La implementacion del concepto de desarrollo en las politicas de cooperacion al desarrollo y en materia migratoria.

Autor:Azkona, Nerea
 
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The concept of development in cooperation for development and migratory policies

  1. INTRODUCCIÓN

    Desde hace más de veinte años, se ha llegado a un cierto consenso de que la pobreza es uno de los principales elementos que define la disparidad entre países. Para medirla se tomó como punto de partida el número de personas que en 1990 vivían con menos de un dólar al día. Este indicador que mide la pobreza exclusivamente a partir de los ingresos económicos se discutió hace tiempo y aún aparece cuestionado en los debates de numerosos especialistas en desarrollo (Cornago, 1998; Barbé, 2007; Sanahuja, 2007; Unceta, 2009; Sotillo, 2011).

    De hecho existen estimaciones de pobreza que se basan en otros indicadores tales como la desnutrición, la mortalidad infantil o el acceso a los servicios básicos, caso del Índice de Desarrollo Humano (IDH).

    Dubois (2005) nos aclara que en aquellos primeros momentos la pobreza y la desigualdad no planteaban una corresponsabilidad internacional definida, no solo porque se les daba una explicación económica sino porque no se reconocía la necesidad de asumir colectivamente su superación.

    Según las estadísticas del Banco Mundial relacionadas con la economía en el año 2008 vivían en el mundo alrededor de 6.700 millones de personas. En términos macroeconómicos una parte de la población, aproximadamente mil millones de personas, contaba con una Renta Per Cápita (RPC) de 67 euros al día. Sin embargo, la inmensa mayoría de la población mundial vivía, y sigue viviendo, en condiciones económicas precarias, que cruzan incluso el umbral de la pobreza extrema, ya que 4.600 millones de personas subsisten con una RPC diaria inferior a 7 euros y mil millones sobreviven con menos de 1,1 euros al día (2).

    Este panorama de desigualdades ha interpelado a la sociedad internacional que ha llegado al consenso de que es urgente generar condiciones de desarrollo para todas las personas.

    En este sentido, a finales de la década de los años ochenta la preocupación por los desequilibrios socioeconómicos llevó a que los Estados económicamente más desarrollados, a través de instituciones multilaterales tales como el BM y el Fondo Monetario Internacional (FMI), acordaran lo que se denominó el Consenso de Washington, iniciativa para el desarrollo global basada en políticas económicas neoliberales centradas en la liberalización de los mercados (Rist, 2002; Sanahuja, 2007; Sotillo, 2011). El pensamiento que subyacía a este planteamiento era que la no intervención de los gobiernos en las economías serviría como incentivo a la iniciativa privada, lo que promovería la creación de empleo y el consiguiente aumento del Producto Interior Bruto (PIB) dando como resultado la reducción de la pobreza. Es decir, partía de la premisa de que el mercado era la institución clave para conseguir el crecimiento y la fuerza impulsora de este era el sector privado (Dubois, 2005).

    En definitiva, el desarrollo consistía básicamente en conseguir que los países más pobres se acercaran a las pautas de los países más ricos; siendo la gran propuesta la identificación del desarrollo con el crecimiento económico.

    Veinte años después la realidad mostró el fracaso de la iniciativa. Según el Informe de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (2009), las poblaciones de 54 países que se comprometieron con planes de desarrollo promovidos en el marco del Consenso de Washington, eran más pobres que antes de aplicarlos. Además, se percibía que los países pobres eran más dependientes de los industrializados y estaban obligados a aceptar sin discusión condiciones comerciales, tasas de interés y reglas de los préstamos, y criterios de uso de los fondos de ayuda internacional al desarrollo, entre otros (Sanahuja, 2007). Como menciona Unceta (2009: 27) >, como corresponde con el siguiente compromiso que asumió la sociedad internacional.

    En el 2000 esta se comprometió con una nueva iniciativa: los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) (3). Fue promovida desde el ámbito de las Naciones Unidas, alentada con el ideal de un horizonte de futuro compartido por toda la humanidad y como intento coordinado de la sociedad internacional para promover el desarrollo en países con economías precarias. Este proceso que se inició a comienzo del presente siglo es importante porque va a determinar la evolución de las políticas de desarrollo y, consecuentemente, las de cooperación internacional.

    En la base de esta nueva iniciativa está la intención de que países con economías menos y más desarrolladas trabajen juntos con el horizonte de un futuro compartido (4). Esta noción de desarrollo más integral que lo meramente económico, está en la línea de la propuesta del Premio Nobel de Economía de 1998, Amartya Sen, que considera que > (Sen, 1999: 36).

    En cuanto a la financiación de esta iniciativa en el año 2002, y también en el ámbito de Naciones Unidas, se convocó a una Conferencia Internacional en Monterrey (México) para confirmar los compromisos de financiación para el desarrollo que los Estados con economías más sólidas asumirían para la consecución de estos fines. Se aludió al objetivo de destinar a la Ayuda Oficial al Desarrollo el 0,7% del PIB en el plazo de tiempo más breve posible. Seis años después (2008), se celebró en Doha (Qatar) una Conferencia de seguimiento de los compromisos del Consenso de Monterrey. Uno de los avances más significativos fue la decisión de los Estados miembros de la Unión Europea de aportar fondos para la AOD hasta alcanzar los ratios de 0,56% del PIB en 2010 y el 0,7% en 2015 (5).

  2. LA EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO DE DESARROLLO: DEL CRECIMIENTO ECONÓMICO AL DESARROLLO HUMANO

    El desarrollo es un término que no puede definirse de manera atemporal, ya que es la historia la que lo llena de contenido. Cada sociedad y cada época tienen su propia formulación de qué es el desarrollo, respondiendo a las convicciones, expectativas y posibilidades que predominan en ellas (6).

    Al término de la II Guerra Mundial (1945) el mundo desarrollado se percató de la situación en la que se encontraban millones de seres humanos que vivían en zonas con bajos niveles técnicos, sanitarios, educacionales o económicos. Esta toma de conciencia fue acompañada por numerosas teorías que pretendían diagnosticar la situación para aplicar políticas de desarrollo adecuadas en las zonas afectadas.

    El término subdesarrollo fue acuñado por el presidente estadounidense Harry Truman en 1949, que lo consideró un escalón hacia el desarrollo, de evolución lineal ascendente que, como han apuntado otros teóricos más adelante, nunca ha tenido lugar (Neef et alia., 1986; Sen, 1999; Rist, 2002).

    Es decir, a partir de finales del decenio de 1940 más de 2 mil millones de habitantes del planeta llamados africanos, latinoamericanos y asiáticos cambiaron de nombre para pasar a denominarse simplemente > (Rist, 2002). Según palabras de Harry Truman el deber de los países desarrollados era ayudar económica y financieramente al resto de los pueblos para que consiguieran la estabilidad económica y el orden político. El subdesarrollo es, en este sentido, la > (Unceta, 2009: 9).

    La citada perspectiva del presidente estadounidense era y es una visión realista de las relaciones internacionales basada en la modernización y en la revolución industrial, que considera al subdesarrollo como una etapa previa al desarrollo. Este paradigma enfatiza el poder militar y el político, la seguridad y la supervivencia del Estado.

    A este respecto, la teoría de la modernización, que reza que una población debe pasar por una serie de etapas que le permitirán convertirse de una sociedad tradicional a una moderna, inauguró, para muchos teóricos y elites mundiales, un período de certeza bajo la premisa de los efectos benéficos del capital, la ciencia y la tecnología. La moderna economía del desarrollo partió de una visión limitada al problema de identificar y cuantificar el crecimiento económico.

    La teoría clásica del desarrollo de Adam Smith confiaba en la posibilidad de una expansión casi ilimitada de la capacidad productiva del sistema y consideraba que el bienestar de las personas depende de manera directa de la riqueza global de los países donde viven. Según Unceta (2009: 8) >. Es decir, el desarrollo humano era considerado como un subproducto del desarrollo estatal (Sutcliffe, 1995).

    Puede considerarse que estas son las propuestas ortodoxas que han respondido al pensamiento dominante y que han guiado las políticas de los organismos multilaterales y los gobiernos del mundo occidental.

    Sin embargo, valorar el desarrollo sólo en función de factores económicos da una idea poco acertada de la realidad, puesto que el desarrollo económico de un país no implica siempre una correcta distribución de la renta ni la consecución de otros logros necesarios, como el acceso a la educación o a la sanidad. Estos y otros parámetros similares empezaron a tenerse en cuenta para medir la calidad de vida de la ciudadanía.

    En la década de los años setenta se produjo una revisión crítica de los planteamientos ortodoxos y se abrió un espacio de acercamiento entre los diferentes enfoques, planteando alternativas críticas a la visión oficial (Dubois, 2005). Los resultados esperados de desarrollo que se anunciaban desde las propuestas oficiales no se producían, dándose por el contrario en muchos países un incremento de la pobreza que cuestionaba los planteamientos basados exclusivamente en el crecimiento económico. Ante tal situación surgieron las llamadas teorías de la dependencia que fueron la contrapartida de las teorías de la modernización, elaboradas principalmente en los propios países subdesarrollados.

    Sin embargo, en la década de los años ochenta se retornó a las posiciones anteriores bajo el denominado Consenso de Washington, hasta que en los años noventa el debate sobre el desarrollo experimentó un punto de inflexión al cuestionar el propio concepto de desarrollo un creciente número de estudios críticos...

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