Empleabilidad y productividad entre trabajadores mayores: un marco de política y evidencia en latinoamérica

AutorEdmundo Murrugarra
CargoEconomista Senior del Departamento de Desarrollo Humano en la región de Latinoamérica y el Caribe
Páginas59-110
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EMPLEABILIDAD Y PRODUCTIVIDAD ENTRE TRABAJADORES MAYORES:
UN MARCO DE POLÍTICA Y EVIDENCIA EN LATINOAMÉRICA
proporcionen seguridad de ingresos, cuidados de la salud adecuados y otros beneficios que se
adapten a las necesidades cambiantes de la población que envejece. El mensaje dominante que
emerge de los diferentes estudios regionales y nacionales sobre el envejecimiento es que los
países deberán adoptar políticas adecuadas para mantener o aumentar el rendimiento y así poder
financiar estar necesidades emergentes. Los trabajos anteriores sobre el área en LAC han
identificado varios asuntos de política para atender las implicaciones de los patrones de
envejecimiento en la región: crear capacidad para atender enfermedades no transmisibles (ENT)
en el sector salud, aumentar las edades de retiro y reducir los incentivos para el retiro temprano
en los sistemas de pensión, así como aumentar la participación de las mujeres en los mercados
laborales e impulsar la productividad por medio del apoyo a la educación, entre otras políticas
sociales (Cotlear 2011). Aun cuando el énfasis se hace sobre las necesidades de la población de
edad avanzada, poco se ha dicho sobre el papel que los adultos mayores pueden tener en la
atención de sus propias necesidades financieras (aparte del retiro tardío). Los países en desarrollo
son diferentes de los industriales, dada la amplia proporción de empleo entre los adultos mayores
que hay en ellos.
Las políticas que tienen como objetivo aumentar la participación de los trabajadores mayores
se enfocan sobre tres amplias áreas: (i) extender la vida productiva (por medio del aumento de la
edad de retiro); (ii) incrementar el volumen de la fuerza laboral (principalmente, aumentado la
participación de las mujeres); y (iii) aumentar la productividad de la fuerza laboral (interviniendo en
el desarrollo de habilidades, especialmente en la educación básica y entre los jóvenes). Se dice
relativamente poco sobre aumentar la participación productiva en el mercado laboral de aquellos
que se encuentran en transición hacia la vejez. La discusión sobre políticas en la Unión Europea,
en donde el envejecimiento es un problema presente, llevó al establecimiento del objetivo de tasas
de empleo del 50 por ciento para aquellos entre los 50 y los 64 años de edad con el objetivo de
aumentar su participación. En ese contexto, la mayor parte de la discusión se ha enfocado sobre
los sistemas de pensión y los cambios en la elegibilidad para la misma (es decir, la edad de retiro)
o los beneficios de pensión (es decir, las tasas de reemplazo). En Latinoamérica y el Caribe, enfocarse
sobre los problemas del sistema de pensión es en parte relevante, pero insuficiente debido a que
sólo cerca del 40 por ciento de la población trabajadora en Latinoamérica se retira formalmente y
recibe una pensión, incluso después de una década de intensas reformas a los sistemas de pensión.
Aun así, muchos de aquellos individuos formalmente retirados continúan participando en los
mercados laborales en un proceso de retiro gradual: cerca del 54 por ciento de los ingresos de los
hombres de más de 60 años de edad provienen de fuentes laborales, comparado con sólo 32 por
ciento proveniente de pensiones. Este retiro gradual y borroso de la fuerza laboral genera otras
preguntas que exigen atención tanto analítica como política.
Este reporte tiene dos objetivos principales. Primero, proporcionar una perspectiva descriptiva
de los resultados del mercado laboral entre los 50 y los 70 años de edad. Conforme los individuos
trabajadores y no trabajadores avanzan hacia la tercera edad, se revisa la participación en el
mercado laboral, las horas de trabajo y la productividad que resulta de la interacción entre los
trabajadores y las compañías, en específico en el contexto de las políticas laborales. Este artículo
proporciona hechos claves estilizados que deben ser tomados en cuenta al diseñar las políticas
para mejorar la participación y la productividad entre los trabajadores de edad avanzada. Segundo,
proporciona un marco de políticas para promover la productividad entre los trabajadores de edad
avanzada al discutir las políticas de mercado laboral implementadas en otros países (principalmente
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pertenecientes a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)) y valorando
las opciones disponibles para el contexto de LAC.
1. Envejecimiento de la Población y Comportamiento del Mercado Laboral
La transición demográfica en LAC reflejó un aumento de 22 años en la esperanza de vida en la
segunda mitad del siglo pasado. El declive de la mortalidad infantil y la fertilidad—la tasa de
natalidad es ahora la mitad de lo que era a mediados del siglo XX—están cambiando la composición
demográfica (Cotlear 2011). Estos cambios demográficos significan que, entre 2050 y 2070, la
mayoría de los países latinoamericanos y del Caribe experimentarán los mayores tamaños de sus
poblaciones, que, por otro lado, estarán en envejecimiento cada vez más. Mientras que la proporción
de la población de 60 años de edad o más aumento de 6 a 9 por ciento entre 1950 y 2000, en los
próximos 50 años aumentarán a un 24 por ciento. Se espera que la transición demográfica que llevó
más de un siglo en los países desarrollados se lleve a cabo mucho más rápido en LAC. Según los
cálculos, mientras que en Francia la duplicación de la población de edad avanzada tomó 115 años,
en Brasil y Colombia podría tomar sólo 21 y 19 respectivamente.
La velocidad de la transición demográfica sugiere que los países necesitarán responder de
forma rápida para manejar las exigencias en aumento de la población en proceso de envejecimiento.
