Época de las Dinastías Julio-Claudia hasta los Antoninos

Autor:Rosalía Rodríguez López
Páginas:133-194
RESUMEN

1. El modelo Pompeyano. 2. Referencias literarias. 3. El huerto en el tratado de agronomía de columela. 4. El huerto en la Historia Natural de Plinio. 5. El huerto en su vertiente jurídica.

 
ÍNDICE
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La especialización de la agricultura itálica restringe los intercambios de productos de primera necesidad a los mercados locales, dado que el gran mercado de Roma encuentra su fuente de aprovisionamiento de cereales fuera de Italia. Además, el fundo itálico se destina prioritariamente a los cultivos más rentables, ayudado por una política pública protectora302. Por tanto, esta producción a gran escala supone la consiguiente especialización y dependencia alimentaria entre las diversas provincias, y lleva a la unificación de los mercados; aunque implica consecuencias desastrosas, tales como que el no abaratamiento de los precios, libertad total en los intercambios, y supresión de los derechos arancelarios y obstáculos no arancelarios303. Y todo ello pese a arbitrarse un sistema de intervenciones públicas en los precios. Tampoco se estabilizan los mercados, ni se difunden los conocimientos y el progreso técnico, ni se emplean óptimamente los factores de producción, ni siquiera se puede garantizar la seguridad en los abastecimientos. En esencia, provincias que hasta entonces habían sido sólo clientes e importadores devienen a su vez productores, creando una inversión de los papeles. En este proceso reside, según Rostovtzeff, el origen de la crisis de la agricultura itáli-Page 134ca desde el s. I dc., particularmente en la mediana propiedad, donde se concentra el grueso de la producción de vino y de aceite destinado a la exportación. La suerte de estos terrenos es para los pocos ricos propietarios que se contentan con asegurarse una renta de alquileres baja304.

Ya se ha comentado que los antiguos, y más recientemente Virgilio, pensaban que ante todo era necesario cuidar una medida justa en la extensión de una tierra, estimando que más vale sembrar en menor cantidad y trabajar mejor. De aquellas críticas vertidas siglos atrás sobre los efectos perjudiciales de la gran propiedad, no sólo hay una toma de consciencia, pues sus consecuencias son palpables. Ya ha destruido la agricultura italiana305 y ahora se proyecta hacia las provincias (seis propietarios llegan a poseer la mitad de África, razón por la que Nerón los manda asesinar306).

No obstante, se conservan pequeñas porciones para la policultura con el fin de producir alimentos destinados a la mano de obra servil y, en general, para satisfacer las necesidades del fundo307; de este modo, con la pequeña producción en policultura el dominus se protege de las fluctuaciones de los precios de los alimentos, así como ahorra su transporte308. En este contexto, los escritores del s. I dc.,Page 135 entre ellos Juvenal y Plinio, se refieren en sus obras, con cierta añoranza, a los antiguos usos a que eran destinados los huertos; como las distribuciones estales cubren sólo en parte las necesidades caloríficas y vitaminicas de la población, se recurre a alimentos estacionales, que facilmente se estropean, y, por tanto dificiles de almacenar y repartir por el poder público. Se deja, por tanto, a la iniciativa privada la función de suministrar estos bienes hortofrutícolas; aspecto éste de aquella economía sumergida, de la que bien poco hablan las fuentes309.

El escritor Aulo Cornelio Celso escribe dos obras, De re rustica (que no se ha conservado) y De medicina, donde relaciona los conceptos: alimentos-salud-medicina; de ahí que esta obra comience con el siguiente aserto: "Ut alimenta sanis corporibus agricultura, sic sanitatem aegris medicina promittit..."310. Y promueve un consumo moderado respecto a los alimentos más pesados, y de total libertad respecto de aquellos que son más ligeros311. Por tanto, en otra línea de defensa, aboca a las mismas recomendaciones alimenticias que establecían y seguirán estableciendo las leyes suntuarias.

