Época Republicana (s. I ac.)

Autor:Rosalía Rodríguez López
Páginas:83-112
RESUMEN

1. Referencias literarias. 2. El huerto en el Tratado de Agronomía de Varrón. A) El huerto suburbano. B) El huerto sito en la villa. 3. Sentimiento religioso y nostalgia de un mundo idílico. 4. Consideraciones jurídicas.

 
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De lo expuesto hasta el momento se puede observar la contínua actualidad del huerto, que, como espacio agrario con entidad propia, se va adaptando a todo tipo de cambios que se suceden en la sociedad romana. Primero adjunto a la domus y como despensa de la familia. Más tarde, las funciones del huerto tradicional en la ciudad pasan paulatinamente al predio suburbano165, en el que se alza una pequeña construcción para los aperos del fundo. Así, nuevamente el huerto es sensible a las necesidades de los tiempos convulsos de finales de la República, abasteciendo a la ciudad de productos perecederos -que se consumen frescos-, puesto que el mercado no queda demasiado distante. Posteriormente, con un doble destino, agrícola y de recreo, se percibe ya en él el antecedente de los jardines privados. No obstante, todos estos cambios se producen en un contexto agrario propicio, en el que los suministros annonarios están garantizados; pues la escasez de trigo no aparece como un hecho característico o permanente de la agricultura romana, sino tan sólo en periodos de carestía166. En palabras de Champlin, después de la cultura, el segundo pasatiempo de la élite romana es la horticultura, la cual puede asumir una significación amplia167.

De este modo, con este sustrato urbano y agrario se entiende que sea en época de Sila, después de las guerras contra Mitridates, porPage 84 influencia oriental, cuando comience a propagarse el gusto por los parques y jardines168. Y la palabra hortus se tornará equivoca, utilizada tanto en su sentido tradicional como para designar el espacio urbano destinado a plantas ornamentales. Las referencias más antiguas sobre 'los huertos de placer' en Roma vienen dadas por los filohelénicos P. Cornelio Escipión Emiliano Africano 'el menor' y Decimo Junio Bruto Augur a finales del siglo II ac.. En un contexto urbano, Luculo y Pompeyo el Grande fueron los primeros instigadores de la horticultura y de los jardines impresionantes, y construyeron para sí mismos grandes parques, que fueron modelados conforme al paradeisoi oriental y a los jardines públicos helénicos. En este sentido helenizante, dentro de los jardines romanos son de influencia persa los estrechos canales de agua o los riachuelos adornados, así como son de diseño egipcio los conocimientos hidráulicos aplicados a jardines169; y los jardineros profesionales de paisajes son desde sus inicios probablemente griegos. En Cicerón se encuentra por primera vez el uso de un término griego latinizado para identificar al jardinero (topiarius) y a la jardinería (ars topiaria)170. En muchas ocasiones, para enfatizar su tamaño, los parques y amplios espacios ajardinados aparecen en las fuentes en plural, como horti, y son calificados a continuación con el nombre de su propietario, pues la singularidad de tales dominios urbanos individualiza a sus dueños de entre la colectividad; así, los espectaculares huertos de Mecenas, los horti Luculliani (163 ac.) o los horti Sallustiani (40 ac.), entre otros muchos, minuciosamente analizados en la referida obra de Grimal171.

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No obstante, los jardines también se denominan viridia en las fuentes 172. Según Wallace-Hadrill, no se dispone de una lista completa de propietarios de horti en la tarda república; y de aquellos de los que si se conserva el nombre de sus propietarios no se puede distinguir si es una elaboración palaciega o se destinan a la horticultura. Y es que tanto en los jardines griegos como en los orientales, fecundidad y placer eran aspectos indispensablemente complementarios. Pero los romanos no mimetizan simplemente el modelo griego, sino que lo adaptan a las exigencias de su propia sociedad e ideología; ideología en la que se conservan las positivas connotaciones morales de la horticultura y de la agricultura173. Fernández Vega escribe que, poco importa ya que el hortus fuera un huerto funcional en el que cultivar algunas verduras o legumbres, un espacio anexo de producción destinado a abastecer la despensa de la casa. La época de protourbanización, en la que el apremio por lograr espacio edificable y la especulación aún no imperaban con tanta intensidad, ha llegado a su fin; y no se mantienen rasgos que delaten un pasado rural cada vez más lejano. Junto a los horti, el hortus pervive para contextos rurales. El modo de vida ha cambiado y la urbanización modifica los usos del suelo, sin que aquel espacio se erradique por completo. Tan sólo experimenta una mutación174. Los mismos excesos que el lujo desmedido han propiciado en otros ámbitos de la casa se reproducen en los jardines; así, a menor escala, las casas urbanas de posición acomodada mantienen persistentemente la tendencia a dotarse de un jardín, aunque sea reducido, incluso las más modestas. En el si-Page 86guiente grabado se expone un hortus conclusus, con su vegetación y sus pájaros175; expresión esta 'de huerto o jardín cerrado' que siglos más tarde abundará en la literatura eclesiástica.

