?Choque, fin u otro Chernobyl?

AutorHeine, Jorge

¿Hasta qué punto los atentados del 11 de septiembre contra las Torres Gemelas y el Pentágono constituyen un hito que inaugura una nueva era del sistema internacional? Tomando como punto de partida las tesis de Samuel P. Huntington sobre "el choque de civilizaciones" y de Francis Fukuyama sobre "el fin de la historia", este artículo examina la validez y pertinencia de cada una de ellas como claves para entender lo ocurrido ese día, concluyendo que el nivel de análisis y la evidencia empírica presentada en la obra de Huntington la hace más útil para estos efectos. El trabajo concluye con una breve consideración del planteamiento de Urich Beck sobre el 11 de septiembre como un verdadero "Chernobyl de la globalización" e identifica los cambios que ya se avizoran en el escenario político y económico mundial post-septiembre del 2001.

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Nacer para crear, amar y ganar juegos es nacer para vivir en tiempos de paz. Pero la guerra nos enseña a perderlo todo y a ser lo que no éramos. Es todo cuestión de estilo.

Albert Camus

Poca duda cabe de que la imagen de los aviones de American y United Airlines estrellándose en las Torres Gemelas constituirán uno de los iconos gráficos del siglo XXI. Menos obvio es el grado en el cual los atentados en Nueva York y Washington marcan un antes y un después, en términos del sistema internacional, esto es, una línea de separación entre dos períodos radicalmente distintos, con parámetros, coordenadas y patrones muy diferentes el uno del otro.

Para algunos, se trataría de un hito comparable al 28 de junio de 1914, fecha del asesinato del Archiduque Fernando en Sarajevo, que no sólo trajo consigo el inicio de la Primera Guerra Mundial, sino que puso fin a la Belle Epoque, esa era de oro del impresionismo y del futurismo, asi como de la primera globalización, de muchas décadas de auge ininterrumpido del comercio y las inversiones internacionales (lo que vino después, desde el gulag hasta Auschwitz, vendría a ser como de otro planeta). Otro hito sería el del 6 de agosto de 1945, día del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima, que inauguro la era nuclear, en que por vez primera se dio la posibilidad real de que la Humanidad pudiese eliminarse a sí misma (o al menos a gran parte de ella) sólo apretando unos cuantos botones. También está el 9 de noviembre de 1989, día de la caída del Muro de Berlín, comienzo del fin del bloque socialista en Europa central y oriental y emblema por excelencia del término de la guerra fría.

Parecería haber acuerdo en que el 11 de septiembre, aunque ha gatillado una guerra en Asia central y un recrudecimiento del conflicto en el Medio Oriente, no va a conducir a una Tercera Guerra Mundial. Desde luego, no se trata del primer atentado contra las Torres Gemelas por parte de terroristas islámicos (ese tuvo lugar en 1993); tampoco el primero en causar destrucción y muertes masivas en los Estados Unidos (ese ocurrió en Oklahoma en 1996); ni menos el primer atentado contra un avión comercial (que ha habido muchos, de los cuales el más conocido es el llevado a cabo contra el vuelo de Pan Am caído en Lockerbie, Escocia, el 21 de diciembre de 1988, causando la muerte de 270 personas).

Según el Departamento de Estado de los Estados Unidos, entre 1995 y 2000, hubo un total de 2100 ataques terroristas internacionales, lo que nos indicaría que el terrorismo ha pasado a ser "el pan nuestro de cada día". Con todo, los Estados Unidos (ya que no sus bases e instalaciones militares en el resto del mundo) había estado relativamente exento; sólo 15 de estos ataques ocurrieron en ese país, provocando siete muertes (1).

Es el fin del sentimiento de invulnerabilidad de los Estados Unidos, entonces, el primer y más importante efecto del 11 de septiembre. La mayor potencia militar que el mundo ha conocido fue incapaz de defenderse de la acción de 19 individuos armados con cuchillos de plástico, que transformaron aviones de pasajeros en gigantescos misiles, derrumbaron el principal símbolo del capitalismo mundial y atacaron con éxito la sede y emblema del poderío bélico de esta superpotencia, que muchos consideraban el edificio mas invulnerable del mundo, causando más de 5 mil muertes y daños por miles de millones de dólares. (2)

El golpe sicológico a los estadounidenses, entonces, ha sido grande, algo que ha sido magnificado y multiplicado por los subsiguientes envíos de ántrax por correo a lo largo y lo ancho del país, con su secuela de muertes y sicosis colectiva. Más allá de los efectos sobre la siquis nacional del país del norte, desde el punto de vista de las relaciones internacionales la pregunta más relevante es el grado en que, las consecuencias del 11 de septiembre van a producir algún tipo de alteración duradera del paisaje del escenario internacional, o si, en la longue durée, se va a tratar de un mero "blip" en el mare mágnum del acontecer histórico (digamos, el equivalente al asesinato del Zar Alejandro II en 1881, más que al del Archiduque Fernando en 1914).

Y aquí pareciera importante distinguir entre las causas últimas y los procesos históricos subyacentes, que se van acumulando y superponiendo, hasta finalmente irrumpir con fuerza inusitada y manifestarse en eventos públicos que pasan a ser emblemáticos, y los productos más visibles de esas corrientes subterráneas, que podríamos llamar los epifenómenos. No fue la caída del Muro de Berlín lo que llevó al desaparecimiento del Pacto de Varsovia, del COMECON y de la propia Unión Soviética; fueron procesos anteriores, vinculados a la Tercera Revolución Industrial, esto es, los acelerados cambios en la tecnología informática y telemática, y la consiguiente conformación de la así llamada sociedad de la información, los que hicieron cada vez más insostenible un modelo de desarrollo económico basado en la planificación central. Este pudo haber dado buenos resultados medidos por los índices de producción de la industria metalmecánica, pero, en sociedades en que la propiedad privada de algo tan relativamente primitivo como la máquina fotocopiadora estaba prohibida por su carácter "subversivo", demostró ser absolutamente incapaz de adaptarse a los requerimientos de esta nueva era.

Y es en esos términos que debe canalizarse la reflexión y el análisis sobre el 11 de septiembre (3). Más allá del indudable ingenio e imaginación demostrado por Al Qaeda al concebir la utilización de aviones de pasajeros como improvisados misiles, y de la extraordinaria capacidad organizativa y logística demostrada en los dos años que, se calcula, tomó planificar e implementar el atentado más espectacular de la historia, éste no puede ser visto en forma aislada.

Lejos de tratarse de un "acto irracional", como fue descrito por algunos, los atentados del 11 de septiembre no constituyeron sino la dramática y notable culminación de una estrategia de largo plazo desarrollada por Osama bin Laden y sus seguidores. Una pregunta recurrente en los Esta dos Unidos con posterioridad al 11 de septiembre ha sido "¿Por qué nos odian tanto?". Y aunque responderla no es irrelevante, la interrogante tiende a distraer del propósito último del operativo.

Desde comienzos de los 90, Al Qaeda ha llevado a cabo una larga serie de atentados contra...

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