Identidades y nuevos conflictos.

Autor:Aranda, Gilberto

La globalización ha cambiado sustancialmente las pautas políticas, económicas v sociales con que la humanidad se ha movido durante los últimos 30 años. La integración de economías, el cambio acelerado, la revolución de las tecnologías hablan de un fenómeno antiguo aunque cualitativamente distinto. Sin embargo, el proceso de intensificación de las interconexiones globales ha producido consecuencias que a veces apuntan y direcciones opuestas: integración y fragmentación, homogeneización y diversificación, mundialización y localización.

Algunos de los resultados del proceso de globalización se han traducido en experiencias de debilitamiento estatal y fractura de sociedades. Este último caso se relaciona con el despertar de demandas identitarias basadas en la etnicidad, una cosmovisión religiosa, o el simple despertar de nacionalismos aletargados. El siguiente ensayo pretende repasar las premisas y las clasificaciones que desde diversos ángulos teóricos explican la referida tendencia en la política mundial.

INTRODUCCIÓN

Hace un tiempo, Ulrich Beck, profesor de sociología de la Universidad de Munich, aseveró en un matutino español que "todo el mundo siente amenazada su identidad frente al poderosísimo rival que es la globalización" (1).

Esta afirmación nos enfrenta a una de las características principales del mundo actual, la dicotomía entre los conceptos de identidad y de globalización. Pero no son conceptos vacíos, solo con sentidos epistemológicos, sino que tienen expresión real en un nuevo orden mundial, en un nuevo concepto de política y en nuevos conflictos que aún no podemos entender.

En ese proceso han incidido los alcances dispares de una globalización que deviene tanto en desarrollo económico como en ausencia del mismo. La marginación de ciertos grupos sociales de las principales corrientes de desarrollo, unida a la pauperización de sus condiciones de vida, han provocado la canalización de sus demandas bajo un formato identitario premoderno. En consecuencia, la globalización pasa a convertirse en factor que incide en la reafirmación de ciertas identidades que cuestionan abiertamente su adhesión a una sociedad nacional.

Lo anterior también se relaciona con el hecho de que todas las sociedades han sido y están siendo sometidas a profundas transformaciones, vertiginosos cambios que incluso han puesto en cuestionamiento nuestros tradicionales paradigmas. En pocos años hemos visto transformaciones que antes tomaban siglos. Este escenario hace que se vislumbre un cambio cultural cuyo motor y principales factores de cambio son la economía global y las nuevas tecnologías de información y de las comunicaciones.

Estas transformaciones, la comprensión de su naturaleza, su alcance y sus consecuencias, han sido desde los años setenta una de las preocupaciones principales de las Ciencias Sociales. Muchos autores de las más diversas disciplinas han preparado cientos de libros y artículos intentando analizar los cambios que acontecen en nuestras sociedades (2). Pero esta nutrida bibliografía trasunta un problema de fondo: es que son visiones particularistas para entender un fenómeno global, lo que nos lleva al concepto de paradigma. Lo anterior, entendido como modelos desde los cuales se originan tradiciones de investigación. En otras palabras, los supuestos fundamentales que tienen los investigadores sobre el universo observado (3). Entre estas nuevas posiciones destaca una multiplicidad de relatos identitarios que cuestionan las unidades estatales tradicionales. Al respecto, cabe consignar que a pesar de existir divergencias en los enfoques relativos a los cambios acaecidos, la comunidad de científicos sociales también presenta coincidencias. Entre ellas destaca una visión común respecto del surgimiento de doctrinas particularistas, el renacimiento de credos excluyentes y la aparición de nacionalismos militantes fomentados por la crisis de los paradigmas y de las grandes teorías de carácter universalista.

Desde esta perspectiva, el sistema internacional vive una ampliación sin precedentes actualmente 192 Estados miembros de las Naciones Unidas pero también enfrenta tendencias a la fragmentación de algunas de sus unidades estatales, lo que ha provocado crisis humanitarias de envergadura.

La expresión más virulenta de esta fragmentación es la mayor frecuencia de conflictos armados intra-estatales en relación con los interestatales, especialmente en sociedades en que hay importantes focos de pobreza y marginalidad y en los cuales históricamente han existido demandas identitarias por parte de grupos religiosos o étnicos, tradicionalmente excluidos del goce de ciertos derechos.

En este trabajo intentaremos explorar cómo la noción de soberanía de ciertos Estados --elemento fundacional del sistema internacional moderno-- se ha visto afectada por tensiones internas, que en conjunción con las tendencias globales externas ha provocado una sobrecarga de demandas por parte de sensibilidades étnicas y religiosas. Antes de ello, repasaremos algunas de las taxonomías propuestas para enfrentar las naturaleza de los conflictos de la post Guerra Fría.

