Guerra total' contra Batista. La caída del régimen

Autor:Adela M. Alija
Cargo del Autor:Universidad Antonio de Nebrija - Madrid
Páginas:261-285
“GUERRA TOTAL” CONTRA BATISTA.
LA CAÍDA DEL RÉGIMEN
Adela M. Alija
Universidad Antonio de Nebrija - Madrid
INTRODUCCIÓN
El inicio de la Dictadura de Fulgencio Batista o “Batistato” en 1952 co-
incide con la llegada del primer Embajador español a Cuba, Juan Pablo de
Lojendio1. Las relaciones hispano-cubanas, normalizadas plenamente en los
años cincuenta, van a verse sacudidas por los sucesos revolucionarios acon-
tecidos en la Isla.
Nuestro estudio se centra en los momentos cruciales de un largo período
de conflicto que comienza a desarrollarse en Cuba casi inmediatamente des-
pués del inicio del Batistato. Para el análisis de los elementos y de los actores
en juego tenemos presente el marco general de las relaciones entre España
y Cuba2. La perspectiva diplomática española nos proporciona datos muy
reveladores, no sólo sobre el propio conflicto analizado, sino también sobre
las relaciones hispano cubanas y sobre los planteamientos internacionales
y la política exterior de la España de la época, en plena etapa de consolida-
ción del Franquismo.
Por otro lado, analizamos el fracaso de las elecciones de 1958, un inten-
to de pervivencia, que Batista no logra, y que serán la antesala del fin de su
régimen. Las alianzas entre las distintas fuerzas de oposición, la actitud de
1 Juan Pablo de Lojendio e Irure, marqués de Vellisca, es nombrado embajador en La Habana
en 1952 y ocupará esta representación diplomática hasta que es expulsado de Cuba en enero de 1960.
Fue embajador en Cuba con dos Ministros de Asuntos Exteriores Martín Artajo y, a partir de 1957, Fer-
nando María de Castiella.
2 La importancia que la doctrina Estrada adquiere en la actitud político-diplomática españo-
la hacia Hispanoamérica implica el mantenimiento de relaciones con independencia de los regímenes
políticos y explica, hasta cierto punto, las paradojas que se presentan en dichas relaciones. En el caso de
Cuba esto es particularmente interesante. La revolución de 1959 no cortó los especiales lazos entre Cuba
y España, aunque ciertamente los complicó. Por otro lado, es necesario considerar que a la tradicional
prioridad del hispanoamericanismo para la política exterior española se suma el pragmatismo de la políti-
ca franquista hacia Cuba. Debemos cuestionar la influencia del contexto general de la guerra fría en este
aspecto, la España franquista se convirtió en uno de los apoyos económicos de la Cuba revolucionaria.
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la Iglesia, el fin del apoyo de Estados Unidos a Fulgencio Batista y el papel
jugado por la Embajada española son otros tantos temas analizados en este
capítulo que termina con un análisis de las causas del derrumbe del régi-
men.
HACIA LA REVOLUCIÓN
La oposición a Batista, muy dividida, tardó en adquirir forma. El movi-
miento de Frank País (Movimiento 26 de julio)Z el movimiento fundado por
Jorge Mañach[ (Movimiento del Pueblo Cubano) junto a grupos católicos se
unían, en su oposición al régimen, a algún sector de los auténticos y al Par-
tido ortodoxo\; muchas de las personas pertenecientes a estos grupos parti-
ciparán activamente en el movimiento revolucionario posterior y una parte
de esa oposición empezaba a plantearse la imposibilidad de luchar contra la
dictadura por medios pacíficos.
La presión ejercida por el variado y complejo movimiento de oposición a
la dictadura de Batista conseguirá que en 1955 el dictador restituya la Cons-
titución de 1940 y promulgue una Ley de Amnistía para los presos políticos
y el retorno de los exiliados. Desde este año de 1955 se desarrolla una ma-
yor coordinación entre los grupos políticos opositores. Realmente el inicio
del fin del régimen se hará realidad con la llegada en el yate Granma de
Fidel Castro en diciembre de 1956. La fase guerrillera se inició con los 82
3 Frank País creó el 12 de junio de 1955 el Movimiento 26 de julio nacido de los que sobrevivie-
ron (32 de 118 personas) en el asalto al Cuartel militar Moncada. Organizó la insurrección que debía
coincidir con el desembarco del “Granma” en la provincia de Oriente. Su muerte, con 22 años, por las
tropas de Batista el 30 de julio de 1957 provocó una movilización general del país y fue decisiva en el
impulso revolucionario. Frank País ha sido una figura carismática y considerado uno de los mártires
de la Revolución cubana, las referencias a su valor son constantes en toda la literatura revolucionaria.
Vid. Monroy, Juan Antonio: Frank País: líder evangélico en la Revolución cubana, Barcelona, Editoral Clie,
2003; Franqui, Carlos: Retrato de familia con Fidel, Barcelona, Seix Barral, 1981; Che Guevara sentía una
profunda admiración por Frank País que manifestó en algunas de sus obras y que mencionan los estu-
diosos del Che, Vid. Guevara, Ernesto: Obras 1957-1967, La Habana, Casa de las Américas, 1977.
4 Jorge Mañach, uno de los principales intelectuales del período republicano, escritor, pro-
fesor universitario, fue ministro de Batista en su mandato constitucional ostentando las carteras de
Relaciones Exteriores y de Educación. Dirigió un programa de radio de mucho prestigio y gran au-
diencia “la universidad del aire” que fue prohibido por Batista. Vid. Machover, Jacobo (dir.): La Habana
1952-1961. El final de un mundo, el principio de una ilusión. Madrid, Alianza Editorial, 1995, págs. 280-281,
También: Franqui, Carlos: Diario de la revolución cubana, Barcelona, R. Torres, 1976. Para la relación
entre intelectuales y revolución, Vid. Martínez Pérez, Liliana: Los hijos de Saturno: intelectuales y revolución
en Cuba. México, FLACSO, 2006.
5 En mayo de 1947, de la escisión del Partido Auténtico (Partido Revolucionario Cubano),
había surgido un nuevo partido político, liderado por Eduardo Chibás, el Partido del Pueblo Cubano
(PPC) o Partido Ortodoxo. El PPC (O), al que se había unido un joven Fidel Castro en noviembre de
1947, su expansión fue rapidísima; sin embargo, no creó una alternativa sólida, entre otras razones, por
la desgraciada desaparición de su fundador Eduardo Chibás. El Partido Ortodoxo tenía como lemas
“Vergüenza contra dinero” y “Prometemos no robar” y se hacía representar con el símbolo de una es-
coba que barre la corrupción, todo ello en alusión a sus aspiraciones de limpiar la vida pública cubana,
dañada por los escándalos económicos en los que estaba involucrado el Partido Auténtico.

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