Así pues, la realidad económica impone la necesidad de revalorizar en los ambientes culturales la función alimenticia del antiguo huerto. La distancia respectiva de las variadas áreas de la península itálica del gran centro de consumo, junto con el diferente peso y volumen de los diversos productos y su grado de conservación, puede contribuir a determinar la orientación productiva prevalente de zonas singulares: así, la horticultura y la cría de pequeños animales, peces y animales salvajes -reservados a satisfacer los gustos de la clientela romana más rica- se condensa en las zonas más próximas a Roma312. Pero, en general en las fuentes, como ya se ha apuntado Page 136anteriormente, sólo el contexto de la frase nos permita saber el significado del termino hortus313; incluso muchos autores, con gran sentido lógico, consideran que ambas modalidades de horti conviven en una misma finca, por lo que es absurdo, por ejemplo, separar la producción y consumo de vino, de sus destinos agrícola y de lujo314. En consecuencia, numéricamente los espacios verdes más numerosos son los viridari, aunque por extensión prevalece el 'verde público' y aquel productivo. Pero hay que tener presente que en dichos jardines se cultivan especies -a modo de farmacia casera-, que nosotros calificaríamos de ornamentales. El s. I dc. es, según diversos autores y como indican todas las fuentes, el momento culminante de expansión del cinturón hortofruticola en torno a Roma; en formación aún en época tardorepublicana, y en expansión durante el s. II dc.315. En cambio, la teorización y la preceptistica sobre el huerto se desarrollan más tarde316. A la vista de quien llega del campo a la urbs en el s. I dc. se encuentra una amplitud de 'verde', casi correspondiente por superficie a la extensión urbana verdadera y propia; los grandes jardines de propiedad imperial se alternan con los parques y jardines pertenecientes a los privados más o menos ricos, y con los hortuli de extensión y cualidad más modesta. La posición de los horti, además de las exigencias de orden práctico, está ligada también a funciones más estrictamente estratégicas: constituyen, de hecho, un tipo de cinturón defensiva para la población, y son puntos importantísimos para el control y la manutención de los acueductos que alimentan la ciudad: se comprende así la enorme importancia que poseen para los emperadores y para las familias prestigiosas317.

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En esta reproducción de una sección del mapa de la Roma imperial se percibe claramente la disposición espacial de algunos de los grandes jardines (horti) y de los pequeños huertos sitos en la collis hortulorum318. En ellos fue enterrado Nerón, según relata Suetonio319.

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1. El modelo Pompeyano

Pompeya había tenido una larga vida antes de sentir el impacto de Roma. En el s. VI ac. brevemente había caido dentro de la órbita etrusca, y cuando el poder etrusco se extendió a Campania, su influencia no fue ni profunda ni duradera. Su temprana construcción está conectada con las culturas samnitas y griega. La invasión samnita, a finales del s. V ac., o principios del s. IV ac., aportó el elemento dominante en su población; las colonias griegas también imprimieron su carácter. Así, sus edificios tenían un componente nativo itálico y elementos griegos, y la romanización posterior a la guerra social no supuso cambios sustanciales320.

Según Jashemski, "the garden" (y con ello quiere expresar tanto los peristilos ajardinados como los parques, los pomares, viñedos y los huertos) en esta ciudad están intimamente ligados con varios aspectos de la vida de sus habitantes: Con su arquitectura (tanto la pública como la doméstica), pintura, escultura, expresión estética, horticultura, economía, religión, trabajo, recreación, y planeamiento urbano321. Cuando este arqueólogo comenzó a estudiar los huertos/ jardines de Pompeya pensó en los existentes en el interior de las casas, pero examinando la ciudad encontró una gran cantidad en campo abierto. Importantes y grandes áreas cultivadas dentro de la ciudad, particularmente en la parte sur, donde parcelas considerables no se dedican a la producción de alimentos; otras sirven para albergar un viñedo o un huerto con fines de mercado, o un jardín de flores para la venta. De hecho, el área plantada dentro de la ciudad es probablemente más grande en el momento de la erupción del Vesubio (79 dc.) que inmediantamente antes del terremoto (62 dc.). El gráfico que se expone seguidamente muestra el uso de la tierra en Pompeya. Las barras indican el total de tierra utilizada, y en ellas la zona sombreada representa la proporción de tierra dedicada a huertos y a otros cul-Page 139tivos: (1) alimentos, (2) viviendas, (3) entretenimiento, (4) templos, (5) industria y comercio, (6) gobierno, (7) calles y foros.

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Por su parte Ciarallo, destaca la impresionante visión que en este periodo histórico debe tener el visitante al ver desde el mar una sucesión de huertos cercados extendida al pie de la pequeña altura de la cual surge la ciudad de Pompeya; estos abastecen el mercado diario con verdura y hortaliza frescas, ya que la ausencia de sistemas refrigeración favorece su cercanía a la ciudad a la que llegan sin deteriorarse en el tránsito322. En las villas rústicas excavadas se observan restos de una cultura horticola y también de una producción de plantas coronarias para exigencias estéticas323. En los huertos de la ciudad se cultivan frutos para ser consumidos frescos o secos, y frutos delicados o raros, que se consumen por piezas -no al peso-, a precios elevados; y esPage 140 que los horti pompeyanos son célebres por sus productos: coles, cebollas, acelgas, habas, garbanzos, ..., y por la venta a altos precios de mercancias como el melon, que se cultiva en Africa, y que se aprecia por sus propiedades diuréticas-324. Los animales de corral, las verduras, los huevos, las legumbres y la fruta constituyen los alimentos más habituales325...

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