Algunos estudios han identificado algunas políticas sociales para mitigar los impactos económicos
del envejecimiento con referencias a acciones en el mercado laboral relativamente modestas. Los
estudios recientes sobre envejecimiento en Latinoamérica y en otras regiones han subrayado el
mensaje que, mientras que diferentes países muestran diferentes etapas y velocidades de
envejecimiento, la mayoría debería de estar preparando sus políticas e instituciones para atender
los impactos económicos de una población que envejece (Cotlear 2011; Banco Mundial 2006b;
Banco Mundial 2010). En su mayoría, estos estudios sugieren que el envejecimiento implica un
aumento en la proporción de la población de edad avanzada cuyo mantenimiento estará en las
manos de una proporción más pequeña de individuos trabajadores. Existen tres áreas en las que se
discute debería haber cambios clave en las políticas: pensiones, educación y salud. En cuanto a las
pensiones, el mensaje clave es que los países en envejecimiento necesitan extender la vida laboral
reformando los sistemas de pensión para aumentar la edad de retiro (o reducir la elegibilidad para
el retiro temprano) y reduciendo los incentivos para el retiro temprano por medio de cambios que
reduzcan las tasas de reemplazo (beneficios de pensión relacionados con ganancias laborales
anteriores).
No obstante, aumentar la vida laboral por medio de reformas pensionarias no es suficiente,
por lo que es necesario que los países incrementen el nivel y la productividad de la fuerza laboral,
incluyendo la de los trabajadores en edad avanzada. Enfocarse sobre la educación y la capacitación
parece ser la respuesta a los retos de productividad. Los retos en cuanto a educación y capacitación
difieren entre las diferentes regiones dependiendo del estado de los sistemas de educación y la
población estudiantil. En Europa y Asia Central, los retos de educación implican, primero, una
población estudiantil decreciente debido al declive de la fertilidad y a la emigración que, junto con
la herencia de una gran cantidad de instituciones educativas y fuerza magisterial, debería llevar a
ajustar los sistemas de educación para una población estudiantil más pequeña (objetivo de
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eficiencia). Las ganancias en cuanto a productividad pueden lograrse también por medio de
reformas a los sistemas educativos (y curriculares) para responder a las nuevas demandas del
mercado laboral, así como por medio del aumento en las tasas de inscripción a la educación
secundaria y superior (Banco Mundial 2006b). Estas recomendaciones en cuanto al sector educativo
también van de la mano con una recomendación para desarrollar incentivos para la capacitación
de trabajadores mayores debido a la gran fracción de la población de edad avanzada. En
Latinoamérica, el estudio realizado por Miller et al. (2010) muestra la transición demográfica y los
cambios en la población estudiantil en la proyección de los gastos en educación pública. La
reducción en gastos en educación que se proyecta está asociada a la reducción de los costos
fiscales de cerca de 1-2 puntos porcentuales sobre los siguientes 40 años y, lo que resulta
interesante, se argumenta que esos ahorros podrían ser usados para otras necesidades fiscales
emergentes tales como pensiones y atención médica, aunque también se menciona la reinversión
en la educación. Cotlear (2011) también menciona la necesidad de desarrollar programas de
aprendizaje de por vida para las personas entre los 50 y 60 años de edad, lo que expande la
audiencia actual de adultos en sus 30 años de edad. Las medidas que se proponen en cuanto a
capacitación aún son tentativas ya que se sabe muy poco acerca de la aceptación y el impacto
potenciales entre los trabajadores de edad avanzada.
El envejecimiento podría traer cambios en los perfiles de morbidez y mortandad, dado el
aumento en la esperanza de vida. Por lo tanto, los países experimentarían un aumento en la incidencia
de ENT como las cardiovasculares, incluyendo la hipertensión, la artritis y la diabetes, y los
sistemas de salud tendrían que responder de forma apropiada. Pero el estado deteriorado de la
salud puede tener un impacto sobre los resultados del mercado laboral, aunque se sabe poco
sobre esto. La mayoría de los estudios proporcionan evidencia sobre las implicaciones del
envejecimiento sobre el estado de salud de la población y sus necesidades emergentes de salud
pública, con un énfasis sobre el impacto en la productividad laboral. Mientras que el Banco
Mundial (2006b) discute la relación entre la edad y el salario, no examina la asociación implícita
entre la edad, el estado de salud y la productividad (salario). Medici (2011) discute la implicación
del sistema de salud y sus costos, y Cotlear y Tornarolli (2011) no examinan las relaciones entre los
resultados del mercado laboral y la salud. Sólo Soares (2010) discute cómo el deterioro del estado
de salud durante el envejecimiento se traduce en una reducción en la participación y los salarios
entre los brasileños, sugiriendo que las intervenciones para manejar las ENT—de manera que los
trabajadores puedan mantener un estilo de vida saludable y activo—podría tener un impacto
positivo sobre la productividad, pero no alcanza a estimar los costos de productividad (ingresos
laborales presupuestados).
Para poder responder mejor las preguntas sobre la participación laboral entre los adultos de
edad avanzada, en este reporte se examina, primero, evidencia selectiva sobre los resultados del
mercado laboral y factores clave asociados. Este artículo se basa en los análisis realizados por el
Banco Mundial (2006b y 2010), Cotlear (2011), y otros para describir los patrones existentes entre
los resultados del mercado laboral tales como la participación, el tipo de empleo, las horas trabajadas
y la productividad. En esta descripción empírica selectiva, otros factores individuales se toman en
cuenta para sugerir posibles asociaciones con otras intervenciones del sector tales como salud,
demografía doméstica y exigencias domésticas de tiempo. Como es de esperarse para los países de
LAC, en este análisis es posible que grandes proporciones de mercado laboral informal persistan
durante la vida laboral de los individuos. Perry et al. (2007) ya han mostrado que, mientras que la

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