiarse de ellos sin necesidad de lograr un amplio control territorial. El que los costos hundidos sean elevados podría implicar que los inversionistas privados continúen con la producción incluso en presencia de una conducta predatoria por parte de la entidad política que controla el área geográfica en que operan (Collier, 2000 y Ross, 2004). Incluso en aquellos casos en que los inversionistas privados no incurren en costos hundidos particularmente elevados (por ejemplo, la extracción de diamantes), podrían tener incentivos para continuar la producción en presencia de una conducta predatoria si los niveles de renta generados por la actividad extractiva son relativamente altos (Collier, Elliot, Hegre, Hoeffler, Reynal-Querol y Sambanis, 2003). Por último, si el área geográfica en la que se concentra el recurso es habitada mayoritariamente...

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