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Otra acepción más que se atribuye a los horti en esta época los identifica con suntuosas villas de recreo de vegetación abundante, ya en la ciudad o en el campo. Se forma así junto al Tiber, apartado del trazado caótico y hacinado de la ciudad, un barrio cuya alta densidad de villas urbanas privadas le confiere un valor habitacional especial176. Pero esta ostentación se hace particularmente visible en las villas emplazadas en las afueras de las ciudades, incluso en las mismas ciudades, donde amplias superficies conforman entornos vegetales acondicionados a las veleidades de un ocio disfrutado en comunión con una naturaleza sofisticada. Y así, la aristocracia romana, comprometida con sus tradiciones republicanas sólo construirá sus palacios en el centro de la ciudad. Los horti, como las villas, proveerán de un pretexto moral cómodo para sus propietarios; ellos, como expresa Laurence, viven como dioses -no en un palacio- sino en arboledas sagradas, con cuevas artificiales, ninfas, fuentes, césped, grupos de árboles, ..., lejos del foro, pero no demasiado lejos. Estas villas,pues, son auténticos monumentos urbanos.

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En consecuencia, este simbiótico desarrollo de las zonas verdes (jardines, palacios, huertos y suburbanos) favorece la baja densidad urbanistica, y lleva a Laurence a reconsiderar la tradicional imagen de la Roma antigua como una metropolis poblacionalmente saturada177.

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Ahora bien, a nivel de la macro agricultura, los cambios no son tan impactantes como los que se suceden en el ámbito urbano. De hecho, no se produce una transformación radical en la concepción de la propiedad agraria, dada la persistencia ejemplar de ciertos valores tradicionales; valores que se pueden resumir en dos:

- La postulación de dimensiones proporcionadas para los predios.- En esta línea, Graco había presentado una ley para que nadie poseyera en Italia más de doscientas yugadas, puesto que comprendía que era contrario a la tradición -maiorem- poseer mayor superficie que la que pueda ser cultivada por un mismo propietario178. También cuenta Plutarco que Mario, desencantado por la codicia de los veteranos, para quienes es insuficientes catorce yugadas de tierra, afirma que ningún romano debía tener por poca la tierra que basta para mantenerlo179.

- La demostrada conveniencia de la dispersión territorial del dominio.- Así, Cn. Pompeyo manifiesta su grandeza de ánimo no comprando jamás el campo de un vecino180. Sin embargo, la gran propiedad (sobre 500 yugadas), esto es, latifundia, se incrementa considerablemente desde finales de la República, mostrando amplia variedad en el tipo: Con ganado trashumante a gran escala y extensas villas mixtas. Además, muchas de estas extensas propiedades se forman por la adquisición de posesiones en diferentes regiones181. Las grandes haciendas se forman sólo en regiones particularmente ricas o especialmente aptas para los pastos de ganado, como en Apulia, Lucania, Calabria. De hecho, es probablemente Varrón el primero que usa el término latifundium, posteriormente tan difundido. Pero sería falso imaginarse la Italia meridional como un páramo de pastores y de latifundios reservados a la cría de animales. La propiedad de Axio, amigo de Varrón en el fértil distrito de

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Reate, dispone de 200 yugadas de latifundio, así como la finca de otro amigo, L. Abuccio; también, la villa Sabina de Horacio posee entre 100 y 200 yugadas, mientras que de veinte villas conocidas del área de Pompeya: nueve pueden ser clasificadas como pequeña propiedad (entre 50 -80 yugadas), nueve de tamaño medio, y dos como latifundio. Sin embargo, normalmente los bienes de un gran propietario de tierras, como Cicerón, no comprenden ningún latifundio, sino que su patrimonio fundiario consiste en un buen número de parcelas de media y pequeña dimensión; y aunque Varrón dedica su tratado a los grandes propietarios de tierras, la forma más típica de detentación agrícola es la de mediana extensión182. Varrón aborda, de manera incidental, los problemas conexos a su disfrute, pero no lo menciona como causa de decadencia y de despoblación; al contrario nos trasmite su impresión de notable progreso y de prosperidad de la agricultura, lo que demuestra en la práctica la escasa expansión del latifundio en el s. I ac..

Además, en la conformación de la propiedad intervienen diversas variables que afectan el valor/precio de la tierra, tal y como constatan las fuentes antiguas, y que pueden sintetizarse en las siguientes: Calidad del suelo, uso a que se destina la tierra, ubicación del terreno, cultivo, volumen de población, edificios, cargas, fructus/reditus, cantidad de dinero que circula en el mercado, inseguridad y relación...

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