¿Sobrevivirá Europa en la globalización?

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Uno de los grandes retos que enfrenta Europa ante la globalización es cómo preservar sus "preferencias colectivas", esto es, opciones sociales que ha defendido hasta ahora, tales como el equilibrio entre Estado y mercado, entre protección social y competencia económica, entre los intereses del mundo del trabajo y los del capital. El artículo procura definir las fortalezas y las debilidades de Europa ante la mundialización y la adhesión que prestan los ciudadanos europeos al proyecto europeo. Se refiere a las crecientes presiones de que es objeto este modelo son la llegada de China como fuerte competidor en todos los sectores y concluye que una de sus grandes debilidades radica en que, si bien la soberanía compartida acarrea beneficios colectivos, su legitimidad política siempre será inferior a la legitimidad nacional Tras examinar si el modelo de soberanía compartida podría generalizarse, el artículo alude a que frente a la esperanza de multilateralidad a que dio lugar el término de la Guerra surgieron desafíos como el medio ambiente, en que la soberanía tradicional de los Estados dejaba de desempeñar un papel operativo. La impresión es que para Europa, las preferencias colectivas no son un lujo sino una necesidad y que no hay que perder la esperanza de que surja un actor político europeo fuerte y coherente capaz de superar los peligros que acechan al proyecto europeo.

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Como todos los grandes conglomerados nacionales o regionales, Europa confronta el reto de la globalización y, como todos los demás conglomerados, debe tratar de alcanzar dos objetivos fundamentales: aumentar su masa crítica para poder influir en lo que acontece en el mundo frente a los Estados Unidos, a China y en el futuro, a la India y luego, preservar sus "preferencias colectivas", es decir, las opciones sociales colectivas que ha logrado defender hasta ahora: el equilibrio entre Estado y mercado, entre protección social y competencia económica, entre los intereses de los asalariados --el mundo del trabajo-- y los del capital. A esta necesidad de preservar un modelo social original pero actualmente defensivo se suma la necesidad de esta misma Europa de existir políticamente. Así pues, los problemas que enfrenta Europa son bastante sencillos pero, como siempre, los objetivos más simples son siempre los más difíciles de alcanzar.

En consecuencia, en este artículo trataremos de definir las fortalezas y las debilidades de Europa ante la mundialización, antes de evaluar su capacidad de influir en ella y no tan solo de tolerarla. Este segundo punto es por demás fundamental puesto que condiciona la adhesión de los ciudadanos europeos al proyecto europeo. En efecto, la única interrogante que se plantea en Europa al ciudadano es la siguiente: ¿nos permite la construcción política de Europa rechazar todo lo negativo de la mundialización o, por el contrario, es ella una especie de máquina infernal destinada a someter a los europeos a las presiones que ella impone? Ahora bien, desde el punto de vista de los estudios de opinión disponibles en Europa sobre la materia, la respuesta es clara: para la mayoría de los europeos la mundialización es una grave amenaza para su identidad, sus valores y sus estructuras sociales, sean cuales fueren los mecanismos de que Europa dispone para modificar esta situación.

FORTALEZAS Y DEBILIDADES DEL MODELO EUROPEO

La principal fuerza del modelo europeo radica en su originalidad histórica. Los europeos, que fueron los primeros en concebir la soberanía política moderna, son al mismo tiempo quienes han tratado no de eliminada sino de superarla. De lo anterior puede deducirse que es posible reflexionar sobre cómo ir más allá de la soberanía nacional en las sociedades en que ella ha llegado a su madurez, lo que de por sí limita el alcance del modelo europeo. Por cierto, difícilmente puede sugerirse a los Estados que descubren su soberanía que comiencen a superarla. Es, por lo demás, un problema con que Europa tropieza actualmente debido a la ampliación. Para los países de Europa central y oriental, que estuvieron privados de soberanía durante cincuenta años, Europa les brinda la oportunidad de recuperarla y no necesariamente de compartirla por mucho que, naturalmente, no podrán evitar hacerlo.

Los objetivos más simples son siempre los más difíciles de alcanzar.

Como quiera que sea, y contrariamente a lo que a menudo se sostiene --incluso en Europa-- el modelo político de Europa no se basa en la desaparición de la soberanía nacional en beneficio de un Superestado, sino en el principio de la soberanía compartida que consiste en que todas las renuncias a la soberanía aceptadas por los Estados naciones son recuperaras por estos en el marco europeo. Dos ejemplos permiten comprender esta diferencia fundamental entre soberanía compartida y renuncia a la soberanía.

A partir del Tratado de Roma, pero particularmente del Acta Única de fines de los años ochenta, desde el punto de vista de la competencia Europa constituye un solo y único mercado. Los Estados entregaron la reglamentación de la competencia a Bruselas. Por lo demás, junto con la política monetaria, es el único ámbito totalmente federalizado de la política europea. Sin embargo, la desaparición de las políticas nacionales en materia de regulación de la competencia no entraña una vulnerabilidad de los Estados europeos a las presiones de la competencia. Por el contrario, al delegar su política de competencia a Bruselas, los Estados europeos aumentan colectivamente su poder en el plano mundial: por ejemplo, Bruselas se opuso a la fusión de los dos gigantes estadounidenses General Electric y Honeywell. Si Europa no hubiese sido un espacio unificado, ambos gigantes habrían podido fusionarse y se habrían instalado en los países europeos que no hubieran rechazado esta fusión. En cambio, a partir del momento en que se uniformó la reglamentación del mercado, General Electric y Honeywell no pueden instalarse en ningún país europeo porque ajuicio de Bruselas esta fusión no respeta las normas de la competencia ya que crea una posición dominante. Como consecuencia de ello, Europa puede vetar colectivamente las fusiones europeas. La federalización de la política europea en materia de competencia fortalece al fin la soberanía económica de Europa. Lo que vale respecto de la competencia vale también para el comercio internacional, aunque desde el punto de vista técnico la política comercial de la Unión Europea no está totalmente federalizada, puesto que para poder negociar el Comisionado...

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