APROXIMACIONES A LOS NUEVOS CONFLICTOS

Al repasar algunas de las principales tipologías sobre los nuevos conflictos se puede abordar una definición menos particularista de los conflictos motivados por causas identitarias, enriquecida desde las distintas visiones y disciplinas sociales.

En cuanto a los conflictos armados intra-estatales, el proyecto Ploughshares intenta comprender los diversos tipos clasificándolos en varias categorías.

La primera de ellas, llamada de "conflictos por el control del Estado", agrupa a las luchas protagonizadas por los movimientos revolucionarios, las pugnas de las elites por la transferencia del poder y las campañas de descolonización (4).

La segunda categoría comprende los "conflictos por la formación del Estado", que involucra a regiones de un país que pugnan por diversos grados de autonomía, ya sea mediante un referéndum o una secesión. En la actualidad, un gran número de conflictos son de este tipo y son representativos los casos de Sudán, India (por Cachemira), Sri Lanka (por los tamiles), Indonesia, Filipinas y los países que integraron la ex Yugoslavia.

La tercera son los denominados "conflictos por el fracaso del Estado", en la que la pugna cristaliza tras la ausencia del control efectivo del territorio y la población por el gobierno. El error primario es una incapacidad para proveer seguridad humana mínima a la ciudadanía. Somalia seña un ejemplo de lo que sucede cuando se mezcla pobreza, ausencia de estructuras estatales y proliferación de armas ligeras. Un caso típico de lo que se ha denominado "Estado Fallido".

No obstante, desde esta perspectiva, varios conflictos presentan elementos de dos o tres categorías a la vez, como los casos de Sudán, Irán, Irak o Filipinas.

Otra tipología es la elaborada por Doom y Vlassenroot, que distinguen cuatro tipos de conflictos: de legitimidad, de desarrollo, de identidad y de transición (5).

Los conflictos de legitimidad son los que se relacionan con la fragilidad de los sistemas democráticos, ya sea por la escasez de participación política o por los problemas en la distribución del bienestar. Son conflictos típicos de las nuevas "democracias" en el hemisferio americano como Haití, Guatemala o Paraguay.

Los conflictos de desarrollo son aquellos que se gestan como consecuencia de la distribución desigual de los recursos por consiguiente, marcan una brecha entre los sectores boyantes de una sociedad frente a los que presentan precariedad.

Los conflictos de identidad se conforman a instancias de grupos que procuran proteger su identidad. Sus raíces se hallan en diferencias étnicas, tribales y lingüísticas que provocan disputas entre grupos, o entre un grupo y el poder central. En Europa central y la ex URSS han sido numerosos los conflictos de este tipo.

Los conflictos de transición se refieren a luchas entre fuerzas rivales, con diferentes intereses por alcanzar el poder en procesos de transición y cambio político.

Por su parte, Mohamed Sahnoun distingue cinco tipos de conflictos nuevos. En primer lugar, los de "carácter socioeconómico", que obedecen a la ausencia de democracia y a la desigual distribución de la tierra están en el fondo (Chiapas, etc.).

Los de "carácter religioso", que para este autor son una expresión de la manipulación ejercida por líderes políticos o religiosos para legitimar sus proyectos sociales. Sería el caso típico de Sudán, El Líbano, Chipre, los Balcanes, Mindanao filipino e Irlanda del Norte.

Enseguida cita las "crisis producidas por el fracaso de procesos de integración en la creación de los Estados-Nación", caracterizados por la ausencia de factores de unificación nacional, la falta de liderazgo y el monopolio de un grupo étnico (Chad, Zaire, Uganda, Rwanda, Burundi, Sri Lanka, Sierra Leona, etc.).

Este autor cita también los conflictos llamados de "legado de la Guerra Fría", de muy difícil solución y que involucran una gran acumulación de armamento. Estos conflictos pueden tomar formas de guerra de liberación, como lo ocurrido en Angola, Mozambique, Camboya, Vietnam y Afganistán.

Por último, las "crisis resultantes de la herencia colonial o de las dificultades de la descolonización, en los que suele haber disputas fronterizas y conflictos por la posesión de las tierras. Dentro de este tipo de conflicto las estructuras políticas todavía no alcanzan un Estado en plenitud, como los casos de Togo, los países del Cuerno de África, Cachemira, y la región del Cáucaso.

Sahnoun señala también factores de agravamiento como "la exportación de armas, interferencia exterior, ambición personal de los líderes individuales, insuficiencia de las estructuras administrativas, el debilitamiento de los mecanismos de conciliación indígena y la ausencia de una adecuada y rápida respuesta a las tragedias humanitarias" (6).

Desde el neorrealismo de un autor como Kissinger, la expresión...

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