La hipermodernidad

Autor:Miguel Angel Michinel Álvarez
Páginas:44-56
RESUMEN

1. Genealogía - 2. Arquitectura - A. Del presente eufórico postmoderno al presente paradójico hipermoderno - B. Caracterización del individuo y de la sociedad en los tiempos hipermodernos

 
ÍNDICE
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1. Genealogía

[15] El tránsito de la postmodernidad a la hipermodernidad. Según cierto autor80“el concepto posmoderno ha quedado algo anticuado. Hemos vivido un breve momento de reducción de las trabas y las imposiciones sociales, pero he aquí que éstas vuelven a estar en primer plano, aunque con rasgos nuevos. (…) [L]a etiqueta posmoderno se ha marchitado, ha agotado su capacidad de expresar el mundo que anuncia (…). El “pos” de lo posmoderno tenía los ojos puestos todavía en lo que quedaba atrás y se había declarado muerto, permitía pensar en una desaparición sin concretar en qué íbamos a convertirnos, como si se tratase de conservar una libertad nuevamente conquistada a impulsos de la disolución de los encuadramientos sociales, políticos e ideológicos. Esa época ha terminado. (…) Todo discurre como si hubiéramos pasado de la era “pos” a la era “hiper”. Nace otra sociedad moderna. No se trata ya de salir del mundo de la tradición, sino de modernizar la modernidad misma, de racionalizar la racionalización (…). La modernidad de la que salimos era negadora, la supermodernidad es integradora. Ya no hay destrucción del pasado, sino su reintegración, su replanteamiento en el marco de las lógicas modernas del mercado, el consumo y la individualidad (…). De lo pos a lo hiper: la posmodernidad no habría sido pues sino una etapa de transición, un breve momento. Ya no es el nuestro”. Se puede entonces resumir el tránsito de la postmodernidad descrita en el capítulo anterior a la actual hipermodernidad subrayando el carácter integrador de ésta, en tanto que bebe de modernidad y postmodernidad, intentado superarlas, pero sin excluirlas completamente. De este modo, “frente a los liberales, que creen que sólo el liberalismo [moderno] puede resolver los problemas que él mismo engendra, [la hipermodernidad de] Lipovetsky recuerda que el papel del mercado tiene límites y que la mano providencialista destinada a regularlo desde dentro necesita guantes muy visibles para que evitemos sus excesos. Frente a los marxistas [postmodernos], que denuncian la lógica contradictoria del capitalismo y militan a favor de una sociedad de clases cuyo advenimiento es indispensable, Lipovetsky demuestra que la contradicción se ha reinscrito en la esencia misma de los individuos, que las luchas simbólicas han perdido mucha intensidad y que el futuro es imprevisible porque hay que construirlo al mismo tiempo que el presente”81.

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[16] Precursores y contemporáneos. Como se verá a continuación, figura central dentro del actual pensamiento hipermoderno es el filósofo francés Gilles Lipovetsky, de quien se toma tal denominación por el título de su obra ya citada Los tiempos hipermodernos. No obstante, es posible encontrar algunos precedentes más o menos intensos de sus postulados en pensadores de la gene-ración directamente anterior82. Así, por ejemplo, en Jean Baudrillard, discípulo de Henri Lefebvre, (aunque infiuenciado sobre todo por Louis Althusser y Guy Debord, al menos en su primera época) y fundador, junto a Roland Barthes, de la revista Utopie. Central en la obra de Baudrillard es la idea de “hiperrealidad”, concebida como la construcción de un mundo más «real» que Real, cuyos habitantes viven obsesionados con la perfección, evitar el paso del tiempo y la objetivización del ser: la autenticidad ha sido reemplazada por la copia, dejando un sustituto para la realidad, por lo que nada es Real, y los involucrados en esta ilusión son incapaces de notarlo83. También puede incluirse a Zygmut Bauman, que acuña el concepto de modernidad líquida84, al dar cuenta de la evolución desde una modernidad “sólida” (entendida como estable o repetitiva) hacia una más “líquida” (conceptuada como fiexible o voluble, asociada a la desaparición de los referentes) donde los modelos y estructuras sociales no perduran lo bastante como para enraizarse y gobernar las costumbres ciudadanas, y donde, sin percatarnos, sufrimos transformaciones y pérdidas como la duración del mundo y sus objetos, viviendo bajo el imperio de la caducidad y la seducción85.

Finalmente, autores contemporáneos de Lipovetsky, y que comparten una visión semejante en torno a la “hipermodernidad”, al menos en relación con sectores clave de tal corriente, son por ejemplo Paul Virilio, Marc Augé, François Ascher o Krysztof Pomian, entre otros.

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[17] La obra de Lipovetsky. Gilles Lipovetsky (París, 1944) es un pensador francés, antiguo profesor de filosofía en la Sorbona de Grenoble y miembro del Consejo de Análisis de la Sociedad en Francia. Se ha indicado que su obra transcurre por tres fases86, siendo a partir de 1992 cuando comenzaría su etapa propiamente “hipermoderna”. En ésta, en primer lugar, destaca El crepúsculo del deber: la ética indolora de los nuevos tiempos democráticos (1992)87en la que sostiene que Dios ha sido sustituido por los derechos humanos, a su vez sustentados en la tríada democracia-libre mercado-tecnociencia. En La tercera mujer (1997)88, considera que nace una nueva mujer que se conquista a sí misma, decidiendo sobre su cuerpo, su fecundidad y la igualdad de oportunidades, aunque no pierda ciertos condicionamientos psicogenéticos adquiridos. Le sucede Metamorfosis de la cultura liberal (2002)89, donde replantea su esbozo de las paradojas democráticas de Tocqueville: la identidad y la diferencia, lo individual y lo colectivo, la sociedad abierta y cerrada, apoyando las ventajas de la cohabitación entre contrarios. En El lujo eterno (2003)90, contrapone el carácter efímero de la moda a la idea de lujo perpetuo, y sus transformaciones

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a lo largo de las fases de la Historia. La felicidad paradójica: ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo (2006)91trata sobre la multiplicación y globalización del estilo y las grandes marcas. En La sociedad de la decepción (2006)92, analiza el concepto de “decepción”, apoyándose en la lógica del deseo de Lacan y concluyendo que, si bien la decepción se intenta satisfacer con el consumo, al dejar de desearse lo conseguido, el consumo efímero crea una cadena de decepciones, que conforma un sujeto paradójico, siempre en espera de algo que termina por decepcionarle cuando lo encuentra. Los tiempos hipermodernos (2007)93, por su carácter central, será tratada con más intensidad en epígrafes posteriores. A partir de aquí, sus últimas obras más relevantes hasta el momento han sido escritas en colaboración, bien a medias con Jean Serroy94, bien con Hervé Juvin95.

2. Arquitectura
A Del presente eufórico postmoderno al presente paradójico hipermoderno

[18] El presente eufórico postmoderno. Si la posmodernidad nace con el fin de las “grandes narrativas”, la hipermodernidad se alumbra al concluir el presente eufórico postmoderno. Para aclarar qué se quiere decir con ello, conviene remitirse, ante todo, al concepto de “forma”, como determinante de las posibilidades de relación de un objeto con su entorno; mientras que, la “información” es la traducción abstracta de dicho objeto. La forma se reproduce y es un hecho; la información se transfiere y es una potencia. La multiplicación de objetos (proliferación) conduce a que la forma se disuelva en la información. Por tanto, cuando se llegó a tal cantidad de productos y de objetos no susceptibles ya de

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proponer una novedad, la única novedad resultante era una eterna novedad96; que descansaba, precisamente, en el propio acto de proliferación, donde los objetos se multiplicaban hasta perder sus sentidos, siendo el objeto predominante la propia proliferación: se alcanzó entonces la euforia de “lo difuso”97. Ligada a la proliferación de satisfacciones, la era del consumo masificado antepuso así el presente eufórico, la eterna novedad, la sociedad-moda98(reestructurada por las técnicas de lo efímero, la renovación y la seducción permanente) a las esperanzas de futuro de la modernidad99. Ante esta desestructuración de los controles

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sociales100, los individuos, en el contexto posdisciplinario postmoderno, podían elegir entre aceptarlo o no, entre dominarse y desmandarse. Porque, paradójicamente, la proliferación incrementó también las posibilidades de interacción y de elección; en suma, de libertad. Los individuos, a mayor información, son más abiertos, pero también más infiuenciables; más críticos, pero más superficiales; más escépticos, pero menos profundos; están menos ideologizados, pero son más deudores de las modas. En suma, mayor proliferación parece generar más inestabilidad y desestructuración del individuo101. De ahí que la esencia misma del individualismo sea con creces la paradoja. Por ello, ya la postmodernidad aparecía bajo una forma paradójica, al amparo de dos lógicas opuestas, una favorecedora de la autonomía y otra promotora de la dependencia. Por un lado, más responsabilidad personal; por el otro, más desenfreno: el hedonismo post-moderno era bicéfalo, desarticulador e irresponsable para unos cuantos, aunque prudente y responsable para la mayoría.

[19] El presente paradójico hipermoderno. Ahora bien, la renuncia postmoderna a las utopías no implica que, en la hipermodernidad, se haya destruido la fuerza del futuro: “lo que ocurre es que éste ya no es ideológico-político, sino que se sustenta en la dinámica técnica y científica”102. De ahí que, “aunque triunfa el tiempo breve de la economía y de los medios, nuestras sociedades no dejan de ser sociedades orientadas hacia el mañana”. Por ello, si bien el presente es dominante en la hipermodernidad, no es su eje absoluto; ya que ésta “no ha reemplazado la fe en el progreso por la desesperación y el nihilismo [como en

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la postmodernidad] sino por una confianza inestable, fiuctuante, variable según los acontecimientos y las circunstancias”103. La hipermodernidad